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Edgelit

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Edgelit/Borde.de.luz

Adagio de Habanoni


Fotografías de Silvia Corbelle y Orlando Luis Pardo

mi habanemia

La Habana puede demostrar que es fiel a un estilo.

Sus fidelidades están en pie.

Zarandeada, estirada, desmembrada por piernas y brazos, muestra todavía ese ritmo.

Ritmo que entre la diversidad rodeante es el predominante azafrán hispánico.

Tiene un ritmo de crecimiento vivo, vivaz, de relumbre presto, de respiración de ciudad no surgida en una semana de planos y ecuaciones.

Tiene un destino y un ritmo.

Sus asimilaciones, sus exigencias de ciudad necesaria y fatal, todo ese conglomerado que se ha ido formando a través de las mil puertas, mantiene todavía ese ritmo.

Ritmo de pasos lentos, de estoica despreocupación ante las horas, de sueño con ritmo marino, de elegante aceptación trágica de su descomposición portuaria porque conoce su trágica perdurabilidad.

Ese ritmo -invariable lección desde las constelaciones pitagóricas-, nace de proporciones y medidas.

La Habana conserva todavía la medida humana.

El ser le recorre los contornos, le encuentra su centro, tiene sus zonas de infinitud y soledad donde le llega lo terrible.

Lezama

habanera tú

habanera tú
Luis Trapaga

El habanero se ha acostumbrado, desde hace muchos años, a ese juego donde silenciosamente se apuestan los años y se gana la pérdida de los mismos.

No importa, “la última semana del mes” representa un estilo, una forma en la que la gente se juega su destino y una manera secreta y perdurable de fabricar frustraciones y voluptuosidades.

Lezama

puertas

desmontar la maquinaria

Entrar, salir de la máquina, estar en la máquina: son los estados del deseo independientemente de toda interpretación.

La línea de fuga forma parte de la máquina (…) El problema no es ser libre sino encontrar una salida, o bien una entrada o un lado, una galería, una adyacencia.

Giles Deleuze / Felix Guattari

moi

…podemos ofrecer el primer método para operar en nuestra circunstancia: el rasguño en la piedra. Pero en esa hendidura podrá deslizarse, tal vez, el soplo del Espíritu, ordenando el posible nacimiento de una nueva modulación. Después, otra vez el silencio.

José Lezama Lima (La cantidad hechizada)

Medusa

Medusa
Perseo y Medusa (by Luis Trapaga)

...

sintiendo cómo el agua lo rodea por todas partes,
más abajo, más abajo, y el mar picando en sus espaldas;
un pueblo permanece junto a su bestia en la hora de partir;
aullando en el mar, devorando frutas, sacrificando animales,
siempre más abajo, hasta saber el peso de su isla;
el peso de una isla en el amor de un pueblo.

la maldita...

la maldita...
enlace a "La isla en peso", de Virgilio Piñera

La incoherencia es una gran señora.

Si tú me comprendieras me descomprenderías tú.

Nada sostengo, nada me sostiene; nuestra gran tristeza es no tener tristezas.

Soy un tarro de leche cortada con un limón humorístico.

Virgilio Piñera

(carta a Lezama)

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Luis Trápaga

ay

Las locuras no hay que provocarlas, constituyen el clima propio, intransferible. ¿Acaso la continuidad de la locura sincera, no constituye la esencia misma del milagro? Provocar la locura, no es acaso quedarnos con su oportunidad o su inoportunidad.

Lezama

Luis Trápaga Dibujos

Luis Trápaga Dibujos
Dibujos de Luis Trápaga

#VJCuba pond5

Pingüino Elemental Cantando HareKrishna

Elementary penguin singing harekrishna
o
la eterna marcha de los pueblos victoriosos
luistrapaga paintings
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Libertad para Danilo

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May 23, 2018

COCINA



Durante la #00BienaldeLaHabana, casa-galería El Círculo presentó dos muestras paralelas, una, en las paredes físicas reales del lugar, de arte abstracto, con las pinturas de Luis Trápaga, en referencia a la muestra -igualmente apócrifa- Es solo lo que ves (1988-89) y otra (la que nunca existió y ahora se las presento en un estrecho pdf más abajo) que pretendía ofenderlos -a la consabida política cultural discriminatoria con todo lo que no se mueva a paso de conga comunista- a la enésima potencia.

La policía política, una vez más, cercó el lugar y no dejo pasar a ninguna persona, con la excepción de la artista e infoactivista Ana Olema, que, en calidad de diplomática de la Nación de naciones, pudo entrar y asistir a nuestra exposición escoltada por los segurosos, que le impidieron la entrada a los dos amigos que venían con ella.

Ese mismo día, a las 7, nos fuimos a la casa de Ítalo Expósito el Taller/Galería de Arte #YoSoyElQueSoy, otra espacio doméstico independiente, a solo 4 cuadras de nuestra vivienda sitiada por patrullas y agentes de la contrainteligencia que nada tienen que ver con “Cultura”, más allá de que el MININT sea la sombrilla que ampare al resto de los siniestros ministerios.

Al salir, se llevaron a Leo –amigo grafitero y cronista de Guanabacoa- preso, solo porque se había logrado colar por la parte trasera de la casa-galería El Círculo.

Este nivel de represión absurdo solo ocurrió de manera tan desfachatada en nuestro espacio expositivo, un espacio que, de todas formas, no admite una audiencia numerosa porque es apenas la sala de una casa.

Disfruten de nuestro catálogo COCINA para la muestra alternativa, o sea, la alternativa dentro de la alternativa.



#ArtistasUnidosContraElTotalitarismo


...
Para más información sobre las protestas de 1988 buscar a Ernesto Menéndez-Conde en su próximo libro Trazos en los márgenes (Arte abstracto e ideologías estéticas en Cuba), que será publicado por Linkgua, Barcelona, 2018, páginas 1-4.

