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Edgelit

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Edgelit/Borde.de.luz

Adagio de Habanoni


Fotografías de Silvia Corbelle y Orlando Luis Pardo

mi habanemia

La Habana puede demostrar que es fiel a un estilo.

Sus fidelidades están en pie.

Zarandeada, estirada, desmembrada por piernas y brazos, muestra todavía ese ritmo.

Ritmo que entre la diversidad rodeante es el predominante azafrán hispánico.

Tiene un ritmo de crecimiento vivo, vivaz, de relumbre presto, de respiración de ciudad no surgida en una semana de planos y ecuaciones.

Tiene un destino y un ritmo.

Sus asimilaciones, sus exigencias de ciudad necesaria y fatal, todo ese conglomerado que se ha ido formando a través de las mil puertas, mantiene todavía ese ritmo.

Ritmo de pasos lentos, de estoica despreocupación ante las horas, de sueño con ritmo marino, de elegante aceptación trágica de su descomposición portuaria porque conoce su trágica perdurabilidad.

Ese ritmo -invariable lección desde las constelaciones pitagóricas-, nace de proporciones y medidas.

La Habana conserva todavía la medida humana.

El ser le recorre los contornos, le encuentra su centro, tiene sus zonas de infinitud y soledad donde le llega lo terrible.

Lezama

habanera tú

habanera tú
Luis Trapaga

El habanero se ha acostumbrado, desde hace muchos años, a ese juego donde silenciosamente se apuestan los años y se gana la pérdida de los mismos.

No importa, “la última semana del mes” representa un estilo, una forma en la que la gente se juega su destino y una manera secreta y perdurable de fabricar frustraciones y voluptuosidades.

Lezama

puertas

desmontar la maquinaria

Entrar, salir de la máquina, estar en la máquina: son los estados del deseo independientemente de toda interpretación.

La línea de fuga forma parte de la máquina (…) El problema no es ser libre sino encontrar una salida, o bien una entrada o un lado, una galería, una adyacencia.

Giles Deleuze / Felix Guattari

moi

podemos ofrecer el primer método para operar en nuestra circunstancia: el rasguño en la piedra. Pero en esa hendidura podrá deslizarse, tal vez, el soplo del Espíritu, ordenando el posible nacimiento de una nueva modulación. Después, otra vez el silencio.

José Lezama Lima (La cantidad hechizada)

Medusa

Medusa
Perseo y Medusa (by Luis Trapaga)

...

sintiendo cómo el agua lo rodea por todas partes,
más abajo, más abajo, y el mar picando en sus espaldas;
un pueblo permanece junto a su bestia en la hora de partir;
aullando en el mar, devorando frutas, sacrificando animales,
siempre más abajo, hasta saber el peso de su isla;
el peso de una isla en el amor de un pueblo.

la maldita...

la maldita...
enlace a "La isla en peso", de Virgilio Piñera

La incoherencia es una gran señora.

Si tú me comprendieras me descomprenderías tú.

Nada sostengo, nada me sostiene; nuestra gran tristeza es no tener tristezas.

Soy un tarro de leche cortada con un limón humorístico.

Virgilio Piñera

(carta a Lezama)

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Luis Trápaga

ay

Las locuras no hay que provocarlas, constituyen el clima propio, intransferible. ¿Acaso la continuidad de la locura sincera, no constituye la esencia misma del milagro? Provocar la locura, no es acaso quedarnos con su oportunidad o su inoportunidad.

Lezama

Luis Trápaga Dibujos

Luis Trápaga Dibujos
Dibujos de Luis Trápaga

Pingüino Elemental Cantando HareKrishna

Elementary penguin singing harekrishna
o
la eterna marcha de los pueblos victoriosos
luistrapaga paintings
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Libertad para Danilo

Dec 1, 2008

María Eugenia Esté: ¡Proceso, no producto!


 

 

 

                                                                  ¡Proceso, no producto!

María Eugenia Esté

 

 

Los ruidos del mundo, de las armas, de los conflictos, de las liberaciones

efímeras y trastornadoras, de las opresiones duraderas y duras atraviesan los

muros, me golpean el corazón. Trabajo en medio de estos olivos, de estas viñas,

en estas colinas, cerca del mar, cuando una nueva media noche penetra en el

siglo; su orden aplasta; su insolencia inspira respeto, terror y admiración a

los que están a mi alrededor y que, en mis silencios, me creen de los suyos. Me

aparto de la llamada de aquellos para los que tengo que testimoniar y, al mismo

tiempo, cedo a la invitación de una botella de vino, de una sonrisa amiga, de un

gesto de amor...

Edgar Morin. El Método. La naturaleza de la Naturaleza

Hay herramientas de pensamiento tan romas que no sirven casi para nada, otras de

filo tan aguzado que se vuelven peligrosas. Pero el hombre sabio hará uso de

ambas.

Gregory Bateson. Espíritu y naturaleza

Jamás tuvimos una relación inmediata con la naturaleza, sino mediatizada desde

el primer momento por aparatos y símbolos.

Régis Debray. Transmitir

Preliminar: la actividad del surfista, mantenerse in-between

La búsqueda del origen y la causa primera son síntomas de esa enfermedad crónica

que aún aqueja al pensamiento filosófico y a las ciencias sociales: la

hipóstasis, el viejo fetiche de la substancia, el rictus mortuorio de unos

conceptos que aparecen como surgidos de la actividad espontánea del espíritu,

carentes de aquí y ahora, ciegos ante sus propios contenidos dispares, como

callejones sin salida donde se petrifica la radical multiplicidad y

heterogeneidad de los procesos, donde parece detenerse el incesante fluir de la

materia en su ir y venir entre la pluralidad del desorden y la pluralidad del

orden, de las formas múltiples de la organización a la catástrofe y viceversa.

Cualquier análisis en términos de movimientos o vectores deviene sospechoso por

falta de fundamentación, y queda bloqueado por un pensamiento que hace causa

alrededor de la cuestión de los orígenes y las explicaciones últimas, separado

como está de la complejidad procesual que debería nutrirlo. Sin embargo, la

física contemporánea, la biología y la cosmología han recuperado para el

pensamiento en su conjunto no sólo la complejidad intrínseca de un universo

policéntrico y diverso, productor por sí mismo de desorden, orden, organización,

dispersión y diversidad, sino también la existencia de una physis reanimada, en

permanente movimiento, acción, transformación y devenir. La física y otras

ciencias confirman, de acuerdo con la experiencia de Ilya Prigogine, que vivimos

en un universo en expansión cuya evolución implica la producción de entropía,

como expresión de elementos creadores de desorden tanto como de dispersión y

desintegración, universo cuyo significado debe descifrarse en términos de

inestabilidad asociada con el caos determinista y la no integrabilidad (1). Es

claro que la naturaleza y el cosmos no pueden identificarse ya con la materia

inerte dispuesta con arreglo a un orden mecánico, de acuerdo con un esquema de

pensamiento lineal que va en secuencia jerárquica de lo particular a lo general.

Tampoco pueden asimilarse a sistemas cuya actividad se desplaza hacia la

inercia, la nivelación progresiva de las diferencias, el estado estacionario o

la muerte térmica, como supondría el segundo principio de la termodinámica

enunciado por Clausius. Ellos remiten más bien a una cascada de eventos, como

diría Edgar Morin, donde la materia adquiere consistencia a consecuencia de una

improbabilidad física y estadística (2) —mezcla de azar y necesidad— que deviene

coherencia y regularidad; nutrida también y de manera esencial, por el desorden

y la catástrofe, para formar sistemas complejos que deben considerarse en

interrelación con el entorno. Como Edgar Morin ha logrado resumir bien, se puede

decir que toda regresión de entropía (todo desarrollo organizacional), o todo

mantenimiento (por trabajo y transformaciones) de entropía estacionaria (es

decir, toda actividad organizacional), se paga en y con un incremento de

entropía en el entorno que engloba al sistema (3). No entraremos aquí a

considerar en detalle unos argumentos que escapan a nuestra competencia,

aquellos cuya ausencia el lector deberá compensar a través de las fuentes

bibliográficas de inagotable belleza que emanan de las investigaciones —no

siempre en completa sintonía— del mismo Ilya Prigogine, Murray Gell-Mann,

Gregory Bateson, Heinz von Foerster, Roger Penrose, Steven Weinberg (4). Nos

ceñiremos a agregar, sin embargo, que de acuerdo con estas perspectivas la

materia organizada en sistemas y microsistemas complejos constituye conjuntos

inestables, caracterizados por una altísima sensibilidad a las condiciones

iniciales de sus procesos constitutivos, de manera que las consecuencias y los

efectos de su actividad divergen exponencialmente en el tiempo, por lo cual el

sistema "olvida" la particularidad de su origen. Se produce por tanto una

diferencia irreductible entre el antes y el ahora de forma tal que el

conocimiento que tenemos del estado inicial del conjunto pierde su pertinencia,

haciéndose imposible determinar una trayectoria reversible (5). Lo que

transcurrió hace un instante, o hace un milenio, está idénticamente perdido, nos

dice Giorgio Colli en su magnífica lectura de Nietzsche, y en el fluir

degradante de lo acontecido nuevos estremecimientos intervienen, de manera que

las encrespaduras se entrelazan y se confunden (6). Así, las trayectorias que

definen el comportamiento de estos sistemas forman una multiplicidad indefinida

y no pueden diagramarse mediante un punto o una línea, tal y como ocurre en una

relación de identidad causa-efecto. El diagrama que describe la actividad de un

sistema complejo se representa mediante una dimensión fractal constituida por un

campo, una región, una porción del espacio que se pliega y repliega

indefinidamente. Cada una de las trayectorias contenidas en este campo conoce un

destino diferente y en consecuencia sus evoluciones son siempre divergentes; y

en la medida que nos alejamos en el espacio-tiempo, nuevos efectos e

interacciones se asientan y decantan sobre los viejos, no sólo modificando sus

recorridos sino también agregando otras espesas capas de datos y

acontecimientos, disolviendo y desintegrando antiguas formas y elementos, para

acrecentar la sombra de lo desconocido y de lo inconcebible. "Si nos adentramos

más atrás todavía, para descubrir la vida originaria de donde surgió la onda que

siempre nos envuelve, naufragamos en la oscuridad de lo irrepresentable; no nos

favorece haber abandonado el sobresalto evanescente de lo que vive ahora. Si en

cambio damos la espalda al pasado, y seccionamos lo que tenemos para aferrar la

vida mientras fluye en nosotros, entonces cada faz, forma, corporeidad, color,

figura de la vida que nos rodea parece descomponerse por doquier en fragmentos

de pasado" (7).

