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Edgelit

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Edgelit/Borde.de.luz

Adagio de Habanoni


Fotografías de Silvia Corbelle y Orlando Luis Pardo

mi habanemia

La Habana puede demostrar que es fiel a un estilo.

Sus fidelidades están en pie.

Zarandeada, estirada, desmembrada por piernas y brazos, muestra todavía ese ritmo.

Ritmo que entre la diversidad rodeante es el predominante azafrán hispánico.

Tiene un ritmo de crecimiento vivo, vivaz, de relumbre presto, de respiración de ciudad no surgida en una semana de planos y ecuaciones.

Tiene un destino y un ritmo.

Sus asimilaciones, sus exigencias de ciudad necesaria y fatal, todo ese conglomerado que se ha ido formando a través de las mil puertas, mantiene todavía ese ritmo.

Ritmo de pasos lentos, de estoica despreocupación ante las horas, de sueño con ritmo marino, de elegante aceptación trágica de su descomposición portuaria porque conoce su trágica perdurabilidad.

Ese ritmo -invariable lección desde las constelaciones pitagóricas-, nace de proporciones y medidas.

La Habana conserva todavía la medida humana.

El ser le recorre los contornos, le encuentra su centro, tiene sus zonas de infinitud y soledad donde le llega lo terrible.

Lezama

habanera tú

habanera tú
Luis Trapaga

El habanero se ha acostumbrado, desde hace muchos años, a ese juego donde silenciosamente se apuestan los años y se gana la pérdida de los mismos.

No importa, “la última semana del mes” representa un estilo, una forma en la que la gente se juega su destino y una manera secreta y perdurable de fabricar frustraciones y voluptuosidades.

Lezama

puertas

desmontar la maquinaria

Entrar, salir de la máquina, estar en la máquina: son los estados del deseo independientemente de toda interpretación.

La línea de fuga forma parte de la máquina (…) El problema no es ser libre sino encontrar una salida, o bien una entrada o un lado, una galería, una adyacencia.

Giles Deleuze / Felix Guattari

moi

podemos ofrecer el primer método para operar en nuestra circunstancia: el rasguño en la piedra. Pero en esa hendidura podrá deslizarse, tal vez, el soplo del Espíritu, ordenando el posible nacimiento de una nueva modulación. Después, otra vez el silencio.

José Lezama Lima (La cantidad hechizada)

Medusa

Medusa
Perseo y Medusa (by Luis Trapaga)

...

sintiendo cómo el agua lo rodea por todas partes,
más abajo, más abajo, y el mar picando en sus espaldas;
un pueblo permanece junto a su bestia en la hora de partir;
aullando en el mar, devorando frutas, sacrificando animales,
siempre más abajo, hasta saber el peso de su isla;
el peso de una isla en el amor de un pueblo.

la maldita...

la maldita...
enlace a "La isla en peso", de Virgilio Piñera

La incoherencia es una gran señora.

Si tú me comprendieras me descomprenderías tú.

Nada sostengo, nada me sostiene; nuestra gran tristeza es no tener tristezas.

Soy un tarro de leche cortada con un limón humorístico.

Virgilio Piñera

(carta a Lezama)

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Luis Trápaga

ay

Las locuras no hay que provocarlas, constituyen el clima propio, intransferible. ¿Acaso la continuidad de la locura sincera, no constituye la esencia misma del milagro? Provocar la locura, no es acaso quedarnos con su oportunidad o su inoportunidad.

Lezama

Luis Trápaga Dibujos

Luis Trápaga Dibujos
Dibujos de Luis Trápaga

#VJCuba pond5

Pingüino Elemental Cantando HareKrishna

Elementary penguin singing harekrishna
o
la eterna marcha de los pueblos victoriosos
luistrapaga paintings
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Libertad para Danilo

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Apr 16, 2017

Persecusión y censura: declaración de casa-galería El Círculo, abril 16, 2017

 

El sábado 15 de abril de 2017, desde las 7 pm, más de 50 invitados, amigos y público en general fueron interceptados por agentes paramilitares y oficiales en un desproporcionado operativo policial en las esquinas adyacentes a la casa-galería El Círculo, situada en calle 10 #316 e/ 13 y 15 del Vedado, donde tendría lugar la proyección del documental NADIE del joven cineasta Miguel Coyula sobre el poeta cubano Rafael Alcides, exhibido en nuestro espacio el 8 de diciembre del año pasado, con amplísima asistencia, el último día del festival de cine de La Habana. 


Les pidieron identificación y los nombres que no aparecían en una lista que tenían, eran apuntados. No dieron muchos motivos para impedirles el paso, simplemente los intimidaron con amenazas directas a su seguridad personal. El vecindario estuvo atento y tranquilo un sábado en la noche, donde es habitual la fiesta y la música alta, manifestando la cultura del terror en un comportamiento obediente

Sitiaron una casa donde solo se encontraba una anfitriona del espacio, Lia Villares, con su madre de 75 años que apenas puede caminar, para impedir llegar a nadie a un simple evento cultural fuera de las instituciones censoras del gobierno.  

Somos un espacio político porque nos interesa y compromete el porvenir de nuestra nación y promover una cultura que se sigue censurando a pesar del conocimiento y mirada internacionales. Es aquí donde vivimos, donde intentamos trabajar y es aquí donde tenemos una responsabilidad moral con nuestro presente y futuro. 

Nuestras libertades se violan diariamente, las 24 horas, mientras el vergonzoso coqueteo diplomático de las naciones libres con un régimen totalitario legitima su accionar impune y criminal. 

Nosotros tratamos de ejercer nuestros coartados derechos, y los que nos persiguen descaradamente gozan del amparo y aprobación tácita de quienes buscan proteger sus intereses comunes con el régimen castrista: esta actitud nos parece indigna y deplorable. 


Somos un grupo de artistas que decidimos expresarnos sin irnos a ninguna parte, por lo que nos niegan los derechos más elementales, a veces la mera existencia, nos aíslan, invisibilizan, amedrentan a nuestro público, en ocasiones son arrestados solo por asistir al lugar, todo lo que contradice el discurso oficial de tolerancia y respeto hacia la diferencia

Tenemos derecho a participar y ser parte de la cultura nacional, cuestionar y debatir nuestros problemas es nuestra más fuerte razón de ser. Con toda la persecusión y la censura aplicadas, no han logrado resignarnos a la condena de impotencia y ostracismo impuestos.   

Cada día hay un nuevo intercambio cultural de las instituciones gubernamentales con importantes centros universitarios de Estados Unidos y otros muchos países, que obvian una realidad de artistas perseguidos y censurados que resisten en Cuba.   
    
Expresamos nuestra más profunda indignación ante este acto violatorio de los derechos civiles, políticos y culturales de los ciudadanos cubanos. 

Ratificamos nuestra convocatoria permanente a los que quisieran venir a ver materiales similares a los de Coyula, que narren la realidad represiva que vive Cuba bajo el castrismo desde hace casi 60 años. 

Estamos abiertos todas las noches a partir de las 8 pm. 


--
@liavillares
hechizamiento habanémico
(habanemia.blogspot.com)
...
Grito, luego existo
(Reinaldo Arenas)
...
Crear es Resistir
(Gilles Deleuze)
...
#freecuba
instagram.com/dreamerellas
...
#TaniaBruguera: #Cuba, #PatriayLibertad
https://www.youtube.com/embed/EnNkDsMIzNU
#INSTAR
artivismo.org
...
#SiTúDecidesCubaDecide
https://cubadecide.com/plebiscito/

...
Oración a la Tolerancia
(tomada y adaptada de Ritual art-dE, grupo de artistas y abogados de 1989)

Señora, haz de mí una fuerza de paz, no de desunión
por discrepancias estéticas, ideológicas o religiosas.

Concédeme el valor sostenido en los momentos difíciles
No me dejes caer en la hipocresía y el miedo ante la
censura, la represión y la marginación a que otrxs
quieren someterme por defender mis derechos y mi libertad.

Perdónalxs!

Concédeme oh divina deidad, la razón y la lucidez
para comprender y respetar las ideas de los otrxs.
Ayúdame a defender la diversidad y la opcionalidad
como auténtica forma de unidad entre nosotrxs.
Enséñame a no ser autoritarix y despóticx, aléjame del dogma.

Concédeme, señora, la firmeza y haz que mi verdad y mi conciencia
no se corrompan. Señora, perdona a quienes se dejan comprar,
a los que no entienden que la libertad cultural de unxs
no puede hacerse con la opresión ideológica de otrxs.

Aunque saben lo que hacen, perdónalxs!