Acá algunos fragmentos:

En la portada de Inventario, la abstracción geométrica se presenta como la expresión de un arte avanzado y perturbador. En Es solo lo que ves, por el contrario, es uno de los paradigmas de creaciones estéticamente complacientes (y cómplices) con una política cultural opresiva, que perseguía neutralizar las críticas a la sociedad en el ámbito de las artes visuales. Y esta acusación, que veía la abstracción geométrica como una vertiente formalista y sin ningún tipo de repercusión social, no provenía de los ideólogos del gobierno, ni tampoco de los partidarios de la línea prosoviética (que tradicionalmente habían sido los más renuentes adversarios de las tendencias abstractas); sino de creadores que se percibían a sí mismos como una agresiva avanzada dentro del arte cubano.

A primera vista las geometrías sobre los lienzos eran, desde la perspectiva de un arte de crítica social, contenidos anodinos, comerciales y evasivos. Unos rombos, unas formas ovaladas, unos rectángulos, unos planos de color o unas líneas de contorno eran soluciones formales por completo inapropiadas para un momento en el que los jóvenes clamaban por profundas reformas sociales. Sin embargo, elegir la abstracción como paradigma de un arte indulgente ante los conflictos sociales era una decisión estética que venía a repetir en un nuevo contexto las críticas contra el arte abstracto que acompañaron a la no figuración desde su llegada a Cuba. Unas polémicas que podrían servir para argumentar que las tendencias abstraccionistas, lejos de ser complacientes, se insertaron de manera controversial en el escenario artístico del país. Y fue una controversia que se prolongó durante más de medio siglo. Es solo lo que ves era una pieza más dentro de aquel debate. Los jóvenes asumían una posición similar a la que frecuentemente, en Cuba y en Latinoamérica, sostuvieron los partidos de corte marxista, que vieron la abstracción como un arte deshumanizado y ajeno a los conflictos sociales.

Es solo lo que ves era parte de las protestas de un amplio grupo de críticos y artistas contra los obstáculos institucionales a las aperturas en el ámbito de las artes visuales durante la segunda mitad de la década de 1980.[1] El título era un guiño —y una aparente negación— a una muestra colectiva anterior, No es solo lo que ves.[2] Los nuevos artistas hacían un arte abiertamente crítico y opuesto al oficialismo.[3] Luego de unos meses de controversias, las instituciones comenzaban a cerrar los espacios para el debate político. La abstracción era un pretendido acto de sumisión colectiva que nunca habría de consumarse.[4]



[1] A partir de la exposición A tarro partido II, de Tomás Esson (Galería 12 y 23, La Habana, enero de 1988), censurada el mismo día de la inauguración, se agravaron los altercados de los jóvenes artistas contra las instituciones. Las exposiciones y eventos artísticos pasaron a convertirse en un animado espacio de debate político y ético. Antonio Eligio Fernández señala la muestra Relevo, celebrada el otoño de 1986, como el momento en el que ya puede constatarse la existencia de un grupo de artistas que mantendrían una actitud de confrontación ante las instituciones.
Fernández, Antonio Eligio. “Anotaciones al relevo”. En: Santana, Andrés Isaac (compilador y editor). Nosotros, los más infieles. Narraciones críticas sobre el arte cubano. (Murcia: CENDEAC, 2007), 104.

[2] Inaugurada el 1ro de marzo de 1988, por el llamado Grupo Provisional (participaron Glexis Novoa, Aldo Damián Menéndez, José Luis Mateo Alonso, Segundo Planes, Carlos Cárdenas, Ciro Quintana, Carlos Quintana, entre otros).

[3] Mosquera, Gerardo. “The New Cuban Art.” En Erjavec, Aleš. Postmodernism and the Postsocialist Condition. (Berkeley y Los Angeles: University of California Press, 2003), 232-233.

[4] El texto de Desiderio Navarro se publicó en el momento en que se realizaba el controversial Proyecto Castillo de la Fuerza (marzo-septiembre de 1989). Un ciclo de exposiciones que aceleró la destitución de Marcia Leiseca, viceministra de cultura, poco después de que se inaugurara la muestra La bella y la bestia, de Sandra Ceballos. Los ejemplos de censura fueron numerosos. En particular las autoridades encontraban conflictivas las representaciones burlonas de Fidel CastroI o Che GuevaraII y las imágenes sexuales grotescas (como la que incluyó Glexis Novoa en La bella y la bestia). Después del escándalo provocado por la performance La esperanza es lo último que se está perdiendo de Ángel Delgado en El objeto esculturado (mayo-julio de 1990), se impuso una postura más intolerante hacia el arte contestatario.
I Ver los trabajos de René Francisco Rodríguez y Eduardo Ponjuán, exhibidos en el Castillo de la Real Fuerza, en septiembre de 1989 y el lienzo El David, de Joel Rojas, por entonces estudiante en el Instituto Superior de Arte. El David representaba a Castro desnudo, sosteniendo una hoz y un martillo, en la pose de la conocida escultura de Miguel Ángel. La obra fue secuestrada por las autoridades y quedó inconclusa. Rojas fue expulsado del instituto en octubre de 1989. Ver:
(revisado el 16 de febrero de 2018).  

May 12, 2017

Deus Fabulando, by Kiko Faxas

Kiko Faxas
"Deus Fabulando" (2016)
de la serie "Siete Horas de Discurso"


Instalación sonora con piano en vivo

documentación (fragmentos): Leandro Feal
Proyecto SONIQUE, 14 de enero de 2017
Centro Hispanoamericano de Cultura
La Habana, Cuba

Jun 19, 2016

Luis Trápaga: Crónica de un domingo cualquiera


El 18 de junio 2016 yo, Luis Trápaga, artista, fui citado oficialmente a la estación policial de Zapata y C por el instructor que se hace llamar Luis Alberto Pérez Rodríguez, con motivo de tener una “entrevista” conmigo. Un motivo débil para una citación oficial, de hecho, un motivo casi ilegal.