En este contexto, el aspecto fundamental no es ya la cuestión del origen, el

punto de inicio o el fin (8). La búsqueda del punto de partida comporta una

contradicción insuperable en sus términos ya que compromete nuestras propias

estructuras mentales y el esquema de modelización en uso cualquiera que este

sea; por cuanto remite siempre, en una cadena sin fin, al esquema de

metamodelización que le da sustento. No se trata de eludir el problema del

origen para entronizar un universo increado y autosuficiente, sino de encarar la

aporía constitutiva a toda problemática de la génesis e incorporar la

perspectiva fundamental del devenir y la evolución que convierte el

espacio-tiempo del origen en un campo problemático siempre móvil, siempre

complejo y diverso. En este sentido, como Gilles Deleuze afirma, la pregunta es

más bien, ¿qué ocurre en el medio?, atendiendo a la trayectoria misma, al

conjunto de procesos que están describiendo un determinado campo, a los procesos

mediadores que producen y exhiben una multiplicidad de efectos. Así, en el marco

de los deportes y los hábitos populares, afirma Deleuze, los movimientos

experimentan transformaciones y ponen de manifiesto este giro de perspectiva

cuyas consecuencias hemos estado indicando. Correr, lanzar jabalina y otros

deportes por el estilo suponen un necesario punto de inicio que sustenta el

esfuerzo o la resistencia, en otras palabras, una palanca. Por el contrario, las

nuevas actividades deportivas como el surfing, windsurfing o vuelo en ícaro se

constituyen como problema de ingreso a una onda ya existente, de manera que la

cuestión básica, antes que definir el origen del esfuerzo, es abordar el

movimiento de una gran ola o una columna de aire que se eleva, para estar "en el

medio". Y en efecto, el surfista o corredor de olas, el navegante de veleros, el

piloto de ícaros, debe remontar un poderoso y complicado sistema constituido por

una multiplicidad de fuerzas y flujos de distinta naturaleza, que llevan su

propio sentido de dirección en un medio que tiene y desarrolla sus propias

orientaciones y trayectorias. El propósito ideal del surfista es llegar a la

orilla de la playa sobre la superficie de la ola, un propósito que el corredor

de olas no debe perder de vista al hacer sus ajustes a través de la relación con

el sistema. Es decir, que la finalidad ideal deberá permanecer en el horizonte

del deportista mientras una interrelación procesual construye los sentidos

múltiples de la actividad. Como Deleuze afirma, el problema realmente es

mantenerse o estar en el medio del sistema, atender al proceso sin tomarlo por

una finalidad o fin en sí mismo, ni confundirlo con su propia continuación hasta

el infinito. De esta forma, el proceso debe tender a su cumplimiento,

manteniéndose en el horizonte de realización de la actividad y el acontecimiento

para evitar su sustancialización o hipóstasis. Somos de esta manera advertidos

respecto a la dificultad que entraban las mediaciones procesuales. El concepto

mismo de proceso corre el peligro de desaparecer y perderse en el espacio

congelado de las sustancias, y estamos siempre tentados a buscar la tierra

prometida del origen originario o habitar el mercado de los objetos y las cosas

sin atender a la red de sus movimientos constitutivos.

Surfing es también, por otra parte, el término utilizado para denominar la

exploración en Internet, especialmente en la red informativa llamada World Wide

Web. Estas redes informáticas conectan infinidad de documentos que incluyen

textos, gráficos, imágenes, sonidos y videos a los que el usuario o surfista

puede acceder de manera ociosa sin objetivo o fin específico, a través de links

o conexiones automáticas que existen a lo largo —¿o ancho?— del sistema global,

constituyendo los sentidos y las orientaciones propias del medio tal como las

olas o las columnas de aire poseen sus propias direcciones y orientaciones. Una

perspectiva procesual atiende, pues, al conjunto de movimientos y vectores que

constituyen sistemas y microsistemas complejos, subrayando las funciones, la

producción de circunstancias, el pasar de las cosas que pasan, los

acontecimientos que responden a las preguntas ¿en qué caso?, ¿dónde?, ¿cuándo?,

¿cómo?, aprehendiendo el diagrama de instrucciones heurísticas que constituyen

las condiciones de producción de existencia y en fin, el conglomerado dispar de

aquello que hace posible "lo que es", para disolver toda referencia a una

sustancia fundante, un sub-jectum, una causalidad inicial.

En este sentido, un buen ejemplo de aproximación procesual lo encontramos en las

Variaciones sobre el Canon en re mayor de Johann Pachelbel, producidas por el

inglés Brian Eno en 1975, y en general, en su trabajo como músico y productor

junto a Bryan Ferry, David Bowie, Laurie Anderson, Robert Fripp, y otros;

actividad que el mismo artista define de la siguiente manera: "por años, he

estado usando reglas para escribir música, pero sin computadoras. Por ejemplo,

yo he usado sistemas de cintas magnetofónicas con múltiples secuencias repetidas

[loops] que pueden reconfigurarse de varias maneras, mientras todo lo que hago

es proporcionar los elementos o sonidos musicales originales, el sistema da

forma a nuevos patrones. Es una máquina de música caleidoscópica que se mantiene

elaborando nuevas variaciones y nuevos ruidos. [...] Mis reglas fueron diseñadas

para tratar de componer una clase de música que yo no pudiera predecir. Es

decir, yo quería construir ‘máquinas’ (en un sentido puramente conceptual —no

cosas físicas) que hicieran música por mí. La idea completa fue resumida en el

famoso dicho (que debo haber gritado miles de veces): ¡proceso, no producto! La

tarea de los artistas era ‘imitar la naturaleza en su modo de operación’ como

John Cage dijo —para pensar las maneras de tratar con sonidos que fueran guiados

por un instinto de los ’procesos’ bellos antes que por un gusto hacia la música

agradable" (9). Eno toma un fragmento del Canon de Pachelbel, como el mismo

afirma un material cargado culturalmente, que representa una perfecta adecuación

a la estructura del canon renacentista. Esta es una rigurosa forma polifónica de

composición musical en la que una voz o parte introduce una melodía, el tema o

sujeto, y luego de un determinado número de compases, una segunda voz repite o

responde la melodía principal nota por nota, ya sea en la misma altura, en una

inferior o una superior. Otras voces pueden hacerse parte en el proceso de

imitación o seguimiento, pero manteniendo mediante ligeras variaciones la

adecuación de la tonalidad de la composición para garantizar el conjunto

armónico. El canon se caracteriza por una imitación del contenido melódico

trazado por la línea principal o tema, y en el caso particular de la obra de

Pachelbel el tema es introducido por uno de los tres violines participantes, y

se desarrolla sobre un bajo continuo y un pedal ejecutados por el clavicémbalo y

el violoncelo. El juego imitativo y las distintas variaciones son interpretados

sucesivamente por los otros dos violines. En la variación de Eno titulada

Fullness of Wind, el artista utiliza como input del sistema tecnológico una

pequeña sección del Canon a modo de punto de partida, e introduce un conjunto

heurístico de instrucciones que constituyen un sistema de autorregulación y

autogeneración (10): la instrucción general es una orden de decrecimiento del

tempo que gobierna a cada ejecutante, determinada por la frecuencia del sonido

(la altura o modulación) de cada instrumento, de manera que mientras más agudo

es el sonido más rápido se lentifica y a medida que la frecuencia del sonido es

menor la rata de decrecimiento del tempo es también menor. Eno la refiere bajo

la fórmula bass=slow. El resultado es en realidad una analogía canónica, la

imitación no se desarrolla en relación con el contenido de las líneas melódicas,

sino en relación con el proceso de lentificación, en el acto de decrecimiento

del tempo de acuerdo con la instrucción referida. La variación de Eno constituye

efectivamente una persecución imitativa, pero referida a los procesos de

decrecimiento proporcional de cada instrumento, de manera que las notas van

alargándose, destruyéndose la identidad temática y en consecuencia la

posibilidad de distinguir al sujeto (11). El camino seguido por el compositor y

productor revela que cuando el fragmento de participación y acción del autor,

junto con la porción de pentagrama seleccionada para iniciar la secuencia, se

incorporan a los procesos maquínicos, ambas escapan a la voluntad e incluso al

entendimiento y la consciencia del actor. La acción se fuga y se incorpora a un

núcleo múltiple de complejidad objetiva, a un cuadro estratégico que no le

pertenece y no domina, y cuyo resultado, como el mismo Eno expresa, no es

predecible. La aproximación procesual disuelve la polaridad sujeto-objeto en un

complejo de relaciones y procesos, subrayando un campo visual totalmente

diferente que elude la sustancialización inscrita en esa polaridad, colocando el

acento en los eventos y acontecimientos, las funciones y las fuerzas, los

materiales y componentes de diversa naturaleza que producen y despliegan ámbitos

de singularización y autovaloración subjetivos germinalmente presentes,

virtuales y quizá inéditos.

Proceso es síntesis, proceso es producción

Hagamos nuestro un ejemplo que pertenecía a Deleuze y Guattari y que ya forma

parte del mercado libre de las ideas: la madera y la carpintería (12). Un

ebanista toma una pieza de madera para construir una mesa. No se trata de una

pieza escogida indiscriminadamente, el artesano evalúa la madera y selecciona el

pedazo adecuado sobre el cual producirá incisiones, cortes y definiciones, según

la veta, las ondulaciones y torsiones de sus fibras en un diálogo que supondrá

infinidad de acuerdos y desacuerdos, consensos y enfrentamientos. El ebanista

lee signos en la pieza, cualidades que manifiestan, más que propiedades lógicas

o percepciones sensibles, capacidades de ser afectado o sometido a la acción de

una fuerza y capacidades para afectar o liberar una fuerza; así, no sólo

encuentra color, textura, durabilidad, tamaño (13), sino la posibilidad inscrita

en la madera de ser cepillada, lijada, pulida, o su resistencia a la gravedad,

su combustibilidad, etc. A su vez, estos son indicadores de un potencial futuro

(transformarse en una mesa, ser el soporte físico de procesos nutricionales,

negociaciones, etc.) y de un síntoma del pasado (la evolución de una especie de

árboles, las condiciones naturales que gobernaron su crecimiento individual), es

decir, signos que constituyen almacenes de memoria, en los que se registran

procesos materiales impresos por el movimiento evolutivo de la materia en el

sentido de la flecha del tiempo; pero también procesos materiales relacionados

con la adquisición de habilidades por parte del ebanista: su condición de

artesano mas no de trabajador asalariado, en el sentido definido por Karl Marx,

que remiten a una separación determinada histórica y socialmente entre

producción y apropiación, entre el artesano y los medios materiales de

producción (14). Este desarrolla las cualidades envueltas en los signos, los

interpreta mediante la creación, no de un simple objeto físico, sino de un valor

de uso, un objeto cultural que deviene signo de otras tantas cualidades,

capacidades y procesos. La misma actividad del artesano, su presencia como tal,

involucra la interrelación infinita de procesos naturales e históricos,

individuales e institucionales, que van desde el entrenamiento que recibe, en

tanto que conocimiento formalizado de la artesanía institucionalizada, acumulada

durante siglos por incontables pueblos; la invención y evolución de un conjunto

de herramientas que se inscriben en un determinado filum maquínico, en una serie

de variaciones que define una familia tecnológica —primera generación, segunda

generación, así sucesivamente; hasta las necesidades culturales y las costumbres

sociales que determinan los productos de su actividad. El encuentro de fuerzas

se produce: las que forman al artesano como objeto natural con su propia

filogénesis y como cuerpo social entrenado y domesticado para ciertas

habilidades; las que regulan el ejercicio de su actividad y definen el objetivo

de su acción; aquellas que determinan la familia tecnológica en uso; las que

producen la madera, a un tiempo materia bruta proveniente de un árbol, y

producto de procesos de trabajo y apropiación que la convierten en mercancía;

aquellas que llevan al encuentro particular de esa pieza de madera con ese

ebanista. Las fuerzas que conducen el uno al otro son una trama de procesos

naturales y culturales que pueden analizarse de manera rigurosa pero nunca

exhaustivamente, en la medida que se van desplegando y relacionando a través de

un largo e infinito mecanismo de producción y selección, respecto al cual no

existe el punto de vista de un observador exterior, una entidad psicológica, una

intencionalidad subjetiva, una conciencia capaz de aprehenderlo en su totalidad

(15).