Señora Tolerancia, líbrame de la adulación y la falsedad,
santifica mi firmeza horizontal, ya sea en el cielo como en la tierra
para que tu reino viva en cada persona, en cada cubanx, en cada artista.

Jun 19, 2016

Luis Trápaga: Crónica de un domingo cualquiera


El 18 de junio 2016 yo, Luis Trápaga, artista, fui citado oficialmente a la estación policial de Zapata y C por el instructor que se hace llamar Luis Alberto Pérez Rodríguez, con motivo de tener una “entrevista” conmigo. Un motivo débil para una citación oficial, de hecho, un motivo casi ilegal.

―Usted sabe que si no asiste a la citación tiene 50 pesos de multa.
―Pero yo asistí, aquí estoy.
―Pero llegó muy tarde y yo casi me iba, y para la próxima lo buscaremos con un patrullero y además tiene 50 pesos de multa por no asistir a la primera citación.
El agente Luis Alberto Pérez Rodríguez, siempre de civil, quien domingo tras domingo según sus propias palabras, tiene montado un operativo policial en los bajos de mi casa para impedir que salgamos yo y mi pareja Lia Villares, por la sospecha de que se nos ocurra asistir al parque Gandhi, frente a la iglesia de Santa Rita -en 26 y 5ta Avenida, Miramar- a acompañar a las Damas de Blanco durante las acciones, cívicas y pacíficas, de la campaña #TodosMarchamos, convocada por el ForoDyL.
La razón de la “entrevista” según el agente, era explicar que este operativo policial no se levantaría hasta tanto tuvieran la certeza de que no inténtasemos ir nunca más a Miramar los domingos, y recalcar en tono de amenaza (aun sutil) que eso limitaría nuestro movimiento a cualquier lugar todo lo que durara cada mañana dominical, pues en cuanto saliéramos, seríamos arrestados.
Reclamé que eso era una violación sin ninguna base legal, pues salir de mi casa es un gesto de libertad elemental que no se puede limitar a ningún ciudadano a no ser que tenga alguna sentencia que cumplir, que no es el caso. El policía político respondió que entonces estaríamos cometiendo un delito contra la seguridad del estado.

―Y ustedes van a asistir a lo de hoy a las 7?
―Lo de hoy a las 7?
―Lo de Tania Bruguera
―Pienso que si, pero eso es una fiesta no?
―Si una fiesta, sabemos que ustedes están colaborando con el proyecto de Tania
―Y hay algo mal en eso?
―Lo de Tania Bruguera ya veremos, pero que quede claro que no hay más Santa Rita y no hay más Todos Marchamos, ya se acabó Todos Marchamos y se acabó Estado de Sats.
―Hace unos 5 años aproximadamente un agente me dijo en una entrevista como esta que se había acabado Estado de Sats, y de hecho estaba comenzando, hasta hoy.
―Pero ahora sí se acabó.

También nos exhortó a que nos dedicáramos al arte que era lo que debíamos hacer y dejar a un lado la política que no es lo nuestro, y que si insistíamos en asistir a #TodosMarchamos o a cualquier actividad del Foro o de Estado de Sats, entonces él personalmente tomaría medidas para impedir que Lia viajara próximamente a unos conciertos previstos en Buenos Aires, como parte de unas presentaciones de la banda Porno Para Ricardo, y que esto era una certeza pues al fotógrafo Claudio Fuentes lo habian arrestado recientemente cuando se dirigía al aeropuerto para impedirle viajar a Colombia un evento sobre derechos humanos al cual estaba invitado como parte de un grupo de activistas pacíficos, de lo cual estaba advertido de antemano, y asi mismo ocurriría con Lia si persistía en lo que él siguió llamando actividades en contra de la seguridad del estado.

―Le hace saber a su esposa Lianelis que estos días 19, 20, 21 no les vamos a perder pie ni pisada.
―Y eso por qué?
(El agente hizo un gesto ambigüo, desentendiéndose)

Le dije que eso era otra violación que no se ajustaba a ninguna ley y que era un acoso policial sin motivo alguno. El agente replicó que se le permitiría viajar si a él le daba la gana.
Volví a inquirirle que eso no se correspondía para nada con los criterios revolucionarios del gobierno que él decía representar, sino que más bien se parecía a cualquier comportamiento paramilitar que han ejercido siempre las dictaduras latinoamericanas o en cualquier otro lugar donde hubiera un régimen totalitario. El agente dijo sentirse ofendido al cuestionársele su condición revolucionaria.

―Si esto fuera una dictadura de esas aquí ya habría muchos muertos, y ustedes probablemente estarían muertos.
―Al parecer no han tenido la necesidad de llegar a los extremos, aunque sí, ya tienen algunos.
―Cuáles?
―Oswaldo Payá
―Y ese quién es?
―Usted sabe perfectamente quién es Oswaldo Payá
―Ah, sí, ese que se murió en un accidente…

El agente de la seguridad del estado, Luis Alberto Pérez Rodríguez cumplió su promesa de hacerse presente como cada domingo en los bajos de mi vivienda. Hoy es el día de los padres, y cuando nos vio en la calle (pues regresábamos de la fiesta de la artista Tania Bruguera) nos dijo con ansiedad: ellos están y estarán aquí, señalando a los policías uniformados en la patrulla: su manera de decir que no nos podíamos escapar de la vigilancia, aunque ni siquiera estuviésemos dentro de la casa, y de evidenciar que él no tiene la suficiente autoridad (moral ni oficial) como para ejecutar semejante asedio por sí mismo.

Jun 10, 2016

Danilo Maldonado: Quiero inspirar a los míos: regalar ganas de cambio


Tendrás tu propio estudio...

En Cuba no puedes alquilar una casa para hacer una exposición o un concierto porque van y amenazan a los dueños, o los mismos dueños se asustan cuando se trata de personas incómodas como nosotros, abiertamente disidentes y anticastristas. Nos ha pasado en numerosas ocasiones. El régimen hará todo lo posible para que no se pueda realizar la exposición o para que no vaya nadie: limitando la libertad de movimiento de todo público posible.
Es muy difícil cuando no tienes un lugar propio para trabajar, por eso me decidí a empezar a construir mi propio estudio, encima de la casa de mi familia. Un proyecto así lleva muchos recursos y tiempo. Supe que a Tania Bruguera le retiraron el permiso de construcción: ella estaba terminando su instituto de artivismo. Yo no voy a pedir permiso para hacer mi estudio. Lo empecé y lo terminaré aunque no le guste al MINCULT1.
Ahora me encuentro absorto en el proceso de construcción: es todo lo que estoy haciendo.
Arreglar ese espacio propio que en el futuro se convertirá en el lugar donde daré clases a los niños de mi comunidad: talleres de artes plásticas. Quiero que vengan simplemente aquí a pintar y también les pondré películas y traeré libros. Creo que será muy lindo porque podré inspirar a la gente que me rodea, a los que me conocen desde siempre, porque saben que allí fue donde me crié. Ellos podrán ver la evolución de quien fui y quien soy y en qué consiste mi trabajo como artista contestatario. Porque eso es lo que seguiré haciendo y pienso que estaría dándole esperanza a la gente del barrio, como un ejemplo de ejercicio de libertad en un país donde te controlan siempre.
Quiero hacer una escultura en el frente: un motorizado en una Zuzuki2 mirando por la ventana como espiando hacia adentro, para evidenciar la vigilancia a la que sigo sometido.


Esperas ser arrestado de nuevo? Fuiste siempre un artista político?

Por supuesto espero seguir teniendo conflicto con las autoridades. Pero ocupo mi tiempo y energía en todo lo que tengo que hacer para levantar mi estudio y en todo el trabajo que tengo por delante. Ellos que hagan su trabajo que yo sigo haciendo el mío. Tratando siempre de avanzar lo más posible comportándome libremente y hacer de la libertad un ejercicio diario y que mi barrio vea que se puede vivir en libertad si te lo propones.
Si creo que fui consciente siempre desde el punto de vista social. Aquí en Cuba no veo cómo se discierne lo social de lo político: pienso que todo es político. Mi arte se alimenta de ambas cosas.