―Usted sabe que si no asiste a la citación tiene 50 pesos de multa.
―Pero yo asistí, aquí estoy.
―Pero llegó muy tarde y yo casi me iba, y para la próxima lo buscaremos con un patrullero y además tiene 50 pesos de multa por no asistir a la primera citación.
El agente Luis Alberto Pérez Rodríguez, siempre de civil, quien domingo tras domingo según sus propias palabras, tiene montado un operativo policial en los bajos de mi casa para impedir que salgamos yo y mi pareja Lia Villares, por la sospecha de que se nos ocurra asistir al parque Gandhi, frente a la iglesia de Santa Rita -en 26 y 5ta Avenida, Miramar- a acompañar a las Damas de Blanco durante las acciones, cívicas y pacíficas, de la campaña #TodosMarchamos, convocada por el ForoDyL.
La razón de la “entrevista” según el agente, era explicar que este operativo policial no se levantaría hasta tanto tuvieran la certeza de que no inténtasemos ir nunca más a Miramar los domingos, y recalcar en tono de amenaza (aun sutil) que eso limitaría nuestro movimiento a cualquier lugar todo lo que durara cada mañana dominical, pues en cuanto saliéramos, seríamos arrestados.
Reclamé que eso era una violación sin ninguna base legal, pues salir de mi casa es un gesto de libertad elemental que no se puede limitar a ningún ciudadano a no ser que tenga alguna sentencia que cumplir, que no es el caso. El policía político respondió que entonces estaríamos cometiendo un delito contra la seguridad del estado.

―Y ustedes van a asistir a lo de hoy a las 7?
―Lo de hoy a las 7?
―Lo de Tania Bruguera
―Pienso que si, pero eso es una fiesta no?
―Si una fiesta, sabemos que ustedes están colaborando con el proyecto de Tania
―Y hay algo mal en eso?
―Lo de Tania Bruguera ya veremos, pero que quede claro que no hay más Santa Rita y no hay más Todos Marchamos, ya se acabó Todos Marchamos y se acabó Estado de Sats.
―Hace unos 5 años aproximadamente un agente me dijo en una entrevista como esta que se había acabado Estado de Sats, y de hecho estaba comenzando, hasta hoy.
―Pero ahora sí se acabó.

También nos exhortó a que nos dedicáramos al arte que era lo que debíamos hacer y dejar a un lado la política que no es lo nuestro, y que si insistíamos en asistir a #TodosMarchamos o a cualquier actividad del Foro o de Estado de Sats, entonces él personalmente tomaría medidas para impedir que Lia viajara próximamente a unos conciertos previstos en Buenos Aires, como parte de unas presentaciones de la banda Porno Para Ricardo, y que esto era una certeza pues al fotógrafo Claudio Fuentes lo habian arrestado recientemente cuando se dirigía al aeropuerto para impedirle viajar a Colombia un evento sobre derechos humanos al cual estaba invitado como parte de un grupo de activistas pacíficos, de lo cual estaba advertido de antemano, y asi mismo ocurriría con Lia si persistía en lo que él siguió llamando actividades en contra de la seguridad del estado.

―Le hace saber a su esposa Lianelis que estos días 19, 20, 21 no les vamos a perder pie ni pisada.
―Y eso por qué?
(El agente hizo un gesto ambigüo, desentendiéndose)

Le dije que eso era otra violación que no se ajustaba a ninguna ley y que era un acoso policial sin motivo alguno. El agente replicó que se le permitiría viajar si a él le daba la gana.
Volví a inquirirle que eso no se correspondía para nada con los criterios revolucionarios del gobierno que él decía representar, sino que más bien se parecía a cualquier comportamiento paramilitar que han ejercido siempre las dictaduras latinoamericanas o en cualquier otro lugar donde hubiera un régimen totalitario. El agente dijo sentirse ofendido al cuestionársele su condición revolucionaria.

―Si esto fuera una dictadura de esas aquí ya habría muchos muertos, y ustedes probablemente estarían muertos.
―Al parecer no han tenido la necesidad de llegar a los extremos, aunque sí, ya tienen algunos.
―Cuáles?
―Oswaldo Payá
―Y ese quién es?
―Usted sabe perfectamente quién es Oswaldo Payá
―Ah, sí, ese que se murió en un accidente…

El agente de la seguridad del estado, Luis Alberto Pérez Rodríguez cumplió su promesa de hacerse presente como cada domingo en los bajos de mi vivienda. Hoy es el día de los padres, y cuando nos vio en la calle (pues regresábamos de la fiesta de la artista Tania Bruguera) nos dijo con ansiedad: ellos están y estarán aquí, señalando a los policías uniformados en la patrulla: su manera de decir que no nos podíamos escapar de la vigilancia, aunque ni siquiera estuviésemos dentro de la casa, y de evidenciar que él no tiene la suficiente autoridad (moral ni oficial) como para ejecutar semejante asedio por sí mismo.

Jun 10, 2016

Tania Bruguera: De cómo se normaliza la censura

Días atrás, recibí una llamada de mi amigo Antoni Muntadas invitándome a su charla en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA). Llegué al mismo museo que me negó la entrada durante la inauguración de sus exposiciones en la pasada Bienal de La Habana (aunque estuve dentro pocos días antes del evento, para compartir con mis amigos artistas Gustavo Pérez Monzón y Tomás Sánchez).

Desde ese día de mayo de 2015, esta sería la primera vez que intentara entrar allí, también entraron los artistas y activistas Lía Villares, Luis Trápaga y El Sexto.

El museo estaba resguardado por una tensión en el ambiente, la creaban los cuerpos — demasiado fornidos para ser artistas o curadores— que estaban casi en formación, casi "verificando" quienes pasaban más allá de la puerta por donde se entraba a la conferencia.


La conferencia ya había empezado. Me estimuló el tema: se estaba hablando de la censura, una de las temáticas abordada en la obra de Muntadas. Aunque todavía tiene que ser uno extranjero para que se le permita hablar de estos tópicos en un evento público en La Habana sin autocensurarse, me pareció una buena señal, dado que el museo tiene un nuevo director y es este evento de los primeros en su programación pública.