Un proceso implica, pues, estrategias relacionales que ponen en juego una red de

fuerzas interconectadas, de manera que el sentido de una cosa se define con

arreglo a una jerarquía de fuerzas, de acuerdo con el valor que le otorgan

aquellas en las cuales está inmersa. Su esencia dependerá de las fuerzas capaces

de asirla y dominarla, en interacción permanente con las orientaciones y los

caminos que se van dejando de lado, es decir, con las fuerzas que pudieron

haberla aprehendido y no lo hicieron. Se describe así, más que una unidad, en el

sentido de una totalidad clausurada en un nudo lógico, un claro, una región que

envuelve el encuentro de líneas de fuerza. Ni cosa ni fenómeno, ni esencia

formal capturada en la idea, ni cosa formada que sólo guarda relación con lo

sensible. "No hay ningún objeto (fenómeno) — sostiene Deleuze siguiendo a

Nietzsche — que no esté ya poseído, porque en sí mismo es, no una apariencia,

sino la aparición de una fuerza. Cualquier fuerza se halla pues en una relación

esencial con otra fuerza. El ser de la fuerza es el plural." (16). El espacio

relacional donde se debaten fuerzas diversas, posee una corporeidad —una

materialidad procesual diríamos— que no se confunde ni con la esencialidad

formal inteligible, ni con la coseidad sensible, formada y percibida. La esencia

se halla más bien, entonces, en las interfaces donde se encuentran un orden o

una jerarquía de cualidades y un orden o una jerarquía de acontecimientos que se

expresan como funciones, en la región donde se reúnen la arbolidad, distintas

etapas de la madera, el carácter o la condición de mesa, con el ser persona, el

ser ebanista y la elaboración de una mesa. No se reduce por tanto a las

cualidades sensibles de la cosa ni a simples propiedades lógicas, sino al efecto

visible del proceso — in-between — que conduce de las cualidades en tanto que

afectos o afectaciones variables, a los cambios de estado que actúan como

acontecimientos y se organizan como funciones.

Pero, ¿quién es entonces el sujeto de los encuentros y las selecciones que

tienen lugar en el curso de estos eventos? ¿Quién es el agente de estos procesos

y transformaciones? ¿Quién el motor de todas estas fuerzas en relación? Ni

sujeto psicológico, ni actor social, ni dupla empírico-trascendental. En su

lugar, una multiplicidad inconsciente formada por distintos tipos de elementos,

distribuidos sin jerarquía ni determinación recíproca alguna; máquinas humanas,

sociales y técnicas que son otros tantos conglomerados procesuales, agentes

colectivos constituidos por interacciones de diversa naturaleza: procesos

pre-personales, relaciones intersubjetivas y sociales, pero también procesos

transpersonales, y en fin, un complejo autogestionado de estrategias operando

tanto en la naturaleza como en el campo social. No existe en consecuencia una

entidad exterior a estos espacios o superficies que encarne intencionalidad

subjetiva alguna, sino un territorio que se constituye como una secreción que

emana al lado de los conjuntos procesuales, un residuo, un fragmento o pieza

adyacente que se forma a partir de complejos constreñimientos causales, cruces

de determinaciones y azar.

El residuo que decanta de la interrelación de procesos es un compuesto de

elementos heterogéneos (17), comparable a una roca sedimentaria multifoliada

respecto a la cual, fuerzas activas y pasivas —el viento, la gravedad, la

lluvia— ejercen su influencia para "seleccionar" los distintos granos y

materiales que, dispuestos en varias capas, tomarán parte en su composición. La

interacción de estas fuerzas funcionará básicamente como una máquina conectiva

de flujos y cortes (18), a causa de los cuales tendremos entonces una selección,

sedimentación y plegamiento de elementos, asociados en un compuesto singular

metaestable (19). Las acciones combinadas del viento, la gravedad, la humedad,

el calor y la lluvia, pero también la acción de insectos, el paso de animales y

personas, pueden constituir un conjunto de actos reiterados de erosión y flujo

que producen, primero, una sedimentación de partículas inestables a las que se

impondría un orden estadístico de uniones y sucesiones (20), y segundo, un

plegamiento que termina por formar una estructura funcional de estabilidad

limitada, el agregado geológico, la roca sedimentaria. Ahora bien, un patrón de

actos repetidos es un código, cuyas regularidades de base involucran la

diferencia entre causas y efectos, comprometiendo singularidades insustituibles

en perpetuo estado de transcodificación (21). Así, el paso de la sedimentación

al plegamiento supone la ordenación inestable de un flujo de componentes bajo la

acción del viento y el agua, la cual será reemplazada por un patrón geológico

nuevo, actuando sobre las partículas y sedimentos para constituir la roca como

conjunto individual. Habiendo llegado hasta aquí nos parece necesario aclarar

que en relación con el proceso de individuación vinculado a la noción de

metaestabilidad (22), se establecen diferencias entre el dominio físico y el de

los seres vivos, diferencias que acusan importantes atenuantes en la medida en

que los fenómenos de autoorganización de la materia, entre otros, se mueven a

caballo entre la física termodinámica y la biología procurando campos

problemáticos comunes. Remitirse a un ejemplo relacionado con la formación de

una roca tiene el propósito expreso de eludir la referencia a una selección

consciente, vinculada más bien a los procesos que tienen que ver con la materia

viva organizada, y resaltar así la idea de que las fuerzas interactuantes poseen

una lógica inmanente no dependiente de una entidad consciente o de una voluntad

previa y exterior a su acción. El hecho de que los físicos y químicos

contemporáneos hablen en general de sistemas complejos capaces de crear y leer

cadenas de información, y por tanto plausibles de autoorganización, reduce y

desplaza las tradicionales diferencias entre lo vivo y lo inerte o lo orgánico y

lo inorgánico, aunque, como afirma Prigogine, todavía debamos esperar el

desarrollo de una tecnología capaz de explotar el gran potencial de ideas y

reglas de los sistemas autoorganizadores en materia de procesos tecnológicos. No

obstante, como algunas investigaciones en tecnología robótica e inteligencia

artificial parecen sostener, puede existir un dispositivo consciente e

intencional sin que ello signifique que está vivo (23).

Cuando se revisan los procesos de individuación respecto al dominio físico,

Gilbert Simondon, por ejemplo, sostiene que ésta ocurre de manera instantánea,

abrupta y definitiva, quantumlike, abandonando en su despertar la dualidad entre

medio e individuo, aunque se produzca una frontera aparentemente rígida entre un

espacio interno y uno externo, como en el caso de los cristales; precisamente

porque la actividad de modulación tiene lugar periféricamente, en una región de

frontera, de manera que el individuo físico no posee una genuina interioridad

con un rol constitutivo. En tanto que en el ámbito de los seres vivos, esta

aproximación o punto de vista no puede validarse a menos que se les considere

como un origen absoluto, completo y eterno desde el principio, cerrado sobre sí

mismo. De lo contrario, el ser viviente está comprometido en una actividad

continua de individuación que supone un régimen completo de resonancia interna

en permanente comunicación y mantenimiento de la metaestabilidad. Más aún, el

ser vivo es resultado de una individuación inicial que se despliega como

amplificación de la individuación a partir del potencial de energía que reside

en un sistema determinado, es decir a partir de una realidad preindividual, y no

como un proceso que se cumple de una vez por todas y para siempre. El ser vivo

resuelve sus problemas no sólo por adaptación, es decir, modificando su relación

con el medio, sino modificándose a sí mismo también mediante la invención de

nuevas estructuras internas y la autoinserción interactiva en un orden de

realidad de dimensión superior.

Con base en esta perspectiva procesual, las analogías entre el dominio físico y

el de los seres vivos, como aquella que se puede establecer entre el principio

de exclusión en materia de física cuántica y la autorreferencia de la

individualidad viviente, sirven, no para identificar a esta última con lo

físico, sino para radicalizar el proceso de individuación en tanto que implica

un movimiento que atraviesa y produce varios estratos, digamos cósmico,

físico-químico, vital, psíquico, social. En ellos se manifiestan múltiples

intermediaciones y superposiciones que rompen sus continuidades interiores, y a

la vez separan y comunican las zonas progresivas de individuación de un estado

de metaestabilidad a otro. Veamos directamente el texto de Simondon como un

claro ejemplo de procesualidad que parte de un ambiente o sistema metaestable

para experimentar distintos grados de metaestabilidad. Entendiendo al individuo

desde la perspectiva del proceso de individuación antes que el proceso de

individuación a través del individuo, el autor intenta no sólo comunicar ámbitos

distintos —el dominio físico y el de los seres vivos— sino dos órdenes de

magnitud diferentes, la discontinuidad molecular metaestable y la continuidad

molar estructurada. "En conclusión, puedo adelantar la hipótesis —análoga a la

de los quanta en física y atendiendo además a la relatividad entre los niveles

de energía potencial— que es acertado asumir que el proceso de individuación no

agota todo lo que viene antes (lo preindividual), y que un régimen metaestable

no sólo es mantenido por el individuo, sino que es realmente soportado por él, a

tal extensión que el individuo finalmente constituido carga con una cierta

herencia asociada con su realidad preindividual, animada por todos los

potenciales que la caracterizan. La individuación, entonces, es un fenómeno

relativo, como una alteración en la estructura de un sistema físico. Hay un

cierto nivel de potencial que permanece, lo cual significa que individuaciones

adicionales son todavía posibles. La naturaleza preindividual, que continúa

asociada con el individuo, es una fuente de estados metaestables futuros a

partir de los cuales nuevas individuaciones podrían acontecer. De acuerdo con

esta hipótesis, sería posible considerar cada relación genuina bajo el estatus

de un ser, y en tanto que experiencia de un desarrollo en el interior de una

nueva individuación. Una relación no brota entre dos términos que son dos

individuos ya separados, más bien, es un aspecto de la resonancia interna del

sistema de individuación. Forma parte de un sistema más vasto. El ser vivo, que

es simultáneamente más y menos que una unidad, posee una problemática interna y

es capaz de ser un elemento en una problemática que tiene una mayor esfera de

acción. En tanto tiene que ver con el individuo, participación aquí significa

ser un elemento en un proceso más extenso de individuación por medio de la

herencia de la realidad preindividual que el individuo contiene –es decir,

debido a los potenciales que conserva" (24).

Ahora bien, venimos relatando la formación de dos modos de composición, uno

molecular y otro molar (25), los cuales se expresan ambos tanto en el dominio

físico como en el campo de los seres vivientes, dando lugar a dos órdenes de

magnitud diferentes. Si continuamos con el ejemplo de las areniscas y los

esquistos veremos que constituyen una masa molecular, que en la medida en que

sus conexiones devienen más y más rígidas tomando la forma de una roca se

estabilizan y homogeneizan, incrementándose así la consistencia de sus

diferentes regiones. La composición molecular implica compartimentos y segmentos

menos localizados y definidos, al punto de que resulta siempre difícil asir, en

este ámbito, los límites precisos de sus elementos componentes y las relaciones

que mantienen entre ellos. Se trata de conexiones locales entre partículas

discretas caracterizadas por una intensa movilidad, extraordinaria capacidad de

mutación y desplazamiento, y eso que Deleuze y Guattari definirían como una gran

comunicabilidad entre heterogéneos, de manera que su disposición excluye la

posibilidad de determinar de antemano un dominio de base (económico, jurídico,

político, artístico, físico, biológico) (26). Las formas moleculares se parecen

más a un cuerpo canceroso que a un organismo totalitario: "a cada instante, en

cada segundo, una célula deviene cancerosa, loca, prolifera y pierde su forma,

se apodera de todo..." (27). Sin embargo, y pese a la comparación con la célula

cancerosa, tenemos la impresión de estar representando un proceso continuo y

relativamente regular que va de la sedimentación al plegamiento, con algunos

momentos escasos de inestabilidad durante el período de composición molecular.

Como ya hemos visto, se trata de acontecimientos habitados por diferentes

escalas de metaestabilidad que dan lugar a estratos e interestratos con grados

de complejidad diferentes y a dos órdenes distintos de magnitud y estabilidad,

cuyo problemático vínculo constituye el corazón de la quantum-classical

transition, un espacio aún abierto de problemas por resolver para explicar el

paso de la perspectiva cuántica, microscópica y discontinua al punto de vista

macroscópico y de los grandes conjuntos estadísticos.