Tu experiencia en Valle Grande

En prisión estuve rodeado de delincuentes comunes, pero los delitos allí tienen castigos muy severos. Sigo diciendo que para mí es una escuela porque allí conozco más a los cubanos y a la injusticia desproporcionada del castrismo. Conocí gente cumpliendo años realmente por nimiedades, como recoger latas en la calle. Cosas absurdas, gente presa por gusto, personas que solo trataban de salir adelante con pequeños negocios como ferreterías que hacen la competencia al estado porque venden más barato y ofrecen más mercancía. Aquí aplican la llamada Ley del Vago o la Peligrosidad Predelictiva: son gente que simplemente no trabaja para el gobierno porque no quiere: trabaja, pero no para el estado: vendían quizás cosas sin licencia, practican oficios múltiples como albañilería, son boteros3 nocturnos en discotecas privadas... y por no ser una “plantilla” del gobierno te pueden echar cuatro años de prisión. Fue bueno conocer que casi todos los “delincuentes comunes” en Cuba son perfectamente gente emprendedora, gente luchadora.
Mientras los que roban, arrebatan cadenas, violan, matan, son minoría.
La experiencia en prisión está vinculada completamente con lo que me propongo hacer, mi arte se vio enriquecido de una manera especial, porque yo tengo un compromiso social y lo que quiero es lograr un mayor entendimiento y aumentar la sensibilidad colectiva respecto a estos y otros temas.
Son cosas de Cuba que mucha gente no conoce, es un fenómeno real ignorado por muchos.


Qué es para ti un artivista?

Un tipo que siempre está metido en problemas. (Risas)
Para mí un artivista es una persona que se preocupa por los demás. Una persona que realmente practica la filosofía de “no hagas a nadie lo que no te gusta que te hagan”. Y si no quieres ser aplastado solo por tu forma de pensar, molestado a cada minuto por lo que haces, tiene que importarte también que no se le haga lo mismo a nadie. Si sufres represión y te quedas callado les estás dando la oportunidad de continuar reprimiendo. Un artivista es importante porque es quien nunca se quedará en silencio y le hará ver a los otros la complicidad, inmoral, con el totalitarismo.



Piensas que es responsabilidad del gobierno protegerte a ti como artista?

Yo creo que el gobierno lo que debería es irse. Yo no quiero que nadie me proteja por hacer arte. Mi arte debe ser respetado, aceptado. El respeto es lo que necesitamos con urgencia, cuando todos se respeten no hará falta protección, porque tus derechos, los más elementales, estarán a salvo, principalmente la libertad de expresarte como te de la gana.
Los represores son tipos cortos de mente, mutiladores de sueños, anuladores de personas, maquinadores mentales que están quitando lentamente todo el espacio a un pueblo que ama su tierra pero rechaza donde vive por las circunstancias. El desastre es parejo. Todos saben quién es el culpable pero deciden irse. Tampoco es que tengan demasiadas opciones, para dónde cogen si les cortan todas las vías. Sus leyes nos oprimen, nos asfixian, pero todos escapan cuando tienen la primera oportunidad. Cuando los que deberían irse de una vez son los Castro, para que el pueblo respire por fin libre de tiranos y no se ocupe solo del sobrevivir básico a diario.


Censura artística...

En Cuba se censura a los artistas de diferentes formas. Las más simple es no ofertar ningún tipo de materiales a quienes no estén registrados en el sistema oficial (ACAA4, Asociación Hermanos Saíz, Fondo de Bienes Culturales, estudiantes de academias como San Alejandro, etc.) Aunque yo tenga dinero, la tienda no me venderá ni un tubo de acrílico si no les muestro mi carné de asociado a alguna de esas falanges gubernamentales. Ellos aluden a la escasez, pero por supuesto siempre hay contrabando por detrás, o si eres un artista muy famoso y dejas una propina considerable a lo mejor no te piden el carné. O sea, si no perteneces al grupo de artistas oficialistas, que solo legitiman la censura que practican esas instituciones, tú no puedes hacer una exposición porque todas las galerías son del gobierno, todos los materiales los tienen ellos. Tengo que comprarlo todo a sobreprecio por “la izquierda” y tengo que hacer mi propio espacio doméstico para mostrar mi arte.
Por eso siempre pensé en la calle como espacio de trabajo. Pero vas preso si pintas en la calle: te persiguen, te acosan, te registran y te quitan todo lo que tengas así sea una crayola. He sido presa de registros policiales y se han llevado cada spray y cada cartulina. Las obras referentes a los dictadores nunca las han devuelto. Me pregunto qué harán con todo eso. Esa es la vida del artista cubano cuando empieza a pensar en la libertad, cuando se preocupa por la verdadera voz del pueblo: yo no soy un caso especial, como yo hay muchos que han sido silenciados a la fuerza, anulados y censurados de todos los espacios oficiales, solo por tener voz propia. Yo simplemente no quiero que eso siga repitiéndose. Lo que me pasa a mí pasa a muchos. La censura se multiplica y yo quiero que mi obra tenga que ver con los que no pueden hablar, con los que tienen miedo, con los que se arrastran por un poco de atención en galerías como el show grandísimo que ha montado la Fábrica5: son artistas que han “entrado por el aro”. Allí no vas a ver una obra muy real, vas a ver cosas decorativas y algunos temas “calientes” trabajados con sumo cuidado. Todo lo que allí se muestra ha sido pasado por un filtro. Los artistas se entrenan en la autocensura, eso forma parte de su formación artística. Ya van listos con obras políticamente correctas. Hay un montón de artistas que no dicen nada, no invitan a pensar, solo se preocupan en vender cosas lindas a los extranjeros o coleccionistas que vienen porque el país se puso de moda. Compran porque “parece que es verdad que en Cuba está cambiando la cosa”: obras que hablan de falsos cambios, hechas por artistas profundamente mentirosos.
Me ofende mucho que no dejen entrar a Cuba al artista Aldo Menénez, que hizo una petición online de firmas para el libre acceso a internet. Nadie es quién para negarte del derecho a entrar a tu país.


Hay un gremio realmente alternativo? Se solidarizan unos con otros?

El único gremio que he conocido está formado por Gorki Águila, Lia Villares, Claudio Fuentes, Ailer González, el Chino Novo, Tania Bruguera, David D´Omni, Luis Eligio Pérez, Kizzy Macías, Aldo Menéndez, yo mismo: Danilo Maldonado. No conozco a mucha gente que haga arte alternativo “de verdad” aquí. Nadie está para que lo cojan preso cada cinco minutos: hay quien te dice que es tu amigo pero tengo que respetarle las distancias ideológicas, porque lo puedo meter en líos, como si yo estuviera realmente en malos pasos, como si hiciera cosas ilegales o fuera un delincuente. Solo fue a verme a prisión Tania, con Lia, que llevaba la campaña por mi liberación, y Gorki. Esas son las personas que conozco que se preocupan por alguien más que no sean ellos mismos, gente que hace arte libre sin importarle las consecuencias. Los otros normalmente no quieren ni hablar del tema. Yo no quiero juzgarlos pero su actitud es bien cobarde, al final son cómplices de una dictadura a la que no le importa el arte y mucho menos los artistas si no se repliegan a sus intereses del control humano a perpetuidad. Nunca me sentí solo en Valle Grande porque sabía que mis amigos, artistas de la resistencia ellos mismos, no descansarían ante la injusticia, porque, ya te dije, es pareja para todos y cuando violan los derechos de un solo artista equivale a violar los derechos de todos. La solidaridad es la clave para salir adelante y hacer posible el sueño, rescatarlo.


El arte debe disentir?

       Por supuesto. Yo no quiero ir a una galería a ver algo que me diga lo grande que es esta “revolución”, 57 años más tarde. Cuando me rodea la miseria, la hipocresía y el maltrato. El arte irresponsable tiene a ser manipulador, hedonista, mentiroso por naturaleza, se miente a sí mismo. No le veo sentido. Los artistas deben ser críticos todo el tiempo, sino que se dediquen a otra cosa: este es un oficio peligroso. Es un compromiso con los demás pero principalmente contigo mismo: debes ser lo más honesto y transparente posible contigo mismo.


El Sexto es un antihéroe?

Pudiera ser, yo lo veo así. Un tipo común y corriente. Cualquiera, un tipo friki, que puede vivir al lado de tu casa. Le gusta divertirse y ver los colores de la vida. Yo quiero voltagear a la gente para que busquen también la manera de ser más libres.
Qué tipo de arte consumes?

Me gusta mucho la historia del arte. Consumo todo tipo de estilos de todo tipo de épocas. El graffiti porque tiene que ver con mi trabajo. Ahora estoy más inclinado al arte interdisciplinario, los performances me encantan. He estado interesado en el arte mexicano actual. De Cuba me gusta la obra de Carlos Martiel, Sandra Ceballos, Ezequiel Suárez, Hamlet Lavastida, OmniZonaFranca, Ángel Delgado, Aldito Menéndez (Arte Calle en los ochenta): son los maestros, han sabido vivir en libertad durante muchos más años que yo, y han sabido ejercerla, porque es una prácica que no solo debe ser practicada sino perfeccionada cada dia, exigirle cada vez más y empujar los límites siendo todo el tiempo consecuentes, honestos desde adentro.


Qué le dirías a los curadores, coleccionistas fascinados con Cuba?

Están comprando una obra que está completamente contaminada de mentiras, una obra desfazada. No veo lógico que en tiempos de dictadura haya artistas pintando a favor del régimen. O que permanezcan indiferentes a la la censura, a que puede ir preso un artista simplemente por intentar un performance que critica al gobierno, a la situación de violencia continua que sufren defensoras de derechos humanos como las Damas de Blanco. Así que para mí es una obra de mentiras la que estarían comprando, y por tanto tendrán una gran colección de mentiras. Ningún coleccionista respetado puede caer en la inmoralidad de desconocer la situación real de los derechos de los cubanos, y de los artistas.


Qué intentó Kcho contigo?

Reclutarme. Domesticarme. Parece que así ha funcionado con muchos artistas, empezando por él mismo. Seguramente él recibió buenas amenazas por parte de las autoridades cuando era contestatario. Siempre amenazan, a tu familia, con no poder salir del país, como si lo que yo quisiera hacer no estuviera aquí mismo. La obra de Kcho fue perdiendo fuerza porque dejó de ser consecuente consigo mismo. No se exigió justicia para sí mismo. La herramienta es eficaz. Si actúas según los intereses institucionales podrás tenerlo todo: dinero y fama, reconocimiento en los medios nacionales, privilegios de los que nadie más goza. Yo no quiero esos privilegios, o en todo caso no así. El único privilegio que merece todo el pueblo de Cuba es vivir en libertad. No significa que yo no llegue a tener fama y dinero, que reniegue de eso: vivir en libertad significa tener la conciencia limpia, no sentirme cómplice de los abusos del poder, dormir tranquilo sintiéndome libre, ayudando a los míos, y no aislado otra vez en la celda de castigo. No imponerse por encima de nadie, respetar a los otros, no dejar que le pisoteen a más nadie ningún derecho.
Ahora Kcho sale en el noticiero porque le dedicó en Francia una obra a Fidel y a Raúl. Yo también le dediqué una obra a esos cabrones, pero la mía no será mencionada en nigún medio nacional. Por ella cumplí 10 meses de prisión y me soltaron justo el día nacional de la cultura. Tania recibe premios y el título Honoris Causa del Instituto de Arte de Chicago y tampoco la mencionan por ningún lado, aunque el museo de Bellas Artes tenga una obra suya colgada en la pared (el mismo museo que le prohibió la entrada durante la Bienal de la Habana pasada) ella no existe: nosotros no existimos porque nos enfrentamos directamente a ellos y la manera que tienen de castigarnos es borrarnos o meternos en la cárcel.
Yo pienso que el artista necesita mención y reconocimiento, porque se alimenta un poco de eso. Pero yo no hago esto para que me mencionen, lo hago porque me siento bien haciéndolo y la paso de maravilla. Yo he decidido no tener superiores. No recibir órdenes porque no soy militar. Trato de dar luz a los que se pierden en la oscuridad, quiero tratar de inspirar con mi simple comportamiento a los demás que están a mi alrededor como zombies: si yo puedo, si yo he podido: entonces tú puedes porque yo no soy de Marte. Esa sería mi obra ideal: regalar ganas de cambio.


Qué país quieres para Renata?

Mi última obra es para ella. Estoy materializando todo el amor que pongo en hacerle retratos. Cuando alguien se interesa por estos y los compra, yo convierto ese dinero en oro, literalmente. Esto materializa mi cariño hacia ella. La gente a veces no cree en lo que no ve: yo voy a hacer una serie de cuadros de mi hija y el resultado final será simplemente oro.
Quiero para ella un país donde nadie le esté cuestionando su forma de pensar, de vestir, de relacionarse con los demás. Donde nadie le diga lo que tiene que hacer o decir: un país donde pueda ser ella misma, como es ella, como mismo la veo yo, una niña feliz que se convierta en una mujer feliz. Que la pase bien como la está pasando el papá. A pesar de todo lo malo que me ha ocurrido nunca he cambiado mi amor hacia ella ni mi forma de mirar el mundo, mi mundo siempre tendrá colores y así quiero que lo vea ella. Los que están cerca mío saben que no dejaré de quererlos y que ese amor no cambiará nunca. Mi niña que sea libre, que sueñe libre y que vuele libre, en un país libre.


1 Ministerio de Cultura, que se subordina al del Interior (MININT)
2 Moto japonesa usada por los agentes de los servicios secretos de la Sección 21, MININT.
3 Taxistas privados
4 Asociación Cubana de Artesanos y Artistas

5Fábrica de Arte Cubano: “sitio del arte alternativo”. Proyecto gubernamental asignado al funcionario y censor Equis Alfonso.   

Apr 9, 2014

Los hermosos peligros de la libertad

Estimado(a)s: Hace unos días publiqué en el suplemento digital de la revista Espacio Laical este artículo ensayístico que ahora comparto por correo electrónico. Comencé intentando hablar acerca de la necesidad de debate social, tema habitual en numerosas intervenciones de todo tipo y procedencia en el país, y terminé escribiendo exactamente sobre lo contrario; es decir, ¿cuáles son las condiciones necesarias para que, en un territorio cualquiera, no exista debate social? El texto contiene un párrafo más que en su edición digital, así un subtítulo que introduce mejor las paradojas de su contenido, pues –a la manera de una especie de borrador permanente- es tema acerca del cual he seguido pensando. Como mismo otras veces, lo mando a ustedes, colegas a los que respeto, cuyo trabajo sigo y a quienes pienso que tal vez les interese. 
 v.



LOS HERMOSOS PELIGROS DE LA LIBERTAD

Por CTOR FOWLER CALZADA
(Espacio Laical, Suplemente Digital No. 248, Marzo 2014)


Para mis tataranietos

Una demanda -repetida de manera idéntica y continua- es directamente relacionada (lo mismo en duración que en intensidad) con una insatisfacción concreta según lo experimentan o creen aquellos a quienes se les considera demandantes; estos últimos podemos entender que son las personas que expresan la demanda (la simple expresn debe de ser entendida como el nivel de manifestación verbal más bajo), lo mismo que quienes la presentan o defienden (por ejemplo, en un tribunal, documento o discurso). En este punto vale la pena precisar un detalle imprescindible para construir un lugar de partida y es lo que se refiere a la diferencia entre demanda y petición; mientras que la última (la petición) va precedida de un deseo (que pudiera o no ser satisfecho), su compañera (la demanda) viene de un momento de un hecho de razonamiento, un momento de conciencia estrechamente conectado con el Derecho. Mientras que la no-satisfacción del deseo conduce a la frustración, la demanda es uno de los varios modos de que la frustración sea articulada; el sentido político de esto se transparenta al razonar que dentro de las potenciales consecuencias por la no satisfacción de la demanda se encuentran la protesta (articulación social esta de una extensión y nivel de complejidad mayores) e incluso la revuelta: la forma más radical para manifestar la  ruptura con un poder determinado. La demanda solo demuestra sentido cuando el Yo del demandante pide o reclama a otro que se encuentra afuera de él; dicho de otro modo, únicamente durante la enajenación (cuando la personalidad se fractura en piezas inconciliables) la demanda va dirigida contra el Yo mismo.

La doble lectura que cualquier demanda admite deriva del hecho de que si bien es portadora de un contenido de aspiraciones y sueños (la exigencia de que venga o sea dado algo que nunca se ha tenido o que ya no se posee) también dibuja el contorno de aquellas carencias a las cuales se refiere; lo mismo en cuanto a la vida individual que en el nivel de toda la sociedad dicho contorno define una especie de vacío, rotura o fractura que para entenderlo mejor- podemos imaginar como la bita y perturbadora presencia de una discontinuidad en el paisaje recorrido por la mirada. ¿Por qué, dentro de una imagen cualquiera, faltaría un trozo a la manera de un rompecabezas con un hueco? La paradoja en esto que acabamos de afirmar es que el interior de ese espacio (entre los bordes que definen el contorno de la ausencia) donde, al parecer, nada estaría ocurriendo, no solo se encuentra lleno de significado, sino que en realidad es el significado principal; dicho de otra manera, por relevante que nos parezca la demanda en sí, mucho más valioso (más lleno de respuestas) resulta imaginar qué clase de vida toca a los individuos sin aquello que con tanta fuerza- desean tener y piden, por cuánto tiempo han permanecido en tal grado de privación y con cuáles consecuencias; ello nos pone frente al deseo de futuro, nos habla del sufrimiento en el pasado e igualmente revela los mites para la acción en el presente, pues lo mismo contiene la esperanza que el miedo.