Lamentablemente no habían muchos estudiantes del ISA y el público estaba mayoritariamente conformado por funcionarios institucionales y artistas profesionales. Pero pensé en lo oportuno que era que los funcionarios, quienes tienen a veces la función de censores, estuvieran allí. En ese momento intervino Jorge Fernández, el nuevo director del MNBA, aprovechando el tema para tratar de equiparar la censura que sucede en Cuba y la censura institucional que se da internacionalmente; haciendo una explicación en la que parecían iguales, justificando y descontextualizando con esto las historias de censura en Cuba, como si fueran parte o requisito del nuevo esfuerzo febril cubano por pertenecer al mundo.

Si la censura es universal es, por lo tanto —interpreto—, normal. Casi sugería que la nuestra es culpa del bloqueo, mientras aseguraba (parafraseo) que la "sobredimensión" que se le da a la censura en Cuba es producto de la mala intención de los enemigos de nuestro país. Esas palabras, que fueron la primera intervención que le oí en ese diálogo donde parecía más que nada oyente, parecieron cumplir la función de convertir en enemigo, culpabilizar y censurar a quien cuestionara la censura ejercida por las instituciones en Cuba.

Ana María Guash, quien moderaba, se dirigía al público al final de cada sección temática en la que había dividido el conversatorio, intentando buscar preguntas en los presentes para ampliar el diálogo. Pedí la palabra. 

La censura en Cuba es vengativa, rencorosa, arrogante

Coincidí con Jorge Fernández en la existencia de la censura en otros lugares, ofrecí ejemplos de censuras (técnicas, económicas, etc.) que he recibido en otros lugares, pero quise especificar que no eran lo mismo, ni se podían comparar con la censura en Cuba. Hacer esto sería una falta de respeto a los artistas y a las personas que han sufrido las consecuencias artísticas y humanas de ser honestos consigo mismos; con los que hacen su obra como se las dicta su conciencia y no el oportunismo o el miedo. Expliqué cómo en otros lugares se censura, sí, pero el artista tiene derecho a rebatir esa censura de manera pública (a veces incluso en la misma institución que le censuró), y cómo eso se convierte en un debate público y no una mordaza que se le pone a todos para evitar que se hable del caso. Cómo la obra censurada encuentra otras instituciones donde ser exhibida en la misma ciudad y a veces inmediatamente, porque existe una solidaridad gremial, porque todo el mundo sabe que cuando se acepta que una obra sea censurada, sin más, se está colaborando con el censor y se está perdiendo un terreno de libertad artística que afecta a todos. 

Puse el ejemplo de mi nominación al Premio Hugo Boss del Guggenheim mientras soy parte del Comité Organizador de Gulf Labor, un grupo de artistas que nos hemos reunido para reclamarle al director y al board de ese mismo museo, de manera pública, sobre su colaboración con la explotación de los inmigrantes que construyen sus museos en Abu Dhabi. El trabajo de este grupo ha creado una tremenda tensión con la institución y es extremadamente incómodo para el director. Pero eso no ha afectado mi nominación, algo que en Cuba sería impensable, y aún así, tratándose de un proyecto fuera de la Isla, he recibido informaciones fragmentadas sobre los esfuerzos de algunos agentes culturales ubanos por influenciar en el jurado para que no se me otorgue el premio.

Sí, la censura en Cuba tiene tentáculos muy largos y se cree con todos los derechos. Mi énfasis radicó en explicar las diferencias fundamental que existe entre la censura artística en Cuba y la que hacen instituciones culturales en otros países. En estos, se limitan a censurar la obra, no te exponen en el museo y ahí queda. En Cuba, por el contrario, la censura se ejerce con todo el peso de un Gobierno, se usan todas sus instituciones, se extiende a todos los aspectos de la vida de una persona. 


La censura le da el derecho a la policía política de ir hasta el lugar donde trabajas; de contactar a tus amigos para aclararles que el impacto de la censura puede involucrarlos a ellos también si la cuestionan, para aclararle a todos que ya no eres confiable y, por lo tanto, este es el empezar de un paso por el purgatorio que no se sabe cuánto durará ni qué otras consecuencias tenga, ni a quién va a arrastrar con él. Les da derecho a incidir en tu círculo familiar para desestabilizarlo, a decir cosas tan
graves como que eres parte de la CIA o de la Seguridad del Estado, según a quien quieren asustar para que no te defienda más. 

La censura en Cuba es vengativa, rencorosa, arrogante y es una manera de estar en una celda de castigo. La censura en Cuba es aplastante y no te deja opciones. Ha hecho que más de un artista se vaya del país, que más de un artista haya dejado de hacer arte, que no tengamos acceso a la literatura, al arte y el cine que consideren los censores subversivo, por tanto, buscar y consumir ese arte es como un acto ilegal. La censura en Cuba si no te destruye te convierte en mal artista porque de pronto tus propuestas estéticas son malas: no es lo que dices, sino cómo lo dices o cuándo lo dices. Como si diciéndolo de otra manera o en otro momento te dejaran decirlo. 

La censura en Cuba es internacionalista, llega hasta los lugares donde te defienden otros, en otros países. Llega, en la persona de un funcionario de la embajada cubana, a las universidades donde un profesor que te ha defendido enseña; llega en la voz de un funcionario de una agencia de viajes que te aclara que si no quieres tener problema durante tu viaje no contactes al censurado; llega con una invitación a exponer en La Bienal o en el Museo Nacional a quien está en desacuerdo con la censura ejercida, con la esperanza de poderlo callar a cambio de un impulso a su carrera; llega con el descrédito y los rumores sobre el censurado a todas partes, para crear así un estado de opinión que desacredite los argumentos en contra de la censura y hagan deleznable por siempre al censurado.


No creo que ningún museo, ninguna editorial, ninguna sala de conciertos, ninguna cinemateca en el mundo tenga los recursos para hacer este tipo de censura, ni tampoco creo que les interese ensañarse en la persona de esa manera. Me gustaría un día, por curiosidad, saber el presupuesto que se ha gastado en Cuba para la producción y ejecución de la censura.

El chantaje emocional, una herramienta de la censura 

Otro aspecto de la censura es el chantaje emocional. El medio artístico cubano es endogámico, todos nos conocemos, todos tenemos una historia entre nosotros. Los censores de la cultura son personas con las que hemos tenido una relación de años, no es un personaje abstracto del que no se sabe nada. Puede haber sido tu profesor, tu jefe o compañero de trabajo, el dirigente que lleva décadas en el sector de la cultura, el curador que una vez te invitó a exponer, un amigo, incluso para algunos puede haber sido un amante. 