Como es bien sabido, en mecánica cuántica se puede especificar exactamente la

posición de una partícula en tanto que su momento permanecerá por completo

indeterminado para el observador. En otro tipo de estado cuántico es el momento

el que se especifica y la posición estará completamente indeterminada (28).

Fuera de la observación, una partícula reside en una variedad infinita de

posibles estados cuánticos, de manera que un electrón, por ejemplo, puede ocupar

diversos niveles de energía, u órbitas, simultáneamente. Dos o más resultados

posibles dan lugar aquello que los físicos llaman superposición, de manera que

un átomo radioactivo puede estar a la vez en estado de desintegración y

no-desintegración. Son coherentes aquellas partículas que se encuentran en una

superposición bien definida, pero los efectos macroscópicos que conforman

nuestro sentido diario de realidad obedecen a comportamientos clásicos que

expresan un resultado determinado u otro, pero no ambos o ninguno a la vez

(desintegrado o no-desintegrado, vivo o muerto, etc.) (29). De acuerdo con

Wojciech Zurek y su teoría de la decoherencia, el ambiente destruye la

coherencia cuántica, es decir, que el destino de cualquier sistema cuántico está

afectado por la maraña de sucesos que sus historias particulares no describen,

por cuanto el ambiente no es simplemente "ruido", sino una fuente permanente de

información que actúa más bien como un aparato que constantemente monitorea el

sistema. Zurek sostiene que el ambiente dicta las posibilidades cuánticas que

vemos concluidas en el mundo real (macroscópico). Este proceso, que él denomina

environment-induced superselection o einselection, sacude los estado cuánticos y

sólo conserva aquellos que resisten el escrutinio del ambiente para devenir

clásicos. La teoría de la decoherencia introduce la idea de que existen

múltiples historias alternativas del universo y, por lo tanto, cualquier

explicación acerca de la transición de los fenómenos cuánticos a sus

consecuencias macroscópicas conserva un carácter necesariamente ad hoc (30).

En el campo de las ciencias sociales, al contrario, no sólo se han desestimado

los problemas de relación entre un dominio microfísico y el análisis sociológico

que podríamos calificar de formalista y de determinación binaria, sino que ni

siquiera se ha considerado con suficiente relevancia una aproximación

microfísica que, más allá del estudio de las relaciones de fuerzas visibles a

gran escala y de los grandes ensembles sociales, dé paso a un análisis de los

campos moleculares y de, diríamos, afectación cuántica (31). En este sentido,

Michel Foucault ha realizado un análisis del poder que elude el esquema jurídico

del Estado —con su figura especular que es el partido político —y su

contraposición a la sociedad civil (32), colocando el énfasis en un modelo

microfísico que fluidifica el poder; entendiéndolo como una interrelación de

estrategias, de prácticas a la vez visibles e invisibles, presentes y ocultas,

distribuidas hasta en los rincones más ínfimos del campo social (33). Desde el

punto de vista molecular, el poder no es una institución ni una estructura, es

más bien un conjunto de prácticas o acciones de carácter local formadas por

flujos móviles, que escapa a los esquemas de segmentarización binaria y a todo

propósito de establecer un principio global de análisis (34). Por tanto, las

instituciones vienen a ser concentraciones visibles y terminales, puntos nodales

en las redes estratégicas que articulan distintos tipos de procesos, de manera

que, antes que constituir entidades unitarias con una funcionalidad rigurosa,

son realidades compuestas de efectos radiales sobre el campo social (35):

prácticas y operaciones relacionadas con capacidades técnicas que se ejercen

sobre cosas o inherentes a la construcción del cuerpo, juegos de comunicaciones

y relaciones de poder, son algunos de los procesos que se cruzan y superponen

para integrar y articular las redes sociales donde adquieren consistencia los

núcleos institucionales —el Estado, el sistema penitenciario, la escuela, el

hospital— como pliegues individualizados con un espacio o medio interno

delimitado de una exterioridad, tal y como la roca sedimentaria decanta en tanto

que individuo compuesto, diferenciado de la masa inestable de areniscas y

esquistos. Esta instancia relativamente estable y homogénea —la roca, en el caso

de la metáfora utilizada— es una unidad molar que no deja de estar atravesada, y

en cierta medida amenazada, por la consistencia molecular, de manera que el

conjunto molar no deja de definirse por aquello que se le escapa, que muta y se

fuga, a la vez que actúa como punto de acumulación que bloquea y obstruye los

flujos en fuga. Cada centro de poder también es molecular, dicen Deleuze y

Guattari, se ejerce sobre un tejido micrológico en el que ya sólo existe como

difuso, disperso, desmultiplicado, miniaturizado, constantemente desplazado,

actuando por segmentaciones finas, operando en el detalle y en el detalle de

detalles (36). Ahora que, ciertamente, como el mismo Foucault afirma, el Estado

no es simplemente una entre otras formas institucionales de ejercicio de poder.

Su particularidad remite al hecho de que ella captura y sobrecodifica las demás

formas de relaciones de poder (37), otorgándoles una racionalidad de conjunto,

una gobernabilidad, que se las asigna ya sea como instituciones de estado, bajo

su protección o bajo su auspicio. Así, la gobernabilidad constituye, en el

modelo foucaultiano, la bisagra que conecta los dos sistemas de referencia, el

molar y el molecular, pero también un umbral osmótico en el que puede detectarse

la constante desestabilización de los conjuntos molares y el paso de un aspecto

al otro. Si bien la distinción permite conservar cierta especificidad de los

grandes ámbitos molares y no perder de vista el funcionamiento a gran escala de

las máquinas de poder dominantes, con sus siempre recurrentes polarizaciones

binarias (Estado-sociedad civil, burguesía-proletariado, hombre-mujer,

democracia-dictadura, Este-Oeste), así como asistir a los procesos de relación e

interacción entre estos dos planos de consistencia; la transducción y

coexistencia de ambas formas disuelve toda pretendida demarcación dual entre un

campo de cuestiones macrofísicas relativo a los problemas sociales de gran

escala, por una parte, y un campo microfísico que conduce a los problemas del

individuo, la familia, la persona, etc., como mera referencia a los aspectos

psicológicos, al espacio de lo simbólico, a los elementos estilísticos, por la

otra. Las formas moleculares, los flujos inestables que ora se codifican ora se

escapan, habitan todo el campo social al punto de que bajo esta perspectiva,

deviene inútil establecer diferencias entre lo social y lo individual. En este

sentido, ya lo hemos señalado, toda forma de subjetividad emergerá en tanto que

multiplicidad compleja, como un colectivo que se despliega no sólo más allá del

individuo, en relación con las máquinas técnicas y los dispositivos sociales,

sino también más acá de la persona, en relación con la puesta en función de

componentes etológicos o elementos pre-verbales como ritmos, sonidos, imágenes,

etc. Félix Guattari refiriéndose por ejemplo a los estadios de desarrollo del

niño, sostiene que las etapas indicadas por psicólogos y psicoanalistas no

responden automáticamente a las programaciones construidas por ellos, sino que

están ligadas a mecanismos originales relacionados con diferentes modos de

codificación y semiotización, respecto a los cuales no es posible determinar a

priori su naturaleza ni su encadenamiento. El niño en tanto que entidad orgánica

individuada constituye una intersección entre múltiples conjuntos materiales,

biológicos, socio-económicos y semióticos que lo atraviesan. Guattari se

pregunta dónde comienzan o terminan las interacciones de lo social y lo

biológico, en tanto que el individuo no puede ser considerado una totalidad

orgánica o un subconjunto del grupo familiar perfectamente delimitado (38). Y en

este sentido, respecto a la conjunción o implicación entre máquinas técnicas,

sociales y biológicas, hoy más que nunca es posible reconocer el proceso de

evolución artificial que tiene lugar a cobijo del desarrollo tecnológico bajo la

forma de una transformación radical de nuestro sistema hormonal por ejemplo: la

píldora anticonceptiva, Prozac o Viagra son algunos de los productos

tecnológicos que acusan profundas mutaciones en las determinaciones biológicas y

en los umbrales etológicos que definen los géneros, los estadios etarios, los

comportamientos y las conductas, etc.

Proceso es producción social que se extiende hasta los procesos naturales mismos

Volvamos a la metáfora de la roca sedimentaria. La masa fluctuante ha devenido

una formación relativamente estable mediante el ejercicio de fuerzas activas y

reactivas cuyos flujos se han codificado, produciendo el agregado de sedimentos

y partículas. La codificación de flujos supone la puesta en marcha de

dispositivos de poder que los taponan y canalizan, y sin embargo, como ya hemos

señalado, siempre hay flujos o fragmentos de flujos que se escapan, que huyen y

se desplazan fuera de los códigos. Pero, como nos explica Brian Massumi (39), a

la actividad de acoplamiento —de sedimentación y plegamiento —le sigue un

proceso de separación y distribución: el conjunto individual, registrado como

formación estable, va a ser extraído y sometido a la separación de sus

componentes, capturados y clasificados a través de mecanismos más regulados y

elaborados que forman parte, en este caso, de variados corpus de saber como la

mineralogía, la geología, la geografía, etc. Todo un aparato de saber procede a

registrar, clasificar y contabilizar la roca, de acuerdo con distintos criterios

que dan cuenta de sus propiedades (rigidez y estabilidad, resistencia al golpe

de determinados martillos, tipo y grado de sus componentes), para dirigirlas

hacia fines más o menos utilitarios. El trabajo de separación, extracción y

distribución constituye la esencia de la síntesis disyuntiva que tiene lugar

sobre la superficie social, como espacio privilegiado en el que se inscribe todo

el proceso de la producción, se registran los objetos, los medios y las fuerzas

de trabajo, se distribuyen los agentes y los productos (40). De esta manera,

según su tipo de aplicación y siguiendo nuevos patrones de conexión, la roca

será metódicamente reimplantada —consumida— como parte de otro complejo nivel de

síntesis más: un mural artístico, una casa de familia, un edificio de tribunales

de justicia. Todos ellos constituyendo no sólo un agregado de rocas en

combinación con otros elementos físicos (cemento, yeso, pintura, metales), sino

también una conjunción, particular en cada uno de los casos mencionados, de

diagramas y planos, funciones, normas, intenciones, enunciados, etc. (41). De

hecho, cada uno de estos elementos es también resultado de una combinación única

de procesos conectivos y disyuntivos que atravesando diferentes caminos

desembocan en el complejo conjuntivo o de consumo. Las paredes del Palacio de

Justicia, a fin de cuentas la odisea de las areniscas y los esquistos, ofrecen

un ejemplo de síntesis interconectadas que involucran estratos climáticos,

geológicos, biológicos y culturales, cada uno de los cuales es a su vez una

multiplicidad de folios y capas que compromete estos mismos mecanismos. Las

síntesis conectiva, disyuntiva y conjuntiva forman el diagrama que en cada caso

recorren las fuerzas y las líneas del proceso. Aunque son inseparables una de

otra, es la síntesis disyuntiva aquella que constituye la superficie de

inscripción y de registro que se atribuye todas las fuerzas productivas y los

órganos de producción. Ella es en propiedad la formación social, la instancia

donde se ponen en funcionamiento las operaciones que inhiben, limitan, marcan y

distribuyen las fuerzas productivas, constituyendo un espacio de mediación entre

el productor y los productos, o mejor, entre la síntesis conectiva y la síntesis

conjuntiva. La sociedad va a ser comprendida, entonces, no como una totalidad,

sino más bien como una superficie o campo parcial —un socius— donde se inscriben

y se integran los procesos que ordenan los flujos de distinta naturaleza, a cuya

consecuencia se despliega como el lugar del cual parecen emanar el conjunto y

las partes del proceso. En las sociedades llamadas primitivas, la tierra es la

entidad única e indivisible, el motor de la máquina social que se vuelca sobre

las fuerzas productivas y se las apropia como presupuesto natural o divino,

marcando directamente la carne de los cuerpos que le pertenecen para otorgarles

funciones y valores. Mientras que en las sociedades modernas, el capital-dinero

constituye la superficie de inscripción donde se marca el interior

individualizado de los cuerpos, y de cuyo seno inengendrado parecen emerger

todas las fuerzas productivas y las conexiones sociales. Como Marx concluiría al

analizar la forma capital-dinero, el engendrar dinero parece algo tan inherente

al capital como el crecimiento a los árboles (42).