En un bello cuento popular chino el pintor es obligado por el Emperador a realizar el cuadro más sublime, suerte de obra absoluta capaz por sus cualidades- de unificar todos los tiempos: superior a cuantas existieron en el pasado, deslumbradora para los habitantes del presente y reverenciada por los del futuro como frente a una encarnación de lo perfecto y sagrado. Encerrado por el Emperador en una habitación sin ventanas del castillo imperial y -para que no escape- con fuerte vigilancia en la puerta, lo único que el pintor pide es no ser interrumpido durante la cantidad de tiempo que según estima- va a necesitar para encargarse de semejante obra extraordinaria. Por cierto que aquí vale la pena agregar que, en caso de no conseguirlo, al pintor le espera la ejecución inmediata a manos de los guardias del emperador; de hecho, junto con la invitación al artista ya viene la amenaza del castigo, de modo que la obra en caso de ser terminada- sería la garantía de salvación. Luego de días enclaustrado y trabajando, cuando llega el momento acordado para ver el cuadro, el Emperador se presenta con todo su séquito, tocan a la puerta, pero nadie sale; entonces los guardias fuerzan la entrada y los ojos del Emperador se enfrentan a una imagen tan perfecta que los pájaros y mariposas parecen vivos, al tiempo que las hojas de los árboles dan la sensación de estar siendo batidas por el viento. En este paisaje sublime solo una cosa desentona (en realidad son dos los problemas, pues los guardias no encuentran rastros del pintor por parte alguna) y es que en el centro del hermoso paisaje, disminuyendo de tamaño hasta perderse en el lugar de la imagen que representa la distancia más profunda, se aprecian las huellas de dos pies: los del pintor que se ha fugado al interior del cuadro. Si nos ponemos en el lugar del Emperador resulta que, de esta manera pese a ser la más deseable pintura que nunca pueda haber existido- la obra es portadora de un agujero tal que se constituye en representación de lo más horrible y monstruoso; no hay modo de apreciar la grandeza del artista sin, a la misma vez, participar de su angustia, apreciar la mezquina violencia del Emperador, reír frente a la enormidad de su fracaso como dominador (no consigue vencer la dignidad espiritual del pintor) y –sobre todo- no hay manera de contemplar esos pies escapando sin admirar la rebelión del pintor y su fuga definitiva hacia la libertad. Dicho de otro modo, el agujero acusa y su capacidad contrastante es tan enorme que basta con haberle contemplado una sola vez para que absorba cuanto le rodea y termine por ser el único sonido que se escucha: el sonido del agujero.

Esta hermosa representación de la lucha del arte (y, en general, de la capacidad humana de soñar) frente al poder la complementamos con otro relato de intención moral, la popular historia del rey desnudo (cuyo verdadero título es El traje nuevo del emperador) que fuera escrita por el danés Hans Christian Andersen. En este caso se trata de un rey al que dos pícaros que se hacen pasar por grandes sastres- convencen de que viste el más bello de los trajes cuando en verdad se encuentra completamente desnudo. La condición para que el monarca sea engañado es que la pareja de estafadores ha echado a rodar el rumor de que el traje se torna invisible ante quienes son aquellos estúpidos o incapaces de ejercer el cargo que detentan; de esta manera, después que dos de los cortesanos de más confianza le juran al rey (quien los envió a explorar qué ocurre en esa sastrería de la cual escucha hablar a todos en la corte) que las ropas que allí se cosen son realmente únicas, a la autoridad no le queda otro remedio que personarse en el lugar, ordenar también él un traje, vestirlo y enseñar (al pueblo) ese nuevo atributo del poder. Tan intenso es el deseo de mostrar su adquisición que experimenta el soberano que incluso organiza un desfile para exhibirla y es entonces que un niño, ignorante de cualquier convención, pronuncia la frase terrible: “¡pero si está desnudo!” (con la consiguiente burla colectiva de la multitud reunida).

A tono con la lógica del cuento maravilloso el soberano no solo es fácilmente timado por la pareja de estafadores sino que, de modo poco creíble si estuviéramos tratando con acontecimientos de la realidad”, la historia concluye sin que nos enteremos de cuál ha podido ser la venganza del rey. Esta suerte de suspensión de lo verosímil permite hacerle preguntas al texto y extraer, a modo de lección, algunas suposiciones. ¿Por qué el rey, con tanta simpleza, acepta el absurdo de un vestido con propiedades mágicas? ¿Por qué necesita, luego de comprada la ropa, organizar un desfile para exhibir su adquisición delante del pueblo? ¿Por qué es un niño quien –al mencionar la desnudez- desarma la componenda de los adultos? ¿Es posible hablar al rey de qué modo, en qué tono, con cuál intencn, en qué momento? ¿Es importante hacerlo?

El traje mágico (con su imposibilidad) indica o demarca la magnitud de aquello que, para sostenerse a sí mismo (acción con la cual expresa su fin último), el poder está dispuesto a aceptar; es decir, no solo la adulación –incluso hasta el punto del engo- de los funcionarios (de ahí que el rey envíe a sus dos mejores cortesanos para que evalúen las cualidades del traje imaginario), sino la conversión en verdad certificada (refrendada de manera casi oficial por la propia fatuidad e hipocresía del rey) de algo que originariamente no es sino una descabellada desmesura. En cuanto a esta última, lo particular radica en que se trata exactamente del hecho o discurso que devela el límite a partir del cual comienza la corrupción del poder; dicho de otro modo, puesto que el rey no ve este atuendo (que no es posible ver dado que es inexistente), ello muestra que se trata de un incapaz, de manera que en cuanto afirme que lo ve (y, de forma impcita se interese más por mantener su poder que por defender la verdad) estaremos asistiendo a un deslizamiento hacia la mentira y el deterioro. Si del envilecimiento del poder se trata mitificación y mixtificación van de la mano, pues todo se falsea en atención al único principio que preside la vida: la satisfacción del deseo del rey y la conservacn del poder a precio de cinismo, embuste y atropello.

La imagen del rey organizando un gran desfile, en el cual esté reunida la totalidad del pueblo, solo para mostrarle un traje (que ya sabemos irreal) habla de la soberbia y la pompa del poder (desesperadamente necesitado de admiración); al mismo tiempo nos coloca ante un aspecto de la relación simbiótica entre el poder y sus súbditos: la necesidad de confirmar el poder mediante estos estallidos de alegría masiva (da igual si fingidos). Desde este punto de vista, el desfile (ocasn en la cual, de paso, todo fracaso es anulado o atenuado hasta la insignificancia) opera como una suerte de confirmación colectiva de los derroteros del poder, sus logros o proyectos; en paralelo a ello, cuando invertimos este esquema de coherencia y felicidad, entonces resalta el angustiante apetito que agobia (y debilita) a ese poder que no puede conocerse a sí mismo, ni estar seguro de su capacidad o estabilidad, si no se alimenta con tales paroxismos de aprobación (de su gestión). Semejante ansia (de ser exaltado) descubre en su esencia la relación simbiótica (y perversa) entre el poder arbitrario y sus súbditos; pico de la renuncia al diálogo, el ordenamiento descrito supone tanto la presencia urticante del deseo (por parte del poder) de ser admitido y la apertura de espacios y vías para manifestar la aceptación. Ahora bien, dado que el afán de obtener conformidad prima por sobre si ello es o no justo, entonces el esquema de lo corruptible queda completado; es decir, el poder arbitrario nos quiere y está anhelante de incorporarnos, pero a través del silencio, la mentira, la hipocresía, el oportunismo, la doblez, la quiebra de cualquier independencia personal.

Más allá de lo anterior, también nos permite entrever que el poder es un acto de derroche, una especie de enormidad que se muestra, una explosión de histeria que exige ese acto paroxístico que es la celebración, la feria (con toda la presunta alegría que debiera acompañarla). ¿O es que acaso el paseo del rey con su hipotético gran traje no estaba acompado del éxtasis y los vítores de la multitud? ¿Para qué si no todo el desgaste y gasto que significa organizar el desfile sino para confirmar mediante la concentración obligatoria de los súbditos- que se conserva el poder y –mediante la alegría sobreactuada- que se respeta la ficción de que el poder es deseado por la población?