Muchas veces uno se autocensura debido, precisamente, al agradecimiento o el valor que ha tenido esa relación que siempre se vuelve personal. Uno se autocensura por no meter en problemas a otro, que está también tratando de ampliar los espacios no censurados, y uno no quiere ser quien "lo eche a perder". Pero la policía política y los censores saben esto muy bien y muchas veces te mandan "para conversar" a esa persona que tú no quieres dañar, para así neutralizarte. Y es esa misma persona quien —cada vez que se encuentra a quienes están en contra del acto censurador— deja claro, antes de dar su opinión, que el censurado es un "amigo" que él quiere, admira y conoce bien para después pasar a desacreditarlo y a crear dudas sobre el censurado como no haría ni el peor enemigo.

Esta persona se siente incluso con la autoridad y la capacidad legítima para interpretar y explicar las "verdaderas" intenciones del "amigo" que ha sido censurado. La conclusión siempre será la misma: que su "amigo" ha sido censurado con razón, porque hubo un problema de juicio, de sentido común, de cálculo mal hecho, de habérsele ido la mano con la intensidad, etc. Como si los principios de una persona y como si la materia de la obra de arte fueran el sentido común, como si un artista tuviera que esperar una orden o una orientación para abordar un tema que le afecta y quiere expresar, como si las obras de arte tuvieran que tener un bajo nivel de intensidad para ser arte.

Son ellos, la policía política y los censores quienes le dan a cada argumento un enfoque personal; si el problema es la persona, no es el sistema. Esa es la estrategia que usan los censores para no tener responsabilidad por sus actos. 

En Cuba el diálogo crítico pasa de ser un asunto cultural a ser un asunto de Estado. 

Volviendo a mi intervención en el Museo Nacional, no hablé sobre mí sino desde mi experiencia, para ejemplificar —con la autoridad que da lo que se ha vivido— mis argumentos. Ni siquiera mencioné#YoTambienExijo ni lo que esa obra desencadenó, para no "desviarnos" y para que nadie se sintiera aludido, evitando personalizar. La idea de mi intervención era mantener el diálogo sobre los conceptos generales y las estrategias de la censura en Cuba.

Sin embargo, la respuesta de Jorge Fernández fue un ataque frontal y personal, dejando a un lado ideas y enfocándose en mis fracasos (sobre todo comerciales, algo tan valorado en la Cuba que se legitima y construye hoy) por ser una artista incómoda. Diciendo ideas confundidas con mensajes de descrédito infundados a los cuales respondí desde el público diciendo que ese no era el lugar para esto, si él quería hablar de mí que me invitara a ese mismo teatro del Museo Nacional a un diálogo con él, a lo que respondió con una sonrisa sarcástica (como hizo al día siguiente, en una conferencia en la que coincidimos, cuando se lo volví a plantear sin público delante).

Su reacción me hacía sentir que la propuesta era malsana, como si pensar en tener un argumento en un espacio público fuera una trampa para hacer daño, como si yo supiera mejor que él que eso era un pedido inapropiado. Quizás tenga razón y sea una mala idea. 

¿Para qué tener una discusión abierta y honesta sobre la censura si vivimos en un país censurado y autocensurado? ¿Para qué hablar de algo que ya pasó si todos pretenden que no pasó nada? ¿Para qué cuestionar las excelentes tácticas usadas en el proceso de normalización de la censura en Cuba si están funcionando? ¿Para qué estudiar los procesos de descontextualización y universalización de la censura si están siendo aceptados y muchos aseguran que es en Cuba igual que en los demás países? 

Para qué, si en Cuba a un artista que hace crítica institucional no se le reconoce como tal, sino que se le adjudica el título de CR (contrarrevolucionario) con todo lo que eso implica legal y socialmente. Para qué, si la mayor censura a la que está sometido el pueblo cubano es no permitirse a sí mismo tener deseos de cuestionar su realidad. 

Para qué, si en Cuba el diálogo crítico pasa de ser un asunto cultural a ser un asunto de Estado.

Una manera de saltar la censura en Cuba siempre fue encontrar que te defendiera o te apadrinara un extranjero. "El Susurro de Tatlin #6", durante la bienal de 2009, no hubiera podido hacerse si no hubieran sido Guillermo Gómez Peña, Orlando Brito y Saro León quienes me invitaran y pagaran por la producción de la obra. Y así y todo el jalón de orejas y las consecuencias (no poder exponer más en instituciones cubanas o proyectos generados desde Cuba) no me las quitó nadie.

La conferencia de Muntadas fue excelente, porque su obra, que es pionera, lo es; porque es un conversador honesto, agudo e inteligente que no se deja manipular, y porque su responsabilidad como artista fue evidente, aunque aclarara que no era un artista político. 

Me fui pensando en los artistas extranjeros que vienen y se van, que usan a Cuba para su propio beneficio profesional o para estar en la moda y cómo legitiman con esto instituciones y funcionarios que censuran a los artistas cubanos. Me fui pensando cómo Muntadas era un caso raro, porque era alguien que entendía el significado y las consecuencias de sus palabras en este contexto. De cómo quizás, la peor censura que tenemos en Cuba es conformarnos con que sean los extranjeros quienes digan o hagan lo que a ti, como cubano, se te prohíbe decir o hacer. 

La propuesta de conversación pública con Jorge Fernández sigue en pie, espero que acepte y tengamos un foro público sobre la censura dónde esta sea la única ausente.

junio 10 2016
Texto publicado en Facebook por la plataforma #YoTambiénExijo

May 31, 2015

Introducción a la censura castrista


Este texto lo hice cuando fui invitada a recibir el Václav Havel International Prize for Creative Dissent a Danilo Maldonado El Sexto, en el 2015 Oslo Freedom Forum, aunque en ese momento solo leí su carta desde la prisión de Valle Grande, preparé esta introducción para esa ocasión. El Sexto fue liberado el 20 de octubre de ese mismo año. 