La particularidad de la máquina capitalista descansa en la descodificación

general de los flujos desterritorializados y la conjunción de los flujos de

capital y trabajo. Ahora bien, recordemos que un campo social o socius se

constituye por la red de flujos sociales que forman las prácticas materiales y

discursivas a partir de los procesos naturales mismos, flujos que se encuentran

permanentemente afectados por procesos de anclaje y fuga que atraviesan toda la

sociedad. El capitalismo, como ninguna otra máquina social, opera la

descodificación y desterritorialización de los flujos que otras formaciones

sociales codificaban y recodificaban, es decir, opera la quiebra de códigos que

hasta un determinado momento han definido el estado y la cualidad de los flujos,

remitiéndolos a dispositivos de normalización y axiomatización que frenan su

huida absoluta. Los flujos que han sido ordenados y clasificados por un código

se vierten en una instancia que funciona como equivalente general cuantificable

— el dinero —indiferente a la naturaleza cualificada de los flujos. Como afirman

Deleuze y Guattari, el capital como socius se distingue de cualquier otro, en

tanto que vale por sí mismo como una instancia directamente económica que se

vuelca sobre la producción, sin hacer intervenir factores extra-económicos que

se inscribirían en un código (43). La sociedad se ha vuelto realmente económica

en la medida que la mercancía deviene la forma general de cohesión social, y en

tanto que la actividad productora de mercancías se extiende al conjunto de la

vida social, económica y cultural. Este proceso homogeneizante caracteriza la

potente capacidad de recuperación, rearticulación y reacomodo de la máquina

capitalista: por una parte, mediante la producción constante de nuevos axiomas,

el socius ensancha sus márgenes para incluir los flujos desterritorializados y

en fuga, e integrarlos a la dinámica del equivalente mercantil y la acumulación

de capital; por la otra, se anexa mecanismos antiproductivos de reabsorción de

los excedentes, mecanismos que reterritorializan los flujos diversos y aseguran

la integración al sistema, es decir, a través de las burocracias modernas, sus

instituciones, aparatos militares y policía. Estamos en presencia, por un lado,

de la conversión obsesiva y reiterada de múltiples universos de valor en valor

de cambio, en beneficio del mercado y la acumulación de capital. Ocurre por

ejemplo cuando el socius capitalista descodifica los flujos que constituyen las

prácticas ecológicas, convirtiéndolas en problemas contables y de mera

productividad económica, y las integra a la innovación tecnológica para

favorecer la plusvalía y el crecimiento del capital. Ocurre también, por otro

lado, cuando un complejo militar como el Departamento de Defensa de los Estados

Unidos asimila la experiencia táctica de las guerrillas maoistas, y diseña un

equivalente electrónico para prevenir un posible take over por parte de las

autoridades soviéticas, diseño cuyo resultado concreto será la arquitectura de

redes que dará origen a lo que hoy conocemos como Internet (44). Sin embargo,

junto a la tendencia homogeneizante del mercado concurren procesos de

heterogeneidad creciente que dan origen a una multiplicidad ontológica y

semiótica, también en crecimiento y complejización. A saber, los nuevos

movimientos sociales vinculados a componentes religiosos, políticos, étnicos,

ambientales, estéticos, etc., que se fragmentan y se recomponen en el marco de

la complejidad semiótica referida y de constelaciones de valor múltiples; las

nuevas y sorprendentes formas de individualidad y singularización del deseo (el

devenir-mujer, homosexual, transexual, figuras colectivas basadas en disputas

lingüísticas, nuevas formas étnicas y raciales, etc., formas de expresión

juveniles que se constituyen alrededor de la música electrónica, la moda, el

consumo de estupefacientes, como los movimientos raven, los punk, etc.), puestas

en escena sobre el despliegue de innumerables diferencias; la constitución de

territorios existenciales demarcados en función de segmentos semióticos

masmediáticos o informacionales; pero también, todas las formas desintegradas

del tejido y de la solidaridad social, el endurecimiento de las jerarquías y las

segregaciones sociales, el avance de actitudes conservadoras y prácticas de

carácter ambiguo (reivindicaciones nacionalistas, autonómicas, etc.), la

destrucción de identidades colectivas y de sistemas de valor tradicionales, la

aparición de mecanismos cada vez más sofisticados de sumisión y de control.

Aclaremos que Deleuze y Guattari introducen el término "descodificación",

separándolo del uso que corrientemente le asigna la teoría de la comunicación y

la información, para definir, más que una reconstrucción, una reconversión o una

comprensión del flujo en el código en el cual estaría incluido, un escape o

huida de su propio código de manera que el flujo adquiere nuevas determinaciones

y se instala en otros sentidos. Descodificar es sobre todo destruir un código en

tanto que tal para asignarle una función arcaica, exótica o residual (45). La

desterritorialización por su parte, es el movimiento por el cual un flujo social

abandona un territorio, vale decir, es la operación de fuga de los flujos

sociales que se distancian de un determinado nódulo de funciones y fuerzas, sean

éstas económicas, políticas, jurídicas, estéticas, existenciales, etc. Así, por

ejemplo, los flujos de trabajo se desterritorializan en el transcurso del siglo

XVI al XVII, como Marx mostró claramente, cuando el trabajador artesanal o el

campesino se convierten en trabajadores libres por expropiación de los medios de

producción y de la tierra, cuando el trabajo "escapa" del taller artesanal, de

la organización gremial, del feudo, y se transforma en trabajo libre, asalariado

y abstracto (46). La sujeción social emergente supone una unidad superior, el

Capital o el Estado, que constituye al hombre como instancia separada de un

objeto que ha devenido exterior, sea éste un animal, una herramienta o una

máquina; en tanto que para las otras formas de sujeción, la esclavitud imperial

o la servidumbre feudal por ejemplo, el hombre hace parte o pieza de un

mecanismo bajo control y dirección de una unidad superior, el cuerpo del déspota

o Dios, respecto al cual no aparece como elemento discernido o separado, es

decir como sujeto que mantiene con la máquina una relación de exterioridad. De

la misma manera que, como sostiene Marx, el trabajo que se enfrenta al capital

es trabajo ajeno, y el capital que se enfrenta al trabajo es capital ajeno,

siendo extremos distintos que se proporcionan uno al otro un sujeto universal y

un objeto cualquiera, el obrero, el usuario que encarna la capacidad o facultad

de trabajar, es decir la mera subjetividad del trabajo, aparece en tanto que

propietario privado de su fuerza laboral, como una instancia separada de la

máquina (capital constante) pero sujeto a ella, en la medida en que sólo puede

objetivarse sometiéndose a ésta (47). Lejos están aún, en el siglo XVII, los

tiempos en que el capital extiende su consistencia a toda la sociedad,

recomponiendo un régimen de esclavitud generalizada donde los hombres y las

máquinas forman un sistema de mutua comunicación, tan intrínsecamente

relacionados, que no es posible establecer ya donde empiezan unos y terminan las

otras; de manera tal que la producción que pudiéramos llamar humana deviene

maquínica, no sólo por sustitución del capital variable por constante, sino

también —nos atreveríamos a sugerir — por una creciente anulación de las

diferencias. Marx llamará a esto sujeción real de la sociedad en el capital —

sin prever ni llegar a imaginar el alcance y los efectos que el desarrollo

tecnológico y la automatización tendrían respecto a las relaciones laborales y

el vínculo capital variable-capital constante —haciendo referencia, como hemos

dicho, a un momento en el cual la relación de explotación que encarna el capital

y su axioma de producción para el mercado asumen la sociedad en su totalidad y

en su conjunto. La sujeción real, a diferencia de la sujeción formal que tiene

lugar en el siglo XVII y a lo largo de los dos siglos siguientes, significa la

interiorización de las prácticas disciplinarias hasta el punto de que, como bien

ilustra Gabriel Albiac acompañando las reflexiones finiseculares de Toni Negri,

ninguna violencia exterior es ya ontológicamente necesaria, pues es el propio

obrero o el ciudadano quien cada noche dará cuerda al despertador que lo pondrá

en pie para volver, cada mañana, a la puerta de la misma fábrica (49). La

interiorización de las prácticas disciplinarias viene acompañada, a nuestro modo

de ver, de una interiorización del automatismo maquínico y de los componentes

concretos y semióticos de las máquinas como elementos constitutivos de nuestra

subjetividad.

En el espacio de socialidad pura y generalizada que constituye el orden

capitalista de la sujeción real se disuelve la discontinuidad hombre-naturaleza.

Ya no es posible establecer un polo natural y un polo cultural puesto que la

esencia humana de la naturaleza y la esencia natural del hombre se identifican

en la producción genérica de la vida humana (síntesis social), que involucra en

varios sentidos tanto la acción de las figuras sociales sobre la materia como

los constreñimientos y procesos naturales. Ello no significa que estos últimos

en tanto que interacciones y procesos de la physis, siendo anteriores a la

humanidad, no tengan lugar y una existencia real fuera de la cultura y del

hombre, sino más bien que los ámbitos cosmológicos, biológicos, sociales y

tecnológicos se entretejen hoy en un conjunto tan íntimo e intrincado que no es

posible establecer una frontera neta entre estas múltiples interacciones. El

complejo social y tecnológico extendido a escala planetaria constituye un oikos

físico artificial que ha roto los pseudosequilibrios y las discontinuidades

precedentes, y que, lejos del uso ideológico que aún hacemos de la distancia que

enfrenta y separa la cultura de la naturaleza, obliga a la toma y construcción

de un concepto de materia que elude la concepción mecanicista de la materia

inerte opuesta al espíritu, para dar paso a la comprensión de los procesos

"inteligentes" y de "autoorganización" que constituyen la physis y la abren al

horizonte del devenir, el movimiento incesante y la evolución, acortando a su

vez la distancia entre lo inorgánico y lo orgánico y en definitiva, como hemos

dicho, entre el espíritu y la materia (49). "En adelante, señala Morin,

disponemos de un principio inmanente de organización físico. De golpe, la physis

vuelve a encontrar la plenitud genérica que los presocráticos le habían

reconocido. Es esta physis reanimada y regenerada la que se puede generalizar,

es decir, reintroducir en todo lo que está vivo, en todo lo que es humano" (50).

Work in progress: puntualizando criterios

 

Concluyamos este capítulo con algunas observaciones puntuales.

 

1. Eludimos la cuestión del origen no para entronizar un universo increado o

escamotear una fundamentación primera, sino para introducir los vectores

múltiples del devenir en un pensamiento que debe dar cuenta de la incesante

movilidad de la materia. Así planteada, la cuestión del origen elude toda

llamada a un origen originario y se reclama de la puesta en escena de una aporía

constitutiva, la cual transforma el punto de inicio en un horizonte genealógico

que nos sitúa en un campo problemático siempre en desplazamiento y mutación.

