Me decido a escribir en la computadora de Claudia Cadelo, porque en vistas de que es posible que le acabe la tinta al plumón que hallé sobre la mesa, y después del estrago en la cocina que narro a continuación, es preferible ser más comedida en mis acciones dentro de un espacio ajeno.
Después de ver el último corto de Eduardo del Llano en el Fresa y Chocolate de 23 y 12 y compartir una pizza hawaiana y unas cervezas en compañía de Yoani, Macho, OLPL y Silvita, celebrando todavía el pasado cumpleaños de Yoani, y en recompensa a haber faltado al verdadero, la noche anterior en su casa de Factor y Conill donde se terminó a las tres de la mañana con Gorki bailando junto al equipo de música y Hebert enseñando la receta de sus pasteles.
No pasa demasiado tiempo después que su hijo Teo la llame y “chequearla”,para despedirnos, prometiéndonos una próxima velada telescópica en los altos de Tulipán, centro habanero por excelencia. Justo medio de la ciudad. Vista espléndida.
Entro al apartamento, sola; los perros me reciben con gran contentura. Lo primero es dejar la lata semivacía de cerveza que tengo en la mano y las llaves en cualquier lugar: la mesa de la computadora es más cercana, pero la del comedor, amplia y redonda, es más cómoda.
Los perros se tranquilizan y aprovecho que no tengo encamarado al Wicho arañándome la ropa me la quito y la dejo en el cuarto, antes me he quitado los collares y el bolso y los he colgado cerca del sofá, donde descansa la guitarra del Ciro, me da nostalgia –cada vez que veo una pasa igual- de tocarla, hace tanto que no practico… pero desisto y me voy a hacer café a la kitchen o cuisine, dado el caso de estar en casa de mi futura profesora de francés en la Alianza, digo, si no se les ocurre dejarla sin trabajo luego de los últimos acontecimientos relacionados con PPR.
Han ido a todos los CDR, siglas que riman en toda ocasión, omnipresentes en cada cuadra, para averiguar sobre la vinculación a los mismos de cada unos de los merodeantes en el juicio de Gorki.
No lo hacen de manera que nos enteremos pero lo mismo nos enteramos.
Es demasiado chiquita y promiscua nuestra ciudad.
Fatalidad de mi torpeza culinaria y doméstica en general, se me rompe la azucarera ipso facto de apreciar lo bonita que era y cuando intentaba endulzar el café.
Un leve golpe al ponerla demasiado fuerte sobre el mostrador ha bastado.
Y listo, la azucarera se parte en dos, y algunos pedacitos minúsculos de porcelana se mezclan con la poca azúcar que queda fuera cuando la levanto.
La porcelana es linda pero tiene sus desventajas, es conveniente no acercarse con más de dos cervezas arriba.
Digo fatalidad porque generalmente no endulzo mi café, gracias a Jaad, a quien le debo la sana costumbre. Pecho a lo hecho, y echo, de paso, el café en el termo y me lo llevo a la computadora, esperando no derramar alguna gota de café sobre el teclado, que ya serían estragos suficientes y por menos que eso, no sería extraño que la pobre Claudia explote con razón y me mande a la mierda.
Y ahora qué le digo a Claudia: tengo en casa una posible suplente pero no tan bonita y nunca va a ser igual porque no sé el cariño que le tendría, a veces nos obsesionamos con cosas tan insólitas como azucareras o ropa de dormir o libros viejos que ya no vamos a leer más pero queremos conservar.
Nada es comparable a mi arrepentimiento por ocurrírseme la idea de hacer café semiborracha. Tampoco merece la pena angustiarse por tan poco: bien se ve que no es mía. La azucarera permanece en la escena del crimen hecha añicos, bueno no tanto, con un pedazo roto, y yo no sé qué hacer: si la tiro al tacho o la dejo simplemente ahí como si nada y espero que la dueña llegue y se ocupe.
A la basura con ella, no es tan grave, lógicamente me digo, pero es primera vez que me quedo aquí sola, para que Wicho y Anastasia no estén tan solos, no se sientan solos, para ser más exacta, y primera vez que hago café y primera vez que se me rompe una azucarera en una casa que no es la mía. La cosa pareciera simple pero no.
¿Hay que pensar en las consecuencias de los favores que hacemos antes de hacerlos?
No creo. Convencerme de que no es un alivio.
Y con eso me tranquilizo y me dispongo a darme un baño, espero que Claudia no reaccione demasiado trágica al desastre.
Nada más.
Escribo en lo de Claudia con el mouse apoyado en un pequeño diccionario de verbos, abro una página azarosamente y me entero de las posibilidades habidas y por haber para conjugar “moler”.
Antes de postear, si tuviera una cámara me haría una foto porno con el sombrero de Ciro, debajo de un retrato del propio Ciro solemne en blanco y negro colgado en el espejo de la cómoda de Claudia. Me quedo con las ganas. Me las guardo para otra ocasión si no trasciende el asunto de la azucarera y Claudia tolere que me quede otro día. Además tiene unas dormilonas de seda que quedarían pintadas. Otra vez será…
El Wicho sueña…
Lia, que volaa? siempre leo tu blog...que bajon todo lo que paso, es increiblemente...una mierda (bueno me voy a extender mas en un correo para vos)
ReplyDeletete escribi varias veces a tu casilla, quiero saber de vos!!!
te quiere, su.
Y al final, te perdono Claudia?
ReplyDelete"hace tanto que no practico" ¡Tú y yo igual! Espero que ella te perdone. Personalmente no pienso que hay que pensar en las consecuencias de los favores que hacemos antes de hacerlos. Si es un favor, lo hago y no espero para nada de la persona para quien lo hago.
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