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Edgelit

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Edgelit/Borde.de.luz

Adagio de Habanoni


Fotografías de Silvia Corbelle y Orlando Luis Pardo

mi habanemia

La Habana puede demostrar que es fiel a un estilo.

Sus fidelidades están en pie.

Zarandeada, estirada, desmembrada por piernas y brazos, muestra todavía ese ritmo.

Ritmo que entre la diversidad rodeante es el predominante azafrán hispánico.

Tiene un ritmo de crecimiento vivo, vivaz, de relumbre presto, de respiración de ciudad no surgida en una semana de planos y ecuaciones.

Tiene un destino y un ritmo.

Sus asimilaciones, sus exigencias de ciudad necesaria y fatal, todo ese conglomerado que se ha ido formando a través de las mil puertas, mantiene todavía ese ritmo.

Ritmo de pasos lentos, de estoica despreocupación ante las horas, de sueño con ritmo marino, de elegante aceptación trágica de su descomposición portuaria porque conoce su trágica perdurabilidad.

Ese ritmo -invariable lección desde las constelaciones pitagóricas-, nace de proporciones y medidas.

La Habana conserva todavía la medida humana.

El ser le recorre los contornos, le encuentra su centro, tiene sus zonas de infinitud y soledad donde le llega lo terrible.

Lezama

habanera tú

habanera tú
Luis Trapaga

El habanero se ha acostumbrado, desde hace muchos años, a ese juego donde silenciosamente se apuestan los años y se gana la pérdida de los mismos.

No importa, “la última semana del mes” representa un estilo, una forma en la que la gente se juega su destino y una manera secreta y perdurable de fabricar frustraciones y voluptuosidades.

Lezama

puertas

desmontar la maquinaria

Entrar, salir de la máquina, estar en la máquina: son los estados del deseo independientemente de toda interpretación.

La línea de fuga forma parte de la máquina (…) El problema no es ser libre sino encontrar una salida, o bien una entrada o un lado, una galería, una adyacencia.

Giles Deleuze / Felix Guattari

moi

podemos ofrecer el primer método para operar en nuestra circunstancia: el rasguño en la piedra. Pero en esa hendidura podrá deslizarse, tal vez, el soplo del Espíritu, ordenando el posible nacimiento de una nueva modulación. Después, otra vez el silencio.

José Lezama Lima (La cantidad hechizada)

Medusa

Medusa
Perseo y Medusa (by Luis Trapaga)

...

sintiendo cómo el agua lo rodea por todas partes,
más abajo, más abajo, y el mar picando en sus espaldas;
un pueblo permanece junto a su bestia en la hora de partir;
aullando en el mar, devorando frutas, sacrificando animales,
siempre más abajo, hasta saber el peso de su isla;
el peso de una isla en el amor de un pueblo.

la maldita...

la maldita...
enlace a "La isla en peso", de Virgilio Piñera

La incoherencia es una gran señora.

Si tú me comprendieras me descomprenderías tú.

Nada sostengo, nada me sostiene; nuestra gran tristeza es no tener tristezas.

Soy un tarro de leche cortada con un limón humorístico.

Virgilio Piñera

(carta a Lezama)

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Luis Trápaga

ay

Las locuras no hay que provocarlas, constituyen el clima propio, intransferible. ¿Acaso la continuidad de la locura sincera, no constituye la esencia misma del milagro? Provocar la locura, no es acaso quedarnos con su oportunidad o su inoportunidad.

Lezama

Luis Trápaga Dibujos

Luis Trápaga Dibujos
Dibujos de Luis Trápaga

Pingüino Elemental Cantando HareKrishna

Elementary penguin singing harekrishna
o
la eterna marcha de los pueblos victoriosos
luistrapaga paintings
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Libertad para Danilo

Nov 8, 2008

por fin la conferencia de Castellanos en Critedios

 

SALUDOS AMIGOS, AQUI LES ENVIO GRAFICA DE LA CONFERENCIA DEL CENTRO TEORICO CRITERIOS. (las fotos enviadas por Pedro Luis estan en habanemia -en-wordpress: http://liavillares.wordpress.com porque por alguna razon blogger no me esta permitiendo colgar fotos ni enlazar, apenas texto sin formato de html, asi estamos...