 

2. La producción cultural y de conocimiento contemporáneas se despliega en una

red de posibilidades polifónica y dialógica, y ya ha sido dicho, en un universo

en expansión, donde la filosofía, el arte y las ciencias constituyen líneas

melódicas separadas en constante interrelación, de manera que en un juego

permanente de ruptura, resonancia e intercambio — un intercambio que puede no

ser meramente un trueque, una relación consensual, una simbiosis, sino más bien

un préstamo unilateral, inclusive un robo, una colonización o una ocupación

parasitaria de sus distintos segmentos componentes —el pensamiento se abre a

nuevas complicidades, parcelamientos y estrategias.

 

3. En consecuencia, si la teoría social se hace permeable a los recursos de

comprensión y explicación provenientes tanto de la física, la biología, las

ciencias cognitivas y la cosmología contemporáneas, como de la producción

estética y el arte, incorporando la dispersión, el gasto y la degradación en

tanto que condiciones inherentes a la physis y a la organización de la materia,

condiciones que constriñen la posibilidad de determinar trayectorias reversibles

y lineales, el pensamiento social estará obligado a desplazarse del universo

inmutable de las cosas y las sustancias a los escenarios dispares, complejos y

metaestables de los procesos.

 

4. Atender a los procesos es dar cuenta, entonces, de flujos y líneas de fuerzas

activas y reactivas que se desplazan de un origen siempre móvil que constituye

un campo problemático, a un abanico de posibles que se van definiendo alrededor

y en virtud de las imposibilidades y las fuerzas que se van abandonando, y cuya

realización y cumplimiento forman el horizonte tendencial del proceso.

 

5. Un proceso implica estrategias relacionales que ponen en juego una red de

fuerzas interconectadas, de manera que el sentido de una cosa se define con

arreglo a una jerarquía de fuerzas, de acuerdo con el valor que le otorgan

aquellas en las cuales está inmersa.

 

6. Atender a los procesos es, pues, dar cuenta de aquello que acontece

in-between relevando el conjunto de movimientos y vectores que constituyen

sistemas y microsistemas complejos, subrayando los acontecimientos y eventos,

las funciones y la producción de circunstancias, hurgando la maraña de sucesos

dispares y excéntricos que forman el environment, aprehendiendo el diagrama de

instrucciones heurísticas que constituyen las condiciones de producción de

existencia, y en fin, el conglomerado dispar de aquello que hace posible "lo que

es", para disolver toda referencia a una sustancia fundante, un sub-jectum, una

causalidad inicial.

 

7. La aproximación procesual disuelve la polaridad sujeto-objeto en un complejo

de relaciones y eventos que definen cuadros estratégicos de intencionalidad

objetiva, donde se despliegan ámbitos de singularización y autovaloración

subjetivos germinalmente presentes, virtuales y quizá inéditos. No existe por

tanto una entidad exterior a estos espacios o superficies que encarne

intencionalidad subjetiva alguna, sino un territorio que se constituye como una

secreción que emana al lado de los conjuntos procesuales, un residuo, un

fragmento o pieza adyacente que se forma a partir de complejos constreñimientos

causales, cruces de determinaciones y azar.

 

8. Toda forma de subjetividad emergerá en tanto que multiplicidad compleja, como

un colectivo que se despliega no sólo más allá del individuo, en relación con

las máquinas técnicas y los dispositivos sociales, sino también más acá de la

persona, en relación con la puesta en función de componentes etológicos o

elementos pre-verbales como ritmos, sonidos, imágenes, etc.

 

9. Un proceso es sintético, en el sentido de que encarna siempre la reunión, o

mejor, el encuentro, pero también, la fuga, la separación y la

desterritorialización de una multiplicidad de fuerzas. Recordemos que una cosa

(un fenómeno) se define por el conglomerado de fuerzas en movimiento que la

toman y que en ella son dominantes estableciéndose una jerarquía, una cosa tiene

tanto sentido como fuerzas capaces de apoderarse de ella, y su esencia se

configura en virtud del sentido que le da la fuerza que presenta con ella mayor

afinidad (51); por ello y en consecuencia, un fenómeno también se deja describir

en virtud de aquellas fuerzas que se le oponen, se escapan o la abandonan. No se

trata, por tanto, de la unión de los contrarios en una instancia resolutoria que

constituiría la síntesis de dos términos opuestos; las operaciones y los

procesos que venimos de mencionar no corresponden a la aparición de una

instancia o esencia negativa que como una segunda etapa dé paso a la solución

dialéctica encarnada en la unidad. Tratándose de procesos complejos en

condiciones de metaestabilidad, los encuentros de fuerzas se producen en un

clima sostenido e inmanente de tensión e incompatibilidad como producto de la

riqueza de elementos en juego. Como resultado, lo dispar y heterogéneo, el ser

multidimensional en proceso permanente de individuación y complejización. Si la

sustancia, como señala Simondon, cesa de ser el modelo del ser, es posible

concebir una relación no identitaria del ser consigo mismo, y la inclusión en el

ser de una realidad que no es solamente idéntica a él, para entenderlo como algo

más que unidad y más que identidad (52).

 

10. Síntesis quiere decir además creación, producción, en un complejo

autogestionado de estrategias que operan tanto en la naturaleza como en el campo

social. La síntesis social viene entonces a significar una condición fundamental

y general del modo de existencia humano (53) que crea sus mecanismos de

socialización y reconocimiento a partir de las prácticas sociales históricamente

asignables. Es decir, que las condiciones de posibilidad de la experiencia no

están fundamentadas en la espontaneidad del espíritu, sino en aquellos procesos

que se desarrollan en el espacio de la socialización. De acuerdo con Enzo del

Búfalo, quien con ciertos reparos sigue el hilo de reflexión elaborado por

Sohn-Rethel, entendemos que el concepto de síntesis social debe extenderse a

todo tipo de sociedad, en la medida que las formas de cohesión social y por

tanto las formas constitutivas de la subjetividad son inseparables de la

materialidad en que se sustentan. Sin embargo, tal y como lo refiere del Búfalo,

es necesario, por una parte, acentuar la distinción entre síntesis social como

concepto que engloba la relación entre figuras y componentes de la subjetividad,

formas de cohesión social y prácticas sociales; y el concepto de sociedad

sintética, por la otra, en tanto que comprende la síntesis propia de las

sociedades mercantiles, vinculadas a la producción de mercancías, y en ese

sentido, habitadas por una condición "artificializante" de la socialidad,

construida sobre la objetividad del valor de las mercancías que se forma como

desplazamiento de sus posibles usos y abstracción del intercambio orgánico con

la naturaleza (54).

 

11. Las síntesis conectiva, disyuntiva y conjuntiva forman el diagrama que en

cada caso recorren las fuerzas y las líneas del proceso. Aun siendo inseparables

una de otra, es la síntesis disyuntiva aquella que constituye la superficie de

inscripción y de registro que se atribuye todas las fuerzas productivas y los

órganos de producción. Ella es en propiedad la formación social, la instancia

donde se ponen en funcionamiento las operaciones que inhiben, limitan, marcan y

distribuyen las fuerzas productivas, constituyendo un espacio de mediación entre

el productor y los productos, o mejor, entre la síntesis conectiva y la síntesis

conjuntiva. La sociedad va a ser comprendida, entonces, no como una totalidad,

sino más bien como una superficie o campo parcial —un socius— donde se inscriben

y se integran los procesos que ordenan los flujos de distinta naturaleza, a cuya

consecuencia se despliega como el lugar del cual parecen emanar el conjunto y

las partes del proceso

 

12. Atenderemos a lo molar y a lo molecular para dar cuenta de sus relaciones,

de los procesos de transducción y las coexistencias posibles entre los grandes

conjuntos molares, los grandes grupos estadísticos, y la filigrana del tejido

procesual social; subrayando, empero, que las formas moleculares, los flujos

inestables que ora se codifican ora se escapan, habitan todo el campo social al

punto de que bajo esta perspectiva, tal como hemos indicado, se establece un

continuo relacional entre lo social y lo individual.

 

13. Caracterizaremos el contexto epocal de nuestra investigación como

capitalismo mundial integrado o sociedad de la informatización planetaria, el

cual se desarrolla según dos tendencias concurrentes: por una parte, una

corriente planetaria de homogeneización impuesta por la lógica del equivalente

mercantil, que reduce la complejidad de valores a la axiomática única de la

igualdad formal; y por la otra, un proceso creciente de heterogeneización y

complejidad que activa múltiples regímenes semióticos, distintos universos de

valor y diversas figuras de subjetividad.

 

14. En este espacio de socialidad pura y generalizada que constituye el orden

capitalista de la sujeción real se disuelve la discontinuidad hombre-naturaleza.

Ya no es posible establecer un polo natural y un polo cultural puesto que la

esencia humana de la naturaleza y la esencia natural del hombre se identifican

en la producción genérica de la vida humana (síntesis social), que involucra en

varios sentidos tanto la acción de las figuras sociales sobre la materia como

los constreñimientos y procesos naturales.

 

15. No nos queda duda de la necesidad de construir unidades explicativas que

ordenen el universo complejo e indeterminado, y la naturaleza implícitamente

infinita — compleja plétora de eventos y cosas —que llamamos realidad; como

tampoco podemos negar la exigencia inherente al pensamiento de dar cuenta de las

reglas que rigen su ordenamiento, la constitución de sus saberes, su eficacia y

su legitimidad. Pero estos reclamos y demandas no deben hacernos perder de vista

la heterogeneidad constitutiva de los procesos irreversibles de donde emergen

los regímenes de signos y de estados cosas que para nosotros le dan forma y

sentido a la realidad. De hecho, su puesta en escena no tendrá otro resultado

sino poner en evidencia la propia movilidad de los conceptos y de los objetos

del conocimiento, junto a ese mundo en expansión que ellos mismos contribuyen a

fabricar. De esta manera, podríamos decir que los conjuntos materiales concretos

y semióticos que van tejiendo nuestro campo de coherencias tienen siempre un

carácter local y particular asignable históricamente. No sólo cambian las

preguntas y sus respuestas, sino también la formación material que los acoge

como espacio de emergencia, sus campos operativos, los signos a los que

responden y los intereses que les otorgan validez.

 

16. De acuerdo con la perspectiva expuesta, la tarea para el futuro será, pues,

detectar algunos puntos nodales a partir de los cuales se despliegan

determinados campos sociales, y cartografiar los procesos —hacer mapa diría

Félix Guattari— que definen líneas de sentido y tendencias como mecanismos

productores de subjetividad.

 

 

 

Bibliografía

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—, El Método II. La vida de la Vida, Madrid: Cátedra, 1983.

Prigogine, Ilya: El fin de las incertidumbres, Santiago de Chile: Andrés Bello,

1997.

Prigogine, Ilya et Isabelle Stengers: Entre le temps et l’éternité, Manchecourt:

Flammarion, 1992.

 

 

Notas

(1) Remitimos al lector a la sugerente e ilustrativa obra del químico y físico

ruso Ilya Prigogine, El fin de las certidumbres (Santiago de Chile: Andrés

Bello, 1997). Cf. El nacimiento del tiempo (Barcelona: Tusquets editores, 1993)

y en colaboración con Isabelle Stengers, Entre le temps et l’éternité

(Manchecourt: Flammarion, 1992).

(2) "Ciertamente, en el estado actual de los conocimientos concernientes al

devenir, la previsión estadística se inclina a favor del triunfo final de la

dispersión. Pero el estado actual de los conocimientos y el estado actual del

devenir son inciertos, tanto el uno, como el otro. La estadística no tiene

sentido definitivo para un universo singular desde el origen y en el que todo se

desarrolla singularmente. Una previsión estadística antes del nacimiento del

universo, hubiera considerado a éste como casi imposible. Sin embargo él es, y

su existencia ha aniquilado otros posibles, intelectualmente menos improbable.