En 1961, Fidel Castro convocó a los intelectuales a una reunión extraordinaria en la Biblioteca Nacional. Debía discutir con ellos seriamente a raíz de la censura de un corto audiovisual hecho por dos jóvenes cineastas donde se mostraba una Habana trasnochada y llena de vicios, con rezagos del espíritu burgués.
Ese día, revólver sobre la mesa, manifestó su célebre frase: “Dentro de la Revolución: todo, contra la Revolución: ningún derecho”. Castro parafraseaba a Mussolini quien había dicho algo muy similar hacia 1925 en la Scala de Milán: «La nostra formula é questa: tutto nello Stato, niente al di fuori dello Stato, nulla contro lo Stato».
Fidel Castro, Palabras a los intelectuales, 10 de junio de 1961
“Esto significa que dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada. Contra la Revolución, nada, porque la Revolución tiene también sus derechos; y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir. Y frente al derecho de la Revolución de ser y de existir, nadie —por cuanto la Revolución comprende los intereses del pueblo, por cuanto la Revolución significa los intereses de la nación entera— nadie puede alegar con razón un derecho contra ella. Creo que esto es bien claro.
¿Cuáles son los derechos de los artistas y de los escritores, revolucionarios o no revolucionarios? Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ningún derecho.”
De este pasaje central de Palabras a los intelectuales (1961) se desprendían tres premisas básicas de la política cultural cubana: 1) la censura es un “derecho” del Estado; 2) el gobierno y sus dirigentes tienen el deber de clasificar a los escritores y artistas en “revolucionarios”, “no revolucionarios” y “contrarrevolucionarios”; 3) los límites de la libertad de contenido, trazados por el Estado, se aplican a todos los intelectuales, incluidos los revolucionarios. Desde los años sesenta, no sólo los “no revolucionarios” sino muchos escritores y artistas identificados con el proyecto político en el poder y con sus principales líderes, fueron vetados o temporal o definitivamente segregados de las instituciones culturales del país. 
Cercar oficialmente el pensamiento distinto ha sido la práctica más común en los sistemas totalitarios. De esta forma los grupos y las publicaciones culturales independientes fueron anuladas en los 2 primeros años de iniciado el proceso social llamado “Revolución cubana”.
Apropiándose del viejo argumento del dictador italiano, en su panfleto “Palabras a los intelectuales”, Fidel Castro sembró una amenaza directa e incuestionable en todos los creadores. La autocensura vestida de terror pasó a ser entonces compañía inseparable de los artistas y escritores cubanos.
En Cuba no sobran los artistas contestatarios, hablamos de un país donde la Constitución de la República es muy explícita desde que fue reformada (anticonstitucionalmente) en el año 2002: su carácter socialista es irrevocable, lo que nos perpetúa en el círculo vicioso del silencio forzado.
Puede resumirse en pocas palabras: todo lo que sea en contra de la Revolución, pues ha de ser, por ley, anticonstitucional, eternamente.
Es libre la creación artística siempre que su contenido no sea contrario a la Revolución, contradiciéndose a continuación: Las formas de expresión en el arte son libres.
Constitución de la República CAPÍTULO V: EDUCACIÓN Y CULTURA. ARTICULO 39/ inciso (ch)
Esta contradicción refleja las limitaciones impuestas a la libertad de expresión en Cuba, donde la libertad artística está subordinada a la ideología oficial del Estado. Esto implica que cualquier obra que critique o desafíe los principios de la Revolución está prohibida, resultando en una libertad condicional y un control ideológico sobre el arte. Para los artistas, esto significa autocensura y alineación con los valores revolucionarios para evitar represalias, promoviendo un ambiente de vigilancia y mordaza.
Por el contrario, en el contexto del arte, se usa mucho la frase "la forma no importa, lo importante es el contenido" que enfatiza que el valor de una obra radica en su mensaje o significado más que en su presentación estética. Aplicada a la situación cubana, esto subraya que aunque se permita libertad en las formas de expresión, lo que realmente importa y es controlado es el contenido, observación que refuerza la contradicción y las limitaciones en la libertad artística en Cuba, demostrando que la verdadera libertad de expresión está supeditada al control del contenido ideológico.
En Cuba los espacios públicos están vetados para los ciudadanos. En las calles cubanas suelen escribirse lemas comunistas al estilo de Fidel es el pueblo, Esta calle es de Fidel o Patria o Muerte. Dicho de este último, ideado por el argentino Ernesto Guevara para sustituir al original Patria y Libertad. En El hombre y el socialismo en Cuba, Guevara dictaba que los artistas eran culpables por naturaleza: “La culpabilidad de muchos de nuestros intelectuales y artistas reside en su pecado original: no son auténticamente revolucionarios. Las nuevas generaciones vendrán libres del pecado original”. (El hombre y el socialismo en Cuba, Editora política, La Habana, 1988, pag.23).
En Palabras a los intelectuales, Castro ponía el tema sobre la mesa sin tapujos, luego de que el escritor Virgilio Piñera, casi sumido desde ese momento en el ostracismo venidero, expresara el temor colectivo. La respuesta a tal enfrentamiento de los mal agradecidos intelectuales: “La gran preocupación que todos nosotros debemos tener es la Revolución en sí misma. ¿Es que creemos que la Revolución no tiene peligros? ¿Cuál debe ser hoy la primera preocupación de todo ciudadano? ¿La preocupación de que la Revolución vaya a desbordar sus medidas, de que la Revolución vaya a asfixiar al arte?” (Palabras a los intelectuales, Ediciones del Consejo Nacional de Cultura, 1961, Año de la Educación, Pág 6). Después de este discurso podemos asumir la “normalización de la censura”, transferida del campo socialista soviético. Una expresión propia, individual, ya no tendrá cabida en la construcción de la sociedad revolucionaria: solo la propia Revolución tiene derecho a la existencia, y a la publicidad.
Se trazaba la política cultural revolucionaria, clasificando a los artistas en revolucionarios y contrarrevolucionarios y silenciando a estos últimos. En Cuba, como en cualquier otro régimen del socialismo real, la censura es un recurso del Estado, inscrito en la Constitución, el Código Penal y las leyes. (Rafael Rojas, Breve historia de la censura en Cuba)
Los mecanismos represivos contra la cultura crítica se mantienen intactos 59 años después. Contados son los artistas que desafían abiertamente al gobierno: grafiteros que se atreven a pintar sus propias expresiones en muros destinados únicamente a eslóganes políticos, o artivistas como Tania Bruguera que convocan al pueblo a un micrófono abierto en la otrora Plaza Cívica, hoy Plaza de la Revolución, donde solo pueden tener lugar las masivas marchas nada espontáneas los días de celebración nacional. Atreverse trae serias consecuencias: persecución, amenazas, intimidación, decomisos, multas, prohibición de salida al exterior y directamente, calabozo. Sin contar el daño sicológico y emocional que todas estas medidas disciplinarias conllevan. El grafitero Danilo Maldonado, conocido como El Sexto, cumplió 10 meses de prisión por intentar expresarse, y más recientemente Yulier P., reconocido artista que llegó a tejer inútiles lazos con las instituciones encargadas de fiscalizar la expresión artística, como la Asociación Hermanos Saíz, enfrenta una sentencia si no se apura en comprar grandes cantidades de pintura negra para pintar sobre todos sus murales extendidos por toda la ciudad, en un ultimátum policial de un plazo de 7 días: el artista obligado a borrar su obra, a anularse no ya como persona, si no su propia creación, un aberrado castigo que el propio artista considera una grave humillación.
No existe procedimiento para notificar o solicitar autorización para realizar una protesta, ni recursos legales para apelar las decisiones discriminatorias. No obstante, son frecuentes los desfiles por céntricas avenidas, convocadas y organizadas por el propio gobierno con un marcado carácter político-ideológico. Las restricciones impuestas por el estado a este derecho constitucional de reunión y manifestación pacíficas, no están provistas en una ley.

Existe el delito de “propaganda enemiga”, aplicable a cualquier escritor o artista —dos meses estuvo encarcelado, sin debido proceso, El Sexto, por escribir la frase “Se fue”, el día de la muerte de Castro en los bajos del hotel Habana Libre—, los artículos 53 y 54 del texto constitucional vigente establecen que las “libertades de palabra, prensa, reunión, manifestación y asociación” se “reconocen” siempre y cuando se practiquen “conforme a los fines de la sociedad socialista” y se ejerzan en los “medios” que ofrece el Estado. No es extraño que, bajo esa estructura constitucional, se produzca la anomalía, desde cualquier perspectiva democrática, de considerar la censura como un derecho y no como un privilegio del poder. (Rafael Rojas)
Ayer encerraron a El Sexto. A Tania. Hoy amenazan con calabozo al artista callejero Yulier P si no borra sus murales. Su atrevida acción artística (socialmente comprometida) pretendía tomar ese espacio público prohibido para todos. Una intervención callejera, a falta de galerías y espacios para voces independientes a esa Revolución que terminó asfixiándolos a todos, como vaticinara Castro en aquellas tan tempranas Palabras dedicadas con precisión a los artistas e intelectuales cubanos, porque, como es lógico, todo proceso revolucionario debe generar sus mecanismos de exclusión.
Los gobiernos no deben controlar el arte y a los artistas, sino protegerles. El artista tiene derecho a crear la obra que quiere crear, sin límites. La sociedad tiene el derecho a que sus espacios públicos sean espacios para la creatividad, para la expresión artística; porque son también espacios colectivos de conocimiento y de debate. El espacio público pertenece a la sociedad cívica no a gobiernos, corporaciones o instituciones religiosas. La libertad de expresión artística debe prevalecer a pesar de las presiones, de los chantajes emocionales, de la censura y de la autocensura. El artista debe ser respetado y valorado por pasar por ese proceso tan difícil. La censura artística no sólo afecta al artista sino a la comunidad, porque sienta un tono de miedo y crea una autocensura con respecto al pensamiento crítico. El artista también tiene el derecho a ser comprendido desde la complejidad de su disentir. Un artista no debe ser juzgado primero y discutido después. Un artista no debe ser encarcelado por proponer una realidad "otra", por compartir sus ideas. El artista tiene derecho a ser un artivista (parte artista/parte activista), porque es una parte activa de la sociedad civil, porque el arte es un espacio seguro desde donde debatir, interpretar y educar y ese espacio hay que defenderlo.

 Manifiesto sobre los derechos del artista, Tania Bruguera 

Manifiesto sobre los derechos del artista" Palabras leídas en 'Expert Meeting on Artistic Freedom and Cultural Rights,' Reunión organizada por el Rapporteur especial en el campo de los derechos culturales Sra. Farida Shaheed y la oficina de alto comisionado para los Derechos Humanos Sra. Mylène Bidault. Sala # 21, Palais des Nations, sede de la Organización de Naciones Unidas. Ginebra, 6 de diciembre, 2012.

Introducción Manifesto Libertad Artística - Tania Bruguera 11 nov. 2013

Tania Bruguera Manifesto on Artists’ Rights

Art is not a luxury. Art is a basic social need to which everyone has a right.

Art is a way to build thinking, of being aware of oneself and of the others at the same time. It is a methodology for the search of a here and now in constant transformation.

Art is an invitation to question; it is the social place of doubt, of wanting to understand and of wanting to change reality.

Art is not only a statement of the present, it is also a call for a better future. Therefore, it is a right not only to enjoy art, but to be able to create it.

Art is a common good that does not have to be understood in its totality.

Art is a space of vulnerability from which what is social is deconstructed to construct what is human.

Artists not only have the right to disagree, but the duty to do so.

Artists have the right to disagree not only with affective, moral, philosophical, or cultural aspects, but also with economic and political ones.

Artists have the right to disagree with power, with the status quo.

Artists have the right to be respected and protected when they dissent.

The governments of nations in which artists work have the obligation of protecting the right of artists to dissent because that is their social function: to question and address what otherwise is too sensitive to confront.