Lo tercero tiene que ver con el sujeto que habla, un no y la pregunta en este caso sería: ¿por qué la verdad es develada por alguien que se encuentra en el extremo enteramente opuesto al rey, alguien sin poder, débil hasta ser el más fácil de destruir, completamente ajeno a cualquiera instancia de eso que denominamos “la cosa pública? Si reconocemos la capacidad del soberano para con un acto de reconocimiento y desgarradura instaurar la verdad (decir, claramente, que no hay traje alguno y romper la cadena de fingimientos), entonces lo que el texto nos muestra es la enfermedad del poder; es decir, la manera en la que el poder autoritario (partiendo de una mínima mentira inicial) se constituye en la no-verdad y traspasa a su poblacn semejante visión contaminada. Por tal motivo quien habla es justamente quien en hipótesis- menores condiciones tiene para hacerlo; el más indefenso, quien no puede elaborar grandes discursos puesto que incluso le falta idioma, aquel cuyo proceso de razonamiento enseña la menor complejidad. Según esta lógica el relato todavía sigue destilando enseñanza, pues nos revela lo tenue que es la línea detrás de la cual comienza la degradación del poder (en este caso, una simple mentira que el rey convierte en verdad) y al mismo tiempo lo diminuta que es la palabra que sacude al poder, palabra que no precisa de elaboración majestuosa, sino solo ser portadora de verdad, la verdad más simple; en este caso, decir lo que todos niegan (que el rey está desnudo) porque participan de ello (la cadena del silencio que los conecta a todos por conveniencia o miedo). Finalmente el texto transita de la fantasía (el carácter mágico del traje) al grotesco (el paseo del rey al frente del desfile que organiza) y de allí a la absoluta carnavalización (la burla de la multitud-pueblo después que la voz del niño revela la desnudez del rey). Ese momento carnavalesco, ese pequeño punto de giro que debió de comenzar por una pequeña sonrisa velada e ir creciendo hasta explotar en una carcajada colectiva, ilustra la debilidad y fragilidad del poder (en especial, en el tiempo); o sea, la manera en que la vocación de perennidad (típica de los gobiernos autoritarios, los estados militares-burocráticos o las más despiadadas tiranías) es desecha por la risa compartida, risa que simlicamente equivale a las oleadas de una multitud arremolinada, alimentada con el hastío de años, pero alegre en su infinita fuerza de destrucción y cambio, de buscar otra vida más sana.

La manera en la que el niño habla acerca del rey, mediante una exclamación de asombro, parece decir que –a diferencia del carácter de excepcionalidad absoluta que el soberano encarna en las estructuras de poder arbitrario- no es importante para nada hablar con el rey, sino que alcanza con la existencia de espacios en los que poder opinar a propósito de su conducta o ejecutoria; de hecho la fuerza dominante del relato, en ese final de carcajadas, no es del soberano, ni de sus cortesanos ni de los guardias, sino del pueblo mediante esa risa que desarma. Esto también nos habla del aparato formal de la comunicación, pues la condición sana de la palabra vuelve a ser (como en la concepción antigua de la democracia) la intervención en el demos, del ciudadano de menos poder (simbolizado por el niño), en la plaza pública y en condiciones de igualdad con el poderoso; en oposición a ello los ritos del protocolo cortesano (en cuanto a horarios, fórmulas de cortesía, obligación  de  manifestar  respeto  a  la  jerarquía,  así  como  la  definición  de  la  forma,  modo  y  lugar  de  realizar  una intervención) son procedimientos dirigidos a evitar la erupción de esa palabra blica que –a fin de cuentas- es la única comprobación verdadera de la democracia. En este sentido, es delante del que habla más mal (en tono, amargura, inoportunidad, violencia crítica o rechazo al soberano y sus prácticas de poder), el más crítico, inculto, mal vestido, descompuesto, desagradable, inmodo o indeseado que la democracia es puesta a prueba.

A diferencia de los anteriores textos, uno que es un relato popular proveniente del folclor y el otro un cuento hecho por un escritor, la tercera de las historias que comentaremos es una tradición atribuida al emperador prusiano Federico el Grande, quien –aunque famoso por su dedicación y magnificencia para con las artes- también era célebre por sus ataques de ira. De él se cuenta que habiendo enfermado su caballo, que figuraba entre sus posesiones más amadas, y sabiendo que empeoraba sin remedio, ordenó que aquel que le diese la noticia del fallecimiento fuese ejecutado. A partir de aq creció el temor entre quienes se encontraban pximos al soberano y ya se convirtió en verdadero terror cuando el animal de una vez murió; entonces, cuando ninguna esperanza quedaba y solo faltaba decidir quién sería sacrificado, un humilde palafrenero se brindó para llevar hasta el emperador la noticia infausta. El modo astuto en que consiguió escapar de la muerte fue ofreciendo a la figura de autoridad todos los elementos para que fuese ella misma la que, sin poder contenerse, pronunciase la frase definitiva; o sea, acumular tal cantidad de información crítica (el caballo no se mueve, no come, no bebe agua, no respira) que el emperador no tuviese otra salida que concluir (y enunciar) que entonces ello significaba que el caballo estaba muerto.

La anterior anécdota completa nuestro ciclo en lo que toca, si semejante ciencia existiera, a una analítica del poder. Como mismo en los ejemplos anteriores el relato comienza con el establecimiento de unas premisas, o por la descripción de un paisaje de orden que bitamente es alterado; en cualquiera de los casos el evento que ocasiona el trastorno deja tras de sí un rastro de des-composiciones (roturas, aberturas, hiatos) equivalente al agujero por el cual se fugaba el pintor o la frase del niño que nos revela la desnudez del rey. La existencia satisfecha del rey queda destrozada por la presencia de una cuestión, la enfermedad del caballo, que se encuentra fuera de su control sin importar la cantidad de intimidación, la cantidad de poder, que en intentar solucionarla utilice; la cuestión, el trabajo de la enfermedad sobre el cuerpo (del animal), opera como un espejo de la ruina dentro del cuerpo mismo del gobernante: su mite vital como persona humana al mismo tiempo que el de sus obras y su proyecto. Por tal motivo, cuando el emperador impide (a precio de muerte) que se le informe sobre el fallecimiento del caballo, lo que en verdad prohíbe es la más diminuta referencia a su propia caducidad individual y a la destrucción (lo cual -al menos desde un punto de vista técnico- es siempre una posibilidad) de las maravillas construidas durante su ejercicio como der del imperio. Desde este ángulo el poderoso distribuye, bajo la forma de miedo inculcado en los súbditos, exactamente el mismo miedo que tiene a simplemente desaparecer.

Los hechos que suceden lo mismo con el rey desnudo que en la anécdota del emperador y su caballo- esbozan el contorno de la voz crítica en ambientes no-democráticos; en tal esquema, donde debiese haber espacio para la opinión de todos, solo le es posible hablar al inocente o al astuto, a quien apenas sabe verbalizar y a quien conoce las fórmulas para usar el lenguaje como artimaña. Lo curioso es que, a pesar de la indudable distancia entre ambas figuras, sus imágenes confluyen en los manejos de un tercer personaje que los contiene y unifica; me refiero al bun, el más ambiguo de los sujetos en la corte, suerte de loco-sabio a quien le está permitido cruzar casi cualquier límite en su discurso (punzante, arriesgado hasta la insensatez, autoparódico y con clara inclinación al nihilismo y el caos) con tal de que haga reír al rey (o a los cortesanos más cercanos). La brillante mente del bufón descubre y sabe que esa falla en los paisajes políticos -a la cual hemos denominado agujero”- está presente y tan elástico es su margen de maniobra que (donde los otros no pueden sino callar, incluso ante cualquier desastre evidente) de él se acepta (¡y hasta se estimula!) esa especie de crítica atomizadora que para hablar del mal lo rebaja hasta convertirlo en algo natural. La obligación de transformar el mensaje en un asunto cómico trivializa la alarma y, en general, deforma el contenido; mediante los procedimientos de esta comicidad compulsiva el carácter excepcional del mal (su cualidad de hueco o vacío en el paisaje) es diluído hasta acabar por integrarlo a los acontecimientos “normales” de la vida. No hay culpable, responsable ni localización concreta de los eventos, sino solo ciclos dentro de una larga deriva hacia el colapso; las vidas son sofocadas, las intenciones entran en parálisis, las parrafadas esquizofrénicas del bun adquieren la categoría de texto sagrado y (repito que por conveniencia o temor) se extiende el silencio hasta que aparece la palabra que de-vela la situación.

La paradoja de semejante documento -acerca de lo cual decimos que es un texto sagrado (consagrado)- proviene de su absoluta falta de significación social al tiempo que de la encumbrada posición jerárquica de quien lo elabora y pronuncia; alguien que, sin la más diminuta cuota de poder, disfruta el privilegio de hablar en donde los demás se   mantienen en silencio. Al mismo tiempo, dado que ya sabemos que se trata de habla no significativa (charlatanería, parloteo, basura) resulta una locuacidad vacía que enseña, mejor que cualquier prohibición, el asco del poder autoritario ante la palabra verdadera. De este modo, mientras que la simulación de verdad (encarnada en el bufón) es una condición necesaria para el poder autoritario, una suerte de espita a través de la cual las dinámicas (en especial, los mayores fracasos de la administración) son equilibrados, cualquier squeda de la verdad (no importa el campo en el cual sea, así como tampoco la profundidad del resultado) horada como un taladro la seguridad del poder. En esta ecuación trágica, a medida que aumenta la presión del poder para sobrevivir a toda costa más ocurre que cualquier pequeña irregularidad alcanza dimensiones cósmicas; en semejante orden cualquier voz crítica es extraviada en los laberintos de lo superficial e intrascendente, oficinas infinitas, quejas que nadie responde, justificaciones ridículas, hasta que –clamando en círculos- se desgasta y retira extenuada. Nada puede ser realmente criticado porque ninn culpable último puede ser nombrado, condición esta que se convierte en delirio si de criticar al soberano se trata; él -y todos los minúsculos señores que viven bajo su manto- se alejan más y más del pueblo al que más tarde convocan para todo tipo de acciones confirmatorias de que el poder sigue en su sitio. Todo es bufón.

Luego de haber recorrido este camino creo que podemos regresar al planteamiento que sirve como título de la presente intervención; dicho de otro modo, donde nos hemos acostumbrado a realizar preguntas en un sentido positivo, invertir el planteo para que nos revele cuáles deben ser las reglas que se hace necesario aplicar para que no exista debate. Suponiendo que el error, la deformidad, discontinuidad, fractura, vacío, violencia, injusticia, manipulación, mentira, silencio (o cualquier otro elemento lesivo para el organismo social) generen habla crítica (desde el descontento apenas mascullado hasta el documento escrito o el grito), ¿cómo impedir la existencia de esa verdad inmoda que muestra la desnudez del rey? En este punto,  asumiendo  que  el  no-democratismo  y  la  expresión  autoritaria  son  síntomas  de  enfermedad,  parece sensata  la intención de proponer la mención de algunos de estos; de esta manera, como mismo hicimos con el “agujero en el cuadro del pintor, partiendo de la descripción de un ambiente viciado esbozaremos el contorno de lo deseable. Entonces, según cuanto hasta aquí hemos dicho, el procedimiento perfecto para impedir el debate debe de concentrar las siguientes características:

. El poder arbitrario, sin importar la variedad de la cual se trate (autoritarismo carismático, estado militar-burocrático o simple tiranía) busca, implanta y se sustenta en la asimetría como su sangre y su respiración. Si bien es claro que todo poder es relativamente asimétrico (el líder y sus colaboradores cercanos “pueden” –hacer, tomar o decidir- más que el resto de la población), la correlación se torna enfermiza cuando por encima de la vocación de servicio predomina la voluntad de dominio. Aq nada peor que la impaciencia, en cuanto manifiesta la contradicción entre la tarea (en la cual aparece expresada la voluntad del poder, sus intenciones, su proyecto, su deseo) y la opinión (por ser esta la forma o modo mediante el cual es puesta en escena la voz de la sociedad respecto al contenido de eso a lo cual hemos llamado la tarea, los procedimientos para alcanzarla, las consecuencias que de ello derivan, así como las acciones que se precisan para corregir –en los distintos grados que sea necesario- la formulación inicial o determinar que se ha cometido un error tal que la estructura misma debe de ser cambiada.)

.  Si a una formulación democrática corresponde un modelo en cual la opinión es siempre escuchada y su valor tenido en cuenta para toda decisión, muy especialmente aquellas que tratan de introducir correcciones dentro de eso a lo cual hemos denominado la tarea, la esencia del poder arbitrario es rebajar, cooptar y diluir cualquier opinión a la que considere (en el grado que la autoridad estime) de signo (abierta o veladamente) contrario. En atención a ello, al solidificarse dicho proceder como estilo (de administración y de dirección) los estamentos todos en la enorme pirámide del poder (dentro de un país) actúan de idéntica forma; peor aún, puesto que los escalones más bajos están siempre expuestos al control y/o vigilancia de toda la cadena superior, arriesgan menos e impiden (de modo casi rutinario) cualquier participación activa general (uno de cuyos elementos fundamentales no puede sino ser el despliegue de la opinión.) De esta manera, las condiciones para el cumplimiento de la tarea conspiran contra ese propio cumplimiento y lo tornan, finalmente, imposible.

. Las autoridades de más elevada jerarquía están exentas de toda crítica y son ajenas a cualquier conexión con cualquiera evento de la vida inmediata y concreta; esto se manifiesta como verdad absoluta a medida que nos acercamos a la autoridad última,  no  importa  si  líder  o  soberano,  quien  habita  en  un  limbo  de  intemporalidad  y distanciamiento.  Lo  anterior, obviamente, implica la prohibición de nombrar al soberano (por ejemplo, justo lo que hace el niño de nuestro cuento). Aquí vale la pena precisar que la estructura global es mimética respecto a los estilos del soberano (cuyos modos deforman la totalidad que se le subordina); o sea, que no hay sentido en imaginar una base democrática dirigida por un pequo grupo de anti-demócratas autoritarios o viceversa. En términos clásicos, base y superestructura son el uno reflejo del otro y se complementan.

. El silencio, la mentira, la simulación, la doblez y la manipulacn son consustanciales a los poderes no-democráticos y autoritarios; desde los escalones más bajos hasta el salón donde se encuentra el trono del soberano. Todos saben que el caballo del emperador ha muerto, pero no se atreven a decirlo; todos saben que no existe traje alguno y que el rey va desnudo, pero callan.

. Las presiones, la arbitrariedad y el abuso deben ser naturalizados para que formen parte de la vida normal” de los individuos; semejante supresión de las libertades mínimas del súbdito y normalización de las más diversas formas de injusticia es conseguida (por lo general) a nombre de una causa mayor y nunca mostrando la violencia (caprichosa y egoísta) de que es portadora la voluntad de dominio del soberano y su equipo.

. Para que la existencia sea un tejido de silencio, mentira, simulación, doblez, manipulación, presiones, arbitrariedad, abuso e injusticia es condición imprescindible que el bdito sienta miedo (a perder algo íntimo y amado) en caso de hablar y alzar la voz crítica. Dicho de otro modo, tiene que ser muy elevado (casi al nivel de la completa seguridad) el temor a ser golpeado, expulsado del trabajo, encarcelado, humillado de manera blica, torturado, mutilado e incluso muerto. A todas luces de lo anterior se deriva la obligacn de obstruir, por los más dimiles métodos, la squeda de verdad acerca del estado de la sociedad (y del poder mismo, su estilo, sus prácticas, sus errores, sus crisis, sus fracasos, su degeneración, su declive, su demencia o la posibilidad de su sustitución) así como –finalmente- impedir la circulación y exposición pública de dicha verdad.

. El deseo de verdad debe ser desviado (hacia el laboreo con minucias de escasa significación y proyección) o castigado de modo desmesurado; el abanico entre ambos puntos es enorme y queda a disposicn de la nube de funcionarios existentes. Una técnica que da excelentes resultados es la de rebajar la intensidad y hondura de las discusiones hacia aspectos técnicos de difícil o casi imposible comprensión o solucn, que demorarían decenios en ser completamente analizados y resueltos, o hacia cuestiones que –pese a aparentar algún tipo de avance- apenas tienen importancia práctica; por ejemplo, donde se plantean temas centrales de la vida en la ciudad desviar los argumentos hacia el color con el cual será pintada, en los meses de verano, la parte superior de los postes de electricidad. En cuanto a la desmesura del castigo es buen par de ejemplos la situación del pintor (condenado a morir si no consigue pintar el más bello cuadro que haya existido jamás) y la de los cortesanos y súbditos del emperador en la anécdota del caballo enfermo y muerto (condenados a muerte si avisan al emperador del fallecimiento del animal). La enormidad de lo que se le pide al pintor ilustra que también la demanda es desmesurada; la diferencia inconmensurable entre la vida humana y la un animal enseña que -para ese poder arbitrario- la vida humana solo es otra cifra en el devenir de violencia.