Actualmente el orden y la organización tienen una esperanza de vida mucho más

favorable que la que el cosmos tenía antes de su nacimiento: una improbabilidad

general se ha transformado en miríadas de probabilidades locales; es cierto que

el orden y la organización siguen siendo estadísticamente minoritarios, pero lo

que la estadística nos dice, es que son nucleares. Y un pasado de más de diez

billones de años, está ahí para atestiguarlo: todo lo que se ha constituido como

organizador y creador se ha hecho fuera de toda probabilidad estadística.".

Edgar Morin, El Método. La naturaleza de la Naturaleza (Madrid: Ediciones

Cátedra, 1986) pp. 83-84.

(3) Recordemos el ya clásico ejemplo del físico Ilya Prigogine acerca de los

fenómenos de disipación térmica y la formación de estructuras disipativas, y su

diferencia con el desarrollo de actividades físico-químicas en estado de

equilibrio: en dos cajas comunicantes se tiene una mezcla de hidrógeno y

nitrógeno en estado de equilibrio, es decir, un sistema físico químico cuya

temperatura interna es homogénea de manera que también lo será la distribución

del hidrógeno y la del nitrógeno. Al someter los dos extremos del sistema a

temperaturas diferentes se crea una distribución contrastada. La experiencia

muestra que aparejado al proceso de difusión del calor, se producirá un proceso

de separación de los dos gases. Cuando el sistema supera el estado de equilibrio

debido al aumento de temperatura en uno de sus extremos, se producirá una

diferencia de concentración de los gases. Por tanto, sometiendo el sistema a una

constricción térmica, se crea una disipación, un aumento de entropía, pero

también una ordenación, es el proceso de antidifusión que mide una contribución

negativa a la producción de entropía.

(4) Ilya Prigogine, pássim.; Murray Gell-Mann, El quark y el jaguar. Aventuras

en lo simple y lo complejo (Barcelona: Tusquets, 1995); Gregory Bateson,

Espíritu y naturaleza (Buenos Aires: Amorrortu, 1993) y Steps to an Ecology of

Mind, (Nueva York: Ballantine, 1972); Heinz von Foerster et al., Nuevos

paradigmas, cultura y subjetividad (Buenos Aires: Paidós, 1994) y

Self-Organizing Systems, (Londres: Pergamon Press, 1960).

(5) "Si conociéramos con precisión infinita las leyes de la naturaleza y la

situación inicial del universo, podríamos predecir exactamente la situación de

este mismo universo en un momento posterior. Pero incluso aunque las leyes

naturales no tuvieran ningún secreto para nosotros, sólo podríamos conocer la

situación inicial de modo aproximado. Todo lo que necesitamos para poder decir

que un fenómeno ha sido predicho y que está regido por leyes es poder predecir

la situación posterior con la misma aproximación que la inicial. Pero esto no

siempre es posible; puede ocurrir que las pequeñas diferencias en las

condiciones iniciales se hagan muy grandes en el resultado final. Un pequeño

error al principio producirá un error enorme al final. La predicción se hace

imposible y tenemos un fenómeno fortuito." Henri Poincaré, Ciencia y método,

1903 citado por Murray Gell-Mann, Op. Cit. p. 42.

(6) Giorgio Colli, Después de Nietzsche (Barcelona: Editorial Anagrama, 1988) p.

53.

(7) Giorgio Collin, Op. Cit., pp. 53-54.

(8) El olvido era ya para Nietzche, como sostiene José Jara, un tema sin el cual

no puede entenderse el proceso de formación histórica del hombre. Cf. F.

Nietzsche, Genealogía de la Moral, Humano demasiado Humano y Gaya Ciencia.

(9) Brian Eno, Gossip is Philosophy. Interview with Kevin Kelly (Wired, 3.05,

mayo de 1995) p. 150. Originalmente dice: "For years, I have been using rules to

write music, but without computers. For instance, I've used systems of multiple

tape loops that are allowed to reconfigure in various ways, while all I do is

supply the original musical sounds or elements and then the system keeps

throwing out new patterns of them. It is a kaleidoscopic music machine that

keeps making new variations and new clumps. [...] My rules were designed to try

to make a kind of music I couldn't predict. That's to say I wanted to construct

'machines' (in a purely conceptual sense — not physical things) that would make

music for me. The whole idea was summarized in the famous saying (which I must

have shouted from the ramparts a thousand times): 'Process not product!" The

task of artists was to 'imitate nature in its manner of operation' as John Cage

put it - to think of ways of dealing with sound that were guided by an instinct

for beautiful 'processes' rather than by a taste for nice music."

(10) " 'Maquina' ha llegado a tener una connotación desagradable porque viene a

significar sistemas que hacen cosas predecibles, fastidiosas y repetibles. Pero

las máquinas de las que yo estoy hablando hacen cosas que no esperábamos". Brian

Eno, Op cit p. 206.

(11) Si este ensayo se elaborara mediante una tecnología hipertextual, las

referencias a las piezas musicales no se reducirían a las descripciones

abstractas que acabamos de hacer. Junto con incluir el fragmento de la partitura

de la pieza de Pachelbel que utiliza Brian Eno y el pentagrama que denota la

melodía del Canon, habríamos podido anexar una conexión –un link– que condujera

al lector a una versión audible del Canon y a la Variación compuesta por Brian

Eno y sus cajas musicales. En un ensayo así construido convivirían códigos

lingüísticos, visuales y musicales que seguramente darían al lector una imagen

más completa, probablemente por la multiplicidad de medios, es decir

multimediada, de lo que queremos transmitir.

(12) Los autores hacen referencia a este ejemplo en Mil mesetas. Capitalismo y

esquizofrenia (Valencia: Pre-Textos, 1994), y nos llama la atención que leyendo

a Edgar Morin hemos encontrado una hermosa comparación del universo con un

taller de herrería. "El universo, dice Morin, no es un delirio térmico, es un

taller de herrería. Lo que se forja se paga, como todo lo que es creador, con un

enorme despilfarro, un gasto inaudito, con fracasos.". Edgar Morin, Op. Cit., p.

83.

(13) Cada una de estas cualidades puede entenderse o interpretarse como un

carácter relacional, como una relación entre fuerzas. El color es, por ejemplo,

la relación de afectación entre ciertos procesos de onda o quanta de luz y

terminaciones que se despliegan o desenrollan al contacto con el fotón de luz,

relación que involucra modificaciones químicas en los componentes del púrpura

visual constitutivo de los bastoncillos y conos retinales.

(14) "...un artesano que cepilla sigue la madera, y las fibras de la madera, sin

cambiar de sitio. Pero esta manera de seguir sólo es una secuencia particular de

un proceso más general. Pues el artesano también está obligado a seguir de otra

manera, es decir, a ir a buscar la madera allí donde está, y no cualquier tipo

de madera, sino la que tiene las fibras adecuadas. En caso contrario, tiene que

hacer que se la traigan: sólo porque el comerciante se encarga de hacer una

parte del trayecto en sentido inverso puede el artesano evitar el tener que

hacerlo personalmente. Pero el artesano sólo es completo cuando también es

prospector; y la organización que separa al prospector, al comerciante y al

artesano, mutila ya al artesano para convertirlo en un 'trabajador'". G. Deleuze

y F. Guattari, Op. Cit. p. 410.

(15) En relación con esta última afirmación y a modo de ejemplo, recordemos

algunas conclusiones de los trabajos en epistemología empírica a cargo de

Gregory Bateson, reafirmados por investigaciones más recientes en el área de las

telecomunicaciones y la telemática. Bateson sostiene que los procesos de la

percepción nos son inaccesibles; sólo tenemos conciencia de los productos de

esos procesos. Estos dos hechos generales son el comienzo de la epistemología

empírica: primero, no tenemos conciencia de los procesos de construcción de las

imágenes que conscientemente vemos, y segundo, en estos procesos inconscientes

aplicamos toda una gama de presupuestos que se incorporan a la imagen terminada.

De acuerdo con esto, Bateson afirma que las reglas del universo que creemos

conocer están profundamente incorporadas a nuestros procesos de percepción. Cf.

Espíritu y naturaleza (Buenos Aires: Amorrortu, 1993).

(16) Gilles Deleuze, Nietzsche y la filosofía (Barcelona: Editorial Anagrama,

1993) p. 14.

(17) "Un espíritu es un agregado de partes o componentes interactuantes." "[...]

...un proceso espiritual es siempre una secuencia de interacciones entre partes.

La explicación de los fenómenos espirituales debe residir siempre en la

organización e interacción de múltiples partes." Gregory Bateson, Op. cit., pp.

105-106.

(18) "En las cuestiones de la vida, señala Gregory Bateson, hay típicamente dos

sistemas energéticos en interdependencia: uno es el que utiliza su energía para

abrir o cerrar la canilla, válvula o relé; el otro es el sistema cuya energía

'fluye a través' de la canilla o válvula cuando esta se abre." Idem, p. 114.

(19) De acuerdo con Deleuze y Guattari, en un estrato geológico hay una "primera

articulación" que es la sedimentación, la cual amontona unidades de sedimentos

cíclicos según un orden estadístico: el flysch, con su sucesión de areniscas y

de esquistos. La "segunda articulación" es el plegamiento, que crea una

estructura funcional metaestable y asegura el paso de los sedimentos a las rocas

sedimentarias. Esta doble articulación es la base del funcionamiento de una

máquina de regla binaria o de régimen asociativo, de forma conectiva que posee

el modo "y", "y además"..., por la cual un mecanismo de producción de flujo

estará conectado a un sistema de cortes que a su vez producen otros flujos, y

así sucesivamente. El Antiedipo. Capitalismo y esquizofrenia (Barcelona: Barral,

1973) p. 15 y Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia, pp. 48-49.

(20) G. Deleuze y F. Guattari, Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. p. 48.

(21) "Ante todo, debemos notar que cualquier objeto, suceso o diferencia en el

llamado 'mundo externo' puede convertirse en fuente de información, siempre y

cuando sea incorporado a un circuito con una red apropiada de material flexible

en el que sea capaz de producir cambios. En este sentido, el eclipse solar, la

huella del casco de un caballo, la forma de una hoja de árbol, la mancha ocular

de la pluma de una pavo real - sea esto lo que fuere -, todas esas cosas pueden

ser incorporadas al espíritu si desencadenan tales ilaciones de consecuencias."

Gregory Bateson, Op. cit., p.123.

(22) A diferencia del equilibrio estable, que excluye la idea del devenir porque

corresponde al más bajo nivel de energía posible e implica que todas las

posibles transformaciones han sido adquiridas y cumplidas, la metaestabilidad

supone un alto potencial o potenciales de energía en un sistema determinado y la

consideración de un orden que se produce en íntima relación con una entropía

creciente. Gilbert Simondon da como ejemplo los estados de superfusión o

supersaturación que anteceden la génesis de los cristales. Un medio metaestable

es rico en potenciales de energía y no contiene materias formadas en tanto que

constituye el ser preindividual que precede el devenir del individuo. Una vez

que este proceso de plegamiento y estratificación se produce, el individuo no

sólo se adapta y actúa en condiciones de metaestabilidad sino que conserva el

equilibrio metaestable - medio interno y externo - como parte esencial de su

evolución. Gilbert Simondon, The Genesis of the Individual. (translated by Mark

Cohen and Sanford Kwinter) In: Incorporations (edit. By Jonathan Crary and

Sanford Kwinter) (New York: Zone, 1995) pp. 297-319.

(23) Cf. Ilya Prigogine, Le cerveau pense-t-il? En: Le nouvel Observateur

(concection-dossiers), 1996 y Sherry Turkle, Who am we? En: Wired, 4.01, Jan.