Artists also have the right to be understood in the complexity of their disagreement. Artists should not be judged but discussed. And certainly artists should not be put in jail for proposing an “other” reality, for sharing their ideas, for wanting to strike up a conversation on the way the present unfolds. If the artist proposal is not understood, it should be discussed by all, not censored by a few.

Governments, corporations, and religious institutions too easily declare, if one publicly expresses and manifests differently from those in power, that one is irresponsible, wanting to use guilt and incite the masses to violent reactions as their best defense strategy instead of processing criticism and making a call for public debate. There is nothing that justifies the use of violence against an idea or the person that proposes it.

Governments have the duty to provide a space for self -criticism in which they are accountable for their actions, a space where the people can question them. No government is infallible; no human being—even if elected—has the right to talk for all citizens. No social solution is permanent and artists have the opportunity and the duty to propose the imaginary of other social alternatives, of using their communication tools from a space of sensitive responsibility.

Governments must stop fearing ideas.

Governments, corporations (contemporary alternative governments), and religious institutions are not the only ones with a right to build a future; this is the right of citizens, and artists are active citizens. That is why artists have the right and the responsibility not only to think up a different and better world, but to try to build it.

Artists have the right to be artivists (part artists/part activists), because they are an active part of civil society, because art is a safe space from which people can debate, interpret, construct, and educate. And this space must be defended because it benefits all; art is a social tool.

Governments should not control art and artists. They should protect them.

Artists have the right to create the work they want to create, with no limits; they have the duty to be responsible without self-censure.

Society has the right for public spaces to be spaces for creativity and artistic expression, since they also are collective spaces for knowledge and debate. Public space belongs to civic society, not to governments, corporations, or religious institutions.

Freedom of artistic expression does not emerge spontaneously; it is something one learns to reach by leaving behind pressure, emotional blackmail, censorship, and self-censorship. This is a difficult process that should be respected and appreciated.

Artistic censorship not only affects artists but also the communities they inhabit. It creates fear and self-censorship in them. It paralyzes the possibility to exercise critical thinking.

Art is a complex product without one single and final interpretation. Artists have the right to not have their oeuvre reduced or simplified as a schematic that can be manipulated by those in power to consequently result in public offenses they can direct to the artists so as to invalidate their proposals.

The right to decide the value of an artistic statement is not a right of those in power. It is not the right of governments, or corporations, or religious institutions to define what art is. It is the right of the artists to define what art is for them.

In order to create a space for dialogue and the protection of works of art that question established ideas and realities, governments should provide educational platforms from which artistic practice may be better understood.

In moments of high sensitivity (wars, legislative changes, political transitions), it is the duty of the government to protect and guarantee dissident, questioning voices because these are moments in which one cannot do away with rationality and critical thought and it is sometimes only through art that some ideas can emerge and make a public appearance. Without dissent there is no chance for progress.

Socially and politically committed artists talk about difficult moments, deal with sensitive topics, but, unlike journalists, they have no legal protection when doing their work. Unlike corporations, they have no significant economic backing. Unlike governments, they have no political power. Art is a social work based on a practice that makes artists vulnerable and—as is the case with journalists, corporations, and governmental or religious institutions—artists have the right to be protected because they are doing a public service.

We must be cautious of the increasing criminalization of socially committed artistic creation and the rationale of national security used to censure artists who dissent.

Many types of strategies are used for political censorship: direct political pressure on the artist; not accessing economic support; bureaucratic censorship that postpones production processes and marginalizes visibility by drawing artists away from circuits of legitimization and distribution; control of the right to travel. Sometimes “popular sensibility” is used as censorship, but all are a centralized decision for power not to be challenged.

On the other hand, there are artists who are internationally acknowledged and admired for being artivists in their countries of origin and who, at a given time, for one reason or another, migrate and establish themselves temporarily in other countries where they find a new type of censorship, a censorship that relegates, pigeonholes, and sets them inside a limited mental geography where they are only allowed to talk critically of the country they come from and not the country to which they have arrived. This is a situation of censorship where artists are relegated to being unidimensionally political: as political objects of use.

The process of discovering a different society, the inner negotiation one requires to understand the place to which one has arrived and the place one has left, is inherent in the contemporary condition, which is increasingly a migrant condition. This is a condition that artists embody and that they have the right to express. A national culture is the hybridization of the image those who do not live in the country have of it, as well as the one built by all of those present, day by day, in the place, no matter where they have come from before.


We cannot ask artists, whose work is to question society, to keep silent and resort to self-censure once they cross a territorial border.

Artists have the right not to be fragmented as human beings or as social beings.

Artistic expression is a space to challenge meanings, to defy what is imaginable. This is what, as times goes by, is recognized as culture.

A society with freedom of artistic expression is a healthier society. It is a society where citizens are allowed to dream of a better world where they have a place. It is a society that expresses itself better, because it expresses itself in its entire complexity.

There is no other type of practice in the public sphere providing the qualities of the space created by art; that is why this space must be protected.

Governments have the duty to protect all their citizens, including those who may be considered uncomfortable because they question government and what is socially established.

Critical thinking is a civic right that becomes evident in artistic practices. Therefore, when this is threatened we should not talk of censorship, but of the violation of artists’ rights.

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CubaRaw

Luis Trápaga

El artista tiene en venta algunas de sus piezas. Para contactar directamente con él desde La Habana: telf. fijo: (053-7)833 6983
cell: +53 53600770 email: luistrapaga@gmail.com
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"De soledad humana"

Los objetos de la vida cotidiana están relacionados con todos los hábitos y las necesidades humanas que definen el comportamiento de la especia.Nosotros dejamos en lo que nos rodea recuerdos, sensaciones o nostalgias, y a nuestra clase le resulta indispensable otorgarles vida, sentido y unidad (más allá de la que ya tienen) precisamente por el grado de identificación personal que logramos con ellos; un mecanismo contra el olvido y en pos de la necesidad de dejar marca en nuestro paso por la vida.La cuestión central es, ¿Cuánto de ellos queda en nosotros? ¿Cuánto de nosotros se va con ellos? (fragmentos de la tesis de grado de Rafael Villares, San Alejandro, enero 19, 2009)

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