.  El verdadero arte de la asimetría consiste en ir más allá del miedo (demasiado brutal y evidente), de manera que el súbdito internalice y desee la excepcionalidad del soberano y su gobierno, su séquito de servidores cercanos e incluso cualquiera de los directivos (sin que interese el nivel en el cual encuentran) en la administración. Este es el verdadero estado ideal y cuando a él se arriba hay paz. Si bien colmar de privilegios a los colaboradores cercanos es circunstancia propia de la asimetría, el secreto de la dominación descansa en su reverso: distribuir desaliento para las voces críticas; para semejante tarea el poder dispone del enorme (y paradojal) archivo cínico de cuantos han sido impedidos en su ilusión de cambiar. Toda la documentación o memoria de anteriores esfuerzos abortados opera como una profecía orientada a disuadir la acción transformadora (aunque esta solo sea una mínima queja para saber que no hay felicidad alguna que agradecer o disfrutar); por este camino nihilista nada va a cambiar porque nunca ha sido posible cambiar nada. El mencionado proceso de internalización es perfecto cuando los posibles opinantes se convencen de que toda intención de autonomía, independencia de criterio, salida del coro, es estéril; el efecto combinado de ambas fuerzas en la vida del individuo moldea (tal es la pretensión) un sujeto acrítico, sin más horizontes que aquellos que el poder postula, fascinado (casi de manera sexual) con la penetrante violencia que lo rebaja como individuo.

. Los guardias del emperador chino, los aterrados servidores del emperador alemán y los cortesanos que describen la belleza del traje inexistente en el cuento del rey desnudo son representación de la capa de funcionarios y soldados sin la cual el poder arbitrario no se sostendría. Para ellos son posibles posiciones de lealtad ideológica, participación forzosa o simple corrupción (lealtad comprada); en última instancia, lo que precisa de ellos el poder que describimos es la disposición a fingir, desviar, mentir abiertamente, difuminar, castigar o reprimir cualquier disenso, pasar a la violencia viciosa e incluso asesinar (hasta de manera masiva) o apoyar –de modo tácito o expreso- el abuso y el crimen. En una sociedad moderna estos estamentos incluirían lo que Althusser denomi los “aparatos ideológicos del Estado”; dentro de ellos la prensa (en sus varios formatos) ocuparía un primerísimo lugar lo mismo que las instituciones educativas y el trabajo de ese sector al que llamamos “los intelectuales”. La pobreza, la precariedad de la existencia, la dificultad para el ascenso social, la escasa mención, las presiones, la vigilancia, el daño (físico o mental) son precios que están destinados para la voz crítica (o, sencillamente, independiente) en situaciones como las descritas; contrario a ello, en una manifestación más en el tejido del no-diálogo, las puertas siempre están abiertas para la persecucn del privilegio y la mudanza a los espacios de goce que – para sus elegidos- propicia el poder. Sen esto, las decisiones de los individuos (en el abanico que va del abierto rechazo al murmullo) adquieren un evidente carácter moral.

. Puesto que los anteriores puntos el individuo los vive como actuaciones en simultaneidad y entrelazadas entre sí, es justo afirmar que la existencia toda transcurre dentro de la suerte de entramado rodeante que en tal modo se constituye; dicho entramado, cuya capacidad y acción asfixiante depende del tamaño de aquello a lo que hemos llamado “agujero, no posee afuera alguno, sino solo mínimos puntos de escape, túneles por los que se avanza a zonas de menor presión (sofocación). Dicho de otro modo, prisionero de su propia cadena de mentiras y represión (como dos caras de una misma moneda),  el  poder  arbitrario  nunca  cede  poder,  sino  que  progresa  –por  el  camino  contrario-  en  dirección  a  la implementación de mayores vigilancias y castigos hacia una vida aún más sofocada.

Si las anteriores son condiciones necesarias para que no exista debate, si cubren (a la manera de entramado) la totalidad de la vida, ¿es posible hablar? ¿Acaso tiene algún sentido? La anécdota del emperador y su caballo nos enseña que el poder arbitrario es derrotado por la astucia; el cuento del emperador y el pintor, que hay un precio que pagar por la defensa del derecho a opinar (pues la huida del pintor hacia el interior del cuadro simboliza la entrega máxima, la de la vida, con tal de mantener la independencia frente al poder); finalmente, la fábula del rey desnudo nos conduce hasta la palabra que descubre la mediocridad del poder y al instante de carnavalización a partir del cual desaparece el miedo compartido y el cambio está a punto de ocurrir.

Claro que que el régimen enteramente democrático, sin espacios oscuros u ocultos, sin violencia alguna en contra de los ciudadanos, insuflado por una permanente vocación de servicio al pueblo invocado, transparente y receptivo a crítica incluso en sus lugares jerárquicos más encumbrados (en fin, todo eso que avizoro como oposicn al poder arbitrario) es una construcción por entero utópica; pero la creación de espacios democráticos es un proceso de exploración cuya meta principal es abrir la posibilidad, sentar las bases, para que tales calidades de la vida se manifiesten. Nada está dado ni es definitivamente firme, sino que a cada nuevo paso se corren riesgos, se reconfigura la realidad que rodea y son concebidos mundos nuevos de mayor riqueza para la persona humana.

El carácter abierto y probabistico de la cotidianeidad considerada como un proceso de construcción de futuros es ilustrado por la conocida fabula de Esopo en la cual un grupo de ranas, que sin gobierno alguno vivían en un charco, piden a Zeus (dios de todos los dioses), que les envíe alguna autoridad que organice el lugar y a la cual brindar obediencia. De repente, cae en el agua un tronco de árbol cuyo estrépito hace a las ranas esconderse despavoridas hasta que, minutos más tarde, comprenden –por ridículo que les parezca- que esa extraña y silenciosa presencia es el gobernante que tanto han deseado; a partir de aquí, en una especie de doble burla (al tronco de árbol y, de modo implícito, al mismo Zeus), las ranas se encaraman en el tronco y se burlan. Aburridas finalmente, envían a Zeus otra petición, ahora para que les cambie el rey inmóvil y patético por otro que demuestre el grado de actividad e interés por las ranas que estas creen merecer. Es entonces que Zeus manda al charco una serpiente de agua que persigue a las ranas y en esa despiadada lógica del choque entre fuertes y débiles en la Naturaleza- las come una tras una.

El conjunto de ranas espantado de vivir en el caos, necesitado a la vez que deseoso de liderazgo, parece referirse al miedo en el individuo humano de encontrarse con su animalidad; es decir, con las circunstancias (cualquier tipo de presn lo bastante extrema) que pudieran conseguir tornar frágil el tejido de la civilización. Préstese atención a que en la fábula ninguno de los habitantes del charco (presuntos ciudadanos) es lo bastante respetado, capaz y diferenciado como para que la comunidad decida investirlo con la condición de guía; en paralelo, tampoco se infiere que haya dinámica colectiva alguna (por ejemplo, no un der único, sino los más ancianos) que regule la existencia. Por ello no queda otro remedio que figurarnos un paisaje en el cual de forma cotidiana –y muy especialmente en los momentos de crisis (sequia u otra condicn parecida) deben de pasar a primer plano la injusticia, la violencia y, en general, el uso de la fuerza.


La pareja de extremos encima de los cuales es montada la bula nos enseña, de modo metafórico, el funcionamiento de los polos opuestos del poder: la pasividad criminal (en donde la indolencia, la ausencia de proyecto, la impunidad, la destrucción de los vínculos societales y lo opaco son las directrices del gobierno) y la violencia criminal propia de la tiranía (donde la implementación, bajo directrices totalitarias, de mecanismos de vigilancia, coerción, persecución y castigo es uno de los contenidos básicos del arte de gobernar). Al dibujar este par de estadios radicales que se anulan entre sí, la fábula deja abiertas las puertas a la imaginación de un tercer escenario donde se encontraría el buen gobierno y, con una suerte de guiño de ojo implícito, luego de deslizar esta sutil sugerencia, se detiene. Nada nos es dicho de lo que pueda ser tal mundo deseado ni sobre mo llegar hasta él y ni siquiera hay las más ínfima garana de que podamos alcanzarlo; contrario a ello, y tomando como base para el análisis lo que resulta transparente en el relato, encima de nuestras cabezas (en cualquier momento) pende la amenaza de una deriva hacia la pasividad autodestructiva o hacia el salvajismo de la tiranía. La construcción de ambientes democráticos se manifiesta, únicamente, cuando predomina el rechazo colectivo a ambos polos negativos, no como un horizonte lejano, sino como un acto diario de la voluntad, la entrega y el esfuerzo; es decir, como puestas en escena del debate, la participación y el activismo social, cuya esencia aflora en los actos insignificantes, habituales, diminutos. En contraste con los instantes de obediencia compulsiva, sugestión en bloque o de respuesta emocional, es aquí en la virtual invisibilidad de la respuesta humana a ese bajo e íntimo nivel- donde realmente se ven y son puestas a prueba las virtudes y fortalezas del vivir democrático. Es por ello que la renuncia o la squeda, el desvío y la pérdida o el reencuentro con el sentido, la soledad o el anudamiento solidario, la palabra que enmudece o la voz que habla, el sacrificio, la esperanza, la aventura y el dolor o alegría, son entre otros muchos- los hermosos peligros de la libertad, el más preciado de los bienes humanos.

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