1996.

(24) La cita tomada de una traducción en inglés del original francés dice: "In

conclusion, I can put forward the hypothesis - analogous to that of quanta in

physics and also to that concerning the relativity between the levels of

potential energy - that it is fair to assume that the process of individuation

does not exhaust everything that came before (the preindividual), and that a

metastable regime is not only maintained by the individual, but is actually

borne by it, to such an extent that the finally constituted individual carries

with it a certain inheritance associated with its preindividual reality, one

animated by all the potentials that characterize it. Individuation, then, is a

relative phenomenon, like an alteration in the structure of a physical system.

There is a certain level of potential that remains, meaning that further

individuations are still possible. The preindividual nature, which remains

associated with the individual, is a source of future metastable states from

which new individuations could eventuate. According to this hypothesis, it would

be possible to consider every genuine relation as having the status of a being,

and as undergoing development within a new individuation. A relation does not

spring up between two terms that are already separate individuals, rather, it is

an aspect of the internal resonance of a system of individuation. It forms a

part of a wider system. The living being, which is simultaneously more and less

than a unity, possesses an internal problematic and is capable of being an

element in a problematic that has a wider scope that itself. As far as the

individual is concerned, participation here means being an element in a much

larger process of individuation by means of the inheritance of preindividual

reality that the individual contains – that is, due to the potentials it has

retained." Gilbert Simondon, Op. Cit. p. 306. Negrillas nuestras y cursivas del

autor.

(25) "Toda sociedad, pero también todo individuo, están, pues, atravesados por

las dos segmentaridades a la vez: una molar y otra molecular. Si se distinguen

es porque no tienen los mismos términos, ni las mismas relaciones, ni la misma

naturaleza, ni el mismo tipo de multiplicidad. Y si son inseparables es porque

coexisten, pasan la una a la otra, según figuras diferentes como entre los

primitivos y nosotros - pero siempre en presuposición recíproca la una con la

otra." G. Deleuze y F. Guattari, Op. cit., p. 218.

(26) Idem, p. 214.

(27) G. Deleuze y F. Guattari, Op. cit., p. 167.

(28) Hacemos referencia al Principio de Incertidumbre desarrollado en mecánica

cuántica como una teoría que sostiene la imposibilidad de especificar

simultáneamente con precisión la posición y el momento de una partícula. El

principio de indeterminación, como también se le llama, supone que una mayor

exactitud en la determinación de una cantidad tendrá como consecuencia una menor

precisión en la medición de la otra, y que el producto de ambas incertidumbres

nunca es menor que la denominada constante de Planck. El principio de

indeterminación explica por qué en mecánica cuántica el cálculo de

probabilidades reemplaza los cálculos exactos de la mecánica clásica.

(29) Seguimos aquí el problema ilustrado por Schrödinger mediante su famoso

experimento mental del gato. De acuerdo con la mecánica cuántica, las partículas

saltan de un punto a otro ocupando varios lugares a la vez a una mayor velocidad

que la de la luz. Schrödinger se preguntaba por qué los gatos, estando

constituidos por partículas atómicas, no respondían a la misma conducta incierta

cuando más bien obedecían a comportamientos predecibles de acuerdo con las leyes

clásicas cuantificadas por Isaac Newton. El modelo del llamado "gato de

Schrödinger" representa un suceso cuántico amplificado del cual se hacía

depender el envenenamiento de un gato, es decir, que su vida estaba sujeta a la

dirección que tomara una partícula emitida por la desintegración de un núcleo

atómico, en cuyo caso se dispararía un mecanismo que abriría el depósito de la

sustancia antifelino. Cf. Murray Gell-Mann, Op. Cit., p.172. También Philip Yam,

Bringing Schödinger’s Cat to Life. In: Scientific American, June 1997.

(30) Las investigaciones acerca de los límites y las transiciones entre el campo

cuántico y la esfera de la física clásica están en el centro de los trabajos de

David Pritchard y otros experimentalistas del Massachusetts Institute of

Technology. James Hartle y Murray Gell-Mann forman parte de un grupo

internacional de físicos que intentan elaborar una interpretación de la mecánica

cuántica aproximada al dominio cuasiclásico de la experiencia cotidiana,

mediante la teoría de las historias múltiples alternativas del universo y la

decoherencia, respecto a la cual Wojciech Zurek (Los Álamos National Laboratory)

es uno de su líderes exponentes.

(31) Para una ampliación de esta polémica recomendamos al lector el astringente

trabajo de Félix Guattari, La révolution moléculaire (Fontenay-sous-Bois:

Recherches, 1977).

(32) Vale la pena recordar la sentencia con la cual Foucault rechaza la

concepción jurídica del poder, el modelo fundado en el sistema Soberano-Ley, en

el personaje del Príncipe, que durante tanto tiempo ha fascinado y sigue

fascinando al pensamiento político: "Se trata en suma de orientarse hacia una

concepción del poder que, al privilegio de la ley, lo sustituya por el punto de

vista objetivo, al privilegio de lo prohibido por el punto de vista de la

eficacia táctica, al privilegio de la soberanía, por el análisis de un campo

múltiple y móvil de relaciones de fuerza donde se producen efectos globales,

pero nunca totalmente estables, de dominación. El modelo estratégico, más que el

modelo del derecho." El texto original dice: "Il s’agit en somme de s’orienter

vers une conception du pouvoir qui, au privilège de la loi, substitue le point

de vue de l’objectif, au privilège de l’interdit le point de vue de l’efficacité

tactique, au privilège de la souveraineté, l’analyse d’un champ multiple et

mobile de rapports de force où se produisent des effets globaux, mais jamais

totalment stables, de domination. Le modèle stratégique, plutôt que le modèle du

droit." Histoire de la sexualité. La volonté de savoir (Saint-Amand: Gallimard,

1994) p. 135.

(33) "Puede ser sensato no tomar como un todo la racionalización de la sociedad

o la cultura, sino analizar tal proceso en distintos campos, cada uno en

referencia a una experiencia fundamental: locura, enfermedad, muerte, crimen,

sexualidad, y así sucesivamente." Originalmente dice: "It may be wise not to

take as a whole the rationalization of society or of culture, but to analize

such a process in several fields, each with reference to a fundamental

experience: madness, illnes, death, crime, sexuality, and so forth." Michel

Foucault, The Subject and Power. In: Hubert L. Dreyfus and Paul Rabinow, Michel

Foucault: Beyond Structuralism and Hermeneutics (Chicago: The University of

Chicago Press, 1983) p. 210.

(34) "Ninguna infra- o superestrucutra, ningún ciclo Maltusiano, ninguna

oposición entre estado y sociedad civil: ninguno de estos esquemas que las

operaciones de los historiadores, explícitas o implícitas, han reforzado en los

últimos cien o ciento cincuenta años". El texto original dice: "No infra- or

superstructure, no Malthusian cycle, no opposition between state and civil

society: none of these schemas which have bolstered historians’ operations,

explicitly or implicitly, for the past hundred or hundred and fifty years."

Michel Foucault, Questions of method. In: The Foucault Effect. Studies in

govermentality. (Chicago: The University of Chicago Press, 1991) p. 85.

(35) "La condición de posibilidad del poder, en todo caso el punto de vista que

permite hacer inteligible su ejercicio, hasta en sus efectos más 'periféricos',

y que permite también utilizar sus mecanismos como grilla de inteligibilidad del

campo social, no tenemos que buscarla en la existencia primera de un punto

central, en un foco único de soberanía de donde irradiarán las formas derivadas

y descendientes; es el plano móvil de relaciones de fuerzas que inducen sin

cesar, por su desigualdad, los estados de poder, pero siempre locales e

inestables." Originalmente dice: "La condition de possibilité du pouvoir, en

tout cas le point de vue qui permet de rendre inteligible son exercise, jusqu’en

ses effets le plus ‘périphériques’, et qui permet aussi d’utiliser ses

mécanismes comme grille d’intelligibilité du champ social, il ne faut pas la

chercher dans l’existence permière d’un point central, dans un foyer unique de

souveraineté d’où rayonneraient des formes dérivées et descendantes; c’est le

socle mouvant des rapports de force qui induisent sans cesse, par leur

inégalité, des états de pouvoir, mais toujours locaux et instables." Michel

Foucault, Histoire de la sexualité. La volonté de savoir (Saint-Amand: Editions

Gallimard, 1994) p. 122.

(36) "El Estado no es un punto de carga con los otros, sino una caja de

resonancia para todos los puntos. E incluso cuando el Estado es totalitario, su

función de resonancia para los centros y segmentos distintos no cambia:

únicamente se produce en condiciones de 'aislamiento' que aumenta su repercusión

interna o refuerza la 'resonancia' con un 'movimiento forzado'". G. Deleuze y F.

Guattari, Op. Cit., pp. 227-228.

(37) Cf. Felix Guattari, L'inconscient machinique. Essais de schizo-analyse

(Clamecy: Editions Recherches, 1979).

(38) A user's guide to Capitalism and Schizophrenia. Deviations from Deleuze and

Guattari (Massachusetts Institute of Technology, 1996).

(39) A user's guide to Capitalism and Schizophrenia. Deviations from Deleuze and

Guattari (Massachusetts Institute of Technology, 1996)

(40) G. Deleuze y F. Guattari, El Antiedipo. Capitalismo y esquizofrenia, p.

146.

(41) En otro lugar y refiriéndonos a la formación y el desarrollo de máquinas

técnicas, hemos afirmado que no podemos considerar a la máquina técnica como un

segmento separado del conjunto técnico al que pertenece, o fuera de su relación

con la máquina social que la hace posible y necesaria; o separada de la máquina

abstracta o diagrama mental que precede a su materialización (planos, fórmulas,

ecuaciones, cálculos); sin implicar a los equipos humanos, técnicos y

científicos, que la ponen en funcionamiento; o a la máquina política que

invierte ciertos componentes subjetivos en su producción (intereses, estrategias

de poder, intenciones, deseos), así como tampoco, sin tomar en consideración al

conjunto de normas, regulaciones y enunciados de todo tipo (jurídicos,

científicos, éticos) ligados intrínsecamente a su puesta en funcionamiento; o

desvinculada de las máquinas informacionales y masmediáticas que la usan en la

creación de universos de valor, o simplemente la ofrecen y la venden como

producto en los mercados de la imagen; o abstraída de esa otra máquina deseante

que es el cuerpo humano, compuesta de órganos, flujos, humores y segregaciones.

(42) "Es en el capital-dinero donde el capital se convierte en mercancía cuya

cualidad de propia valorización tiene un precio fijo, plasmado en el tipo de

interés vigente en cada momento. (…)El dinero es precisamente la forma en que se

esfuman las diferencias entre las mercancías como valores de uso y también, por

tanto, las diferencias entre los capitales industriales formados por estas

mercancías y sus condiciones de producción; es la forma en que existe el valor -

y aquí el capital - como valor de cambio independiente. (…)la plusvalía

engendrada por él, que aquí vuelve a presentarse bajo la forma de dinero, se le

antoja como algo que a él mismo le corresponde como tal." Karl Marx, El Capital,

III (México: Fondo de Cultura Económica, 1972) pp. 374-375 y en general Cap.

XXIV.

(43) Op. Cit., p. 257.

(44) Podríamos decir que las consecuencias de todos estos procesos evolucionan

de manera contingente. El propósito del Departamento de Estado era prevenir el

control soviético sobre los sistemas de comunicación norteamericanos en caso de

una guerra nuclear. El resultado, una red de comunicaciones horizontal y

descentralizada a escala planetaria, ha traído nuevas preocupaciones a los

centros de poder, incapaces establecer controles y vigilancia global sobre el

sistema.

 

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