 

PEDRO LUIS GARCIA.

 



 

 El  Centro Teórico-Cultural Criterios.le envía, en file PDF adjunto, el texto completo de la conferencia

"El diversionismo ideológico del rock, la moda y los enfermitos",

 que, el pasado 31 de octubre, leyó en la sede del Centro

 el periodista cultural Ernesto Juan Castellanos

 como parte del Ciclo "La política cultural del período revolucionario: Memoria y reflexión",

que desde enero del 2007 ha venido organizado el propio Centro Teórico-Cultural Criterios.

 

1

A estas alturas de la historia, no tengo la menor duda de que PM, aquel

malogrado documental de Sabá Cabrera Infante y Orlando Jiménez Leal,

de 1961, fue la chispa que, sin proponérselo, detonaría el rumbo de la

política cultural de la Revolución Cubana durante estos casi cincuenta años.

Entonces, los cubanos, embebidos de logros y esperanzas, no necesitaban

mucho para demostrar su felicidad con un frenesí popular no común

hasta entonces. Los realizadores de aquel documental, dos bisoños realizadores,

cámara en mano y con deseos de mostrar en qué consistía el Free

Cinema, salieron a las calles noctámbulas de La Habana para filmar a

gente de pueblo, en sucesión de bares y cantinas, cantando, bailando, bebiendo

y divirtiéndose. En dos años de Revolución, era una de las primeras

veces en la historia del cine cubano que se mostraba a los negros felices.1

El material se exhibió sin penas ni glorias en el programa Lunes en televi-

El diversionismo ideológico

del rock,

la moda y los enfermitos*

Ernesto Juan Castellanos

* Conferencia leída por su autor, el 31 de octubre del 2008, en el Centro Teórico-

Cultural Criterios (La Habana), como parte del ciclo «La política cultural del período

revolucionario: Memoria y reflexión», organizado por dicho Centro.

1 En 1960, Fausto Canel y Joe Massott habían realizado el documental Carnaval. Por

esa misma fecha, Néstor Almendros comienza a filmar Gente de playa, al estilo de PM,

donde muestra a gente de pueblo (familias negras en su mayoría) disfrutando de las

playas de antiguos ricos.

2 Ernesto Juan Castellanos

sión, del canal 2, pero cuando se pretendió proyectarlo en la pantalla grande,

la Comisión de Estudio y Clasificación de Películas del ICAIC la censuró

y confiscó.2

No es mi interés definir aquí si la prohibición de PM se debió a un

conflicto de intereses en la lucha por el poder cultural, a la colisión de

divergentes corrientes estéticas e ideológicas, o a su falta de objetividad en

el enfoque de la situación socio-política que vivía el país entonces. Lo que

sí nadie puede negar es que la profunda polémica que sucedió a su salida

del aire, puso en tela de juicio la libertad creativa de los artistas y escritores

cubanos, cuestión que trató de quedar zanjada poco después, cuando los

días 16, 23 y 30 de junio de 1961, en el salón de actos de la Biblioteca

Nacional, algunas de las figuras más representativas de la intelectualidad

cubana se reunieron con Fidel Castro, Osvaldo Dorticós, Armando Hart

(entonces Ministro de Educación), y algunos otros miembros del gobierno

y del Consejo Nacional de Cultura.

La intervención de Fidel al final de todos los debates, que luego se

conocería como Palabras a los intelectuales, definiría el proceso rector de

la política cultural de la Revolución Cubana. Aunque generalmente de esta

reunión sólo suele subrayarse una frase capital, Fidel abordó temas que

desde los primeros días de 1959 formaban parte de los planes del gobierno

revolucionario, y que la polémica establecida alrededor de PM contribuyó

a acelerar.

Aquel 30 de junio de 1961, Fidel reconoció «la existencia de cuestiones

para las que la Revolución no estaba preparada aún», «una Revolución

que había llegado al poder en tiempo récord, sin contar con la etapa de

gestación por la que habían pasado otras revoluciones». También admitió

que sus líderes no tenían la madurez intelectual de los dirigentes de otras

revoluciones. Preocupaba, con toda razón, qué peligros constituían amenazas

y qué batallas se debían librar, sobre todo en el campo del arte y la

literatura, para ayudarla a salir victoriosa.

2 El 12 de mayo de 1961, la Comisión de Estudio y Clasificación de Películas prohibió la

exhibición de PM en salas de cine «por ofrecer una pintura parcial de la vida nocturna

habanera, que empobrece y desfigura y desvirtúa la actitud que mantiene el pueblo

cubano contra los ataques arteros de la contrarrevolución a las órdenes del imperialismo

yanqui». «Acuerdo del ICAIC sobre la prohibición del film PM», ver en William

Luis, Lunes de Revolución. Literatura y cultura en los primeros años de la Revolución

Cubana, Editorial Verbum, s.l., 2003, p. 223.

El diversionismo ideológico del rock, la moda y los enfermitos 3

La Revolución tiene que tener una política para esa parte del pueblo;

la Revolución tiene que tener una actitud para esa parte de los

intelectuales y de los escritores. La Revolución tiene que comprender

esa realidad y, por lo tanto, debe actuar de manera que

todo ese sector de artistas y de intelectuales que no sean genuinamente

revolucionarios, encuentre dentro de la Revolución un campo

donde trabajar y crear y que su espíritu creador, aun cuando no

sean escritores o artistas revolucionarios, tenga oportunidad y libertad

para expresarse, dentro de la Revolución. Esto significa que

dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución nada. Contra

la Revolución nada, porque la Revolución tiene también sus derechos

y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir y

frente al derecho de la Revolución de ser y de existir, nadie. Por

cuanto la Revolución comprende los intereses del pueblo, por cuanto

la Revolución significa los intereses de la Nación entera, nadie

puede alegar con razón un derecho contra ella. Creo que esto es

bien claro. ¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los

artistas revolucionarios o no revolucionarios? Dentro de la Revolución:

todo; contra la Revolución ningún derecho.3

Las palabras de Fidel a los intelectuales respondían a una preocupación

defensiva del gobierno revolucionario ante la posibilidad de intentos

del enemigo de socavar los cimientos del terreno socio-político que recién

había comenzado a construir, sobre todo ante el peligro que representaban

los rezagos de gobiernos anteriores. La huida de Batista en la madrugada

del 1ro. de enero de 1959 y la entrada a La Habana —y al poder— de Fidel

y los guerrilleros, había sido un contundente golpe para la burguesía cubana.

Aquellos que aún no habían abandonado el país trataban de adaptarse a

la nueva sociedad con las mismas ideas del pasado.

Dos años atrás, el 18 de noviembre de 1959, durante la apertura del X

Congreso de la CTC, al hacer referencia al ambiente disoluto de La Habana

y ciertos conflictos sociales de aquellos días, Fidel había advertido:

Sabemos los desprendimientos naturales que tiene que tener la

Revolución. Ya dijimos de los ratones que van a dar el gran salto al

agua, creyendo que el océano es más seguro que la nave de la

3 Fidel Castro, Palabras a los intelectuales, Ediciones del Consejo Nacional de Cultura,

La Habana, 1961, p. 11.

4 Ernesto Juan Castellanos

Revolución en medio de la tempestad […] de los que se cansan de

ser patriotas, de los que se ablandan, de los que se dejan penetrar

y perforar por las campañas reaccionarias. […]. Ya sabemos los

planes y las maniobras que se gestan para lanzar núcleos sociales

contra nosotros, es decir, para poner a un sector del país, algo así

como lo que ya están haciendo con las pandillitas... […]. Esas

pandillitas de niños «fistos» que vienen a dejar caer una mancha

sobre una revolución […]. Y ahora la quieren manchar grupitos de

pepillos que realizan fechorías en Cadillacs […].

[…] Hoy lanzan a las pandillitas de menores contra la humilde

obrera de un Ten Cents o de una tienda, contra la muchacha modesta

que va a montar una guagua, o contra las niñas que van a

salir de una escuela, y mañana lanzarán a los mayores contra los

obreros, contra los campesinos y contra los sectores humildes del

pueblo, porque se ve a las claras —¡se ve a las claras!— que

quieren promover la lucha social, se ve a las claras que quieren

lanzar unos sectores contra otros, se ve a las claras que quieren

agrupar a todos esos que andan con la siquitrilla destruida por una

u otra medida revolucionaria, para lanzarlos contra los obreros y

contra los campesinos y contra los sectores humildes del país.4

2

El 13 de marzo de 1963, Fidel clausuró el acto de conmemoración del VI

Aniversario del Asalto al Palacio Presidencial, celebrado en la escalinata de

la Universidad de La Habana, y se refirió a la fecha como «el momento de

más alto heroísmo en la historia de nuestra universidad», a las difíciles

batallas libradas en el pasado y las más difíciles aún que se estaban librando

contra el imperialismo, «contra el pasado y sus ideas reaccionarias, contra el

pasado y sus hábitos nefastos, contra el pasado y sus vicios, contra el pasado

y sus hábitos de privilegio». Luego de abordar la adversa relación entre la

Revolución y ciertos sectores religiosos, sobre todo los Testigos de Jehová, el

Bando Evangélico de Gedeón y la Iglesia Pentecostal, a los que consideró

4 Fidel Castro Ruz, Discurso pronunciado en la apertura del X Congreso Obrero en el

Palacio de los Trabajadores, el 18 de noviembre de 1959. En Hoy, nº 170, 20 de

noviembre de 1959, pp-1-5.

El diversionismo ideológico del rock, la moda y los enfermitos 5

enemigos de la Revolución e instrumentos de los imperialistas, mencionó

otro aspecto de igual interés y preocupación para la nueva sociedad:

Claro, por ahí anda un espécimen, otro subproducto que nosotros

debemos de combatir. Es ese joven que tiene 16, 17, 15 años, y ni

estudia, ni trabaja; entonces, andan de lumpen, en esquinas, en

bares, van a algunos teatros, y se toman algunas libertades y realizan

algunos libertinajes. […] Claro que no chocan contra la Revolución

como sistema, pero chocan contra la ley, y de carambola se

vuelven contrarrevolucionarios. […] Muchos de esos pepillos vagos,

hijos de burgueses, andan por ahí con unos pantaloncitos

demasiado estrechos; algunos de ellos con una guitarrita en actitudes

«elvispreslianas», y que han llevado su libertinaje a extremos

de querer ir a algunos sitios de concurrencia pública a organizar

sus shows feminoides por la libre.

Que no confundan la serenidad de la Revolución y la ecuanimidad

de la Revolución con debilidades de la Revolución. Porque nuestra

sociedad no puede darles cabida a esas degeneraciones. […] Estoy

seguro de que independientemente de cualquier teoría y de las

investigaciones de la medicina, entiendo que hay mucho de ambiente,

mucho de ambiente y de reblandecimiento en ese problema.

Pero todos son parientes: el lumpencito, el vago, el elvispresliano,

el «pitusa».5

Si las palabras de Fidel a los intelectuales dos años atrás habían ayudado

a definir la política cultural de la Revolución, el discurso del 13 de

marzo de 1963 definiría la política social que, en lo sucesivo y durante

muchos años, metería en el mismo saco a homosexuales, delincuentes,

lumpens, vagos, «elvispreslianos», burgueses y contrarrevolucionarios.

Desde la raíz de su preocupación, Fidel proponía un trabajo de profilaxis

social, y enfatizaba una determinación política dirigida a aquellos sectores

que, sin ser necesariamente contrarrevolucionarios, eran proclives a ser

utilizados por el enemigo, o a caer en la órbita del rechazo a la Revolución.

5 Fidel Castro Ruz, Discurso pronunciado en la clausura del acto para conmemorar el

VI Aniversario del Asalto al Palacio Presidencial, celebrado en la escalinata de la Universidad

de La Habana, el 13 de marzo de 1963. En El Mundo, nº 20, 599, 14 de

marzo de 1963, pp. 5-6.

6 Ernesto Juan Castellanos

En la práctica, estas ideas se desarrollaron en los diferentes sectores

que comprometían a las organizaciones de masas, políticas y sociales. La

UJC, por ejemplo, trazó una línea de acción referida a los jóvenes, mientras

que el PURS (Partido Unido de la Revolución Socialista) y los sindicatos

obreros se ocuparon de los sectores marginales y desclasados. Por su

parte, la prensa plana enfatizó y amplificó los criterios del discurso de Fidel

en una dirección tan amplia que incluyó de manera directa a los homosexuales.

6

Aquí me permito hacer un paréntesis para precisar que la homofobia

(término que se acuñaría en Estados Unidos en 1972) no es un producto de

la Revolución, sino un antiquísimo sentimiento de aversión, odio, miedo,

prejuicio o discriminación hacia hombres y mujeres homosexuales, que ha

existido en cualquier país del mundo sin importar credo o filiación política.

Sólo en 1974 y en 1990, la Asociación Americana de Psiquiatría y la Organización

Mundial de la Salud, respectivamente, dejaron de considerar la

homosexualidad como una enfermedad mental, luego de extensos estudios

que determinaron que no se trataba de un padecimiento, ni mucho menos

un trastorno mental, sino una variante legítima de la sexualidad.7

Así que la homofobia en Cuba era, entonces, perfectamente comprensible

desde el punto de vista social. Pero fue un error de la Revolución

permitirla y darle una connotación política. Es cierto que la huida de Batista,

y último representante de una historia de gobiernos corruptos, dejó tras

de sí una visible estela de prostitución, proxenetismo, vagancia, delincuencia

y vicios de todo tipo, pero considerar a todos los homosexuales como

6 Como se verá más adelante, el ejemplo más ilustrativo lo constituyó el semanario Mella,

entonces órgano de la Unión de Jóvenes Comunistas, con el enclaustrado y denigrante

enfoque que le dio al tema de la homosexualidad en Cuba

7 Es curioso que mientras en Cuba se veía a los homosexuales como miembros de un

grupo social débil y proclive a la penetración imperialista, en los Estados Unidos les

tenía como proclives a la penetración comunista. Durante los años 50, el maccartismo

llevó con mano dura y al unísono tanto el llamado Red Scare, o la paranoia contra todo

lo que oliera, pareciera y supiera a comunismo, como el Lavender Scare, la paranoia

homofóbica contra la comunidad homosexual que trabajaba en oficinas federales estadounidenses.

En 1950, por ejemplo, el gobierno expulsó a casi un centenar de homosexuales

empleados en el Departamento de Estado porque consideraba que no eran

confiables, pues podían ser susceptibles al chantaje de los comunistas que trataban de

infiltrarse en el gobierno y obtener información secreta sobre temas de seguridad nacional

(ver también nota 15).

El diversionismo ideológico del rock, la moda y los enfermitos 7

«lumpens», «lacras sociales», «pepillos vagos», «hijos de burgueses»,

«degenerados mentales» y «contrarrevolucionarios» laceró a una parte de

la sociedad que tardaría años en ver sus heridas curadas, amén de aquellos

que no sobrevivieron a la hemorragia. Por supuesto que me es imposible

citar nombres y cifras, pero en los primeros años de la Revolución no eran

pocos de ellos excelentes hijos de familia, trabajadores, estudiantes, dirigentes,

y hasta militares, integrados con fervor (no importaba si con mayor

o menor virilidad) a la construcción del socialismo. Y muchos de ellos

tuvieron que disimular su homosexualidad y reprimir sus orientaciones sexuales

para no ser rechazados tanto por la sociedad como por el propio proceso

revolucionario.

Por desdicha, fueron esa relegación, y posteriores etapas de ostracismo

homofóbico, cada vez más feroces, las que hicieron que muchos se

alejaran sin retorno del camino de la obra que se construía. Ser homosexual

en Cuba representaba estar condenado a una proscripción social y

política a la que entonces no encontraban explicación. Es en realidad lamentable

que muchos de ellos no se hicieran contrarrevolucionarios o se

fueran del país por convicción, sino inducidos por tareas «revolucionarias»

de primer orden, orientadas desde círculos de poder como si fueran obras

de choque.

Aquel discurso del 13 de marzo de 1963 tuvo eco en varios artículos

de la prensa plana nacional, sobre todo en las revistas Mella y Alma Mater,

que les dieron a las palabras de Fidel el más variado espectro de interpretaciones.

8 El 11 de mayo, apenas dos meses después, aparecía un texto

publicado en el órgano de la Juventud Comunista que incluía criterios,

valoraciones y calificativos que no habían sido expresados o esbozados por

Fidel, y me gustaría que fueran notando en próximas citas, cómo, a medida

que pasaba el tiempo, se iba contaminando el discurso:

Los elvispreslianos, los aspirantes, los pitusas, los niños bitongos,

los «liberados» son los portadores degenerados de la ideología

pequeño-burguesa, putrefacta y hedionda. Enemigos también de

la disciplina, instrumentos fáciles de la contrarrevolución y lo antisocial,

propagadores de mentiras y estupideces. Portadores de las

peores enfermedades burguesas: afeminamiento, existencialismo,

8 Mella desapareció en 1966 para convertirse en el periódico Juventud Rebelde. Alma

Mater sigue siendo la revista de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU).

8 Ernesto Juan Castellanos

haraganería aguda, cinismo […]. Por estos parajes se forman tertulias

con personajes de esta calaña, donde casi siempre se habla

de la amplitud en el arte, se rumia odio y se critica la última película

soviética, y se habla del «sectarismo» buscando acomodo y

justificación a su conducta anti-revolucionaria. Este movimiento

de «desprejuiciados» se nutre de los elementos «aspirantes»,

intelectualoides, niños-bien, y otros desclasados y enfermos mentales.

Comienzan recitando poemas en cualquier esquina y terminan

en algunos cabaret, dando riendas a sus excrecencias y perturbaciones

mentales […]. «Liberados», «inadaptados sociales», «rebeldes

del sexo», y decenas más son los nombres inventados por

esta sociología [capitalista], para hacer lo que no se puede, presentar

decentemente esta carroña humana […]. Los «liberados», los

feminoides, y todo el resto de esa piltrafa, han sido degenerados

por esa sociedad hasta convertirlos en pacientes de las más terribles

e incurables enfermedades sociales […]. Las enfermedades

están siendo extirpadas todas, y ésta no es una excepción.9

Fue la época en que se puso de moda el concepto de la «moral comunista

», uno de los temas que con más profundidad e incidencia se analizaba

en los centros laborales y docentes, sobre todo en los últimos, con aquellas

tristemente conocidas «Asambleas por la Moral Comunista», en las que,

entre otras cosas, se defenestraba a aquellos que, según ciertos criterios, no

estuvieran dentro de los marcos de los principios revolucionarios. La juventud

debía ser —y demostrar ser— comunista aunque no tuvieran el

carné que la avalara como tal. Uno de los objetivos primarios de la batalla

de la moral comunista fueron las universidades, donde pronto comenzaron

las «depuraciones» de alumnos y profesores que alguna comisión determinaba

no estaban de acuerdo con los lineamientos de la Revolución.

En mayo de 1963, Mella publicó otro artículo que se convertiría en

lectura obligada en los centros de enseñanza media y superior. Hablaba

sobre esa moral comunista basada en «la actitud de los jóvenes ante el

trabajo, el estudio, la defensa, la conducta con sus familiares, sus sentimientos

ante Cuba y los demás pueblos del mundo, su honradez autocrítica

frente a sus errores y defectos, exteriorizada y en su pensamiento inter-

9 «Unos 'liberados' atados a las peores lacras del pasado», Mella, nº 219, 11 de mayo

de 1963, p. 3. La palabra entre corchetes es mía para ofrecer el contexto de la cita.

El diversionismo ideológico del rock, la moda y los enfermitos 9

no, su voluntad, espíritu esforzado, coraje…». Esa era la moral nueva que

debía crecer y desarrollarse con la Revolución y el Socialismo, «en contraposición

con la moral vieja» que entonces había que combatir, incluida la

moral «de los 'esvispreslianos' y pepillitos, que haraganean propagan la

indisciplina, pierden lamentablemente su tiempo, y son la preocupación y

sufrimiento de sus padres».10

A éste siguió, como parte de un ciclo de conferencias organizado en La

Habana, un discurso de Gaspar Jorge García Galló, quien habló sobre el

internacionalismo proletario, la moral burguesa, el papel del vicio y, por

último, de las perversiones sexuales de los «enfermos», el nuevo calificativo

que comenzó a aplicárseles a los homosexuales, y que se mantendría

durante muchos años, sobre todo en su versión de «enfermitos», en el

léxico homofóbico cubano11

Por eso, al tratar de las normas morales socialistas en la relación

con la mujer, el hogar y la familia debemos tocar un aspecto muy

serio que es el [que] se refiere a las «desviaciones sexuales». Y yo

quiero decir que una de las características de nuestra moral socialista

es que no transige con éstos que se ha dado en llamar ahora

«los enfermos». No somos transigentes, no somos benévolos con

esa llamada enfermedad. Porque lo de enfermedad es muy relativo.

Nosotros creemos que la justificación que se pretende hacer

de los «enfermos» reduciéndolo a un problema biológico, no es

valedera. Nosotros estimamos que es —fundamentalmente— un

problema social; un problema de corrupción […]. Ese remanente

está concentrado en ciertos sectores y en determinadas capas. Son

muy raros los casos entre campesinos y entre los trabajadores.12

Se hacen más numerosos en la esfera de los espectáculos y, en

particular, de ciertas actividades artísticas. Algunos desviados, ideó-

10 «¿Qué es la moral comunista?», Mella, ibídem.

11 García Galló era el Secretario General del Sindicato Nacional de Trabajadores de la

Educación y la Ciencia (SNTEC), miembro del Consejo Superior de Universidades y

uno de los ideólogos de la Reforma Universitaria. Todo parece indicar que para su

discurso tomó el término con el que, en el argot popular, se nombraba entonces a los

amantes del rock, y lo traspoló al campo de la homosexualidad.

12 El 13 de marzo de 1963, Fidel había dicho en su discurso en la Universidad: «Hay unas

cuantas teorías, yo no soy científico, no soy un técnico en esa materia, pero sí observé

siempre una cosa: que el campo no daba ese subproducto».

10 Ernesto Juan Castellanos

logos de sus prácticas torcidas, llegan a decir que el ejercicio de

ciertas funciones artísticas requiere «un criterio amplio sobre lo

normal en las relaciones sexuales». Estamos en contra de esa llamada

amplitud de criterio. Estamos contra todos esos «enfermos»,

que dentro de Cuba y fuera de Cuba, dan espectáculos deprimentes

que afectan el honor nacional […]. Mientras se toman las medidas

sociales que vayan cegando la fuente generadora de estas

desviaciones, es preciso ir controlando el remanente que heredamos.

Es posible que, integrando al trabajo productivo a una gran

parte de estos «enfermos», logremos reeducarlos. Muchos son

útiles. Son sensibles, inteligentes. El hecho de que comprendamos

las causas de su «enfermedad no debe conducirnos a la tolerancia

».13

Ya a finales de 1963 se fraguaba en las universidades «una serie de

movimientos y trabajos tendientes a realizar toda una serie de tareas ya

inaplazables», como el acondicionamiento de «la estructura orgánica universitaria

a los requerimientos del momento, haciendo una serie de cambios

que la experiencia de los últimos años indica necesarios, necesidad

confirmada por la obligatoriedad de brindar lo que el país exige de la Universidad,

llegando por esta vía, incluso si es necesario, a reformar la Reforma

», así como la elaboración de un «documento con una estructura y

organización funcional para la Universidad», la aprobación de la ley estudio-

trabajo, y «otras medidas como depuración estudiantil y la depuración

de profesores irresponsables.14

Esta depuración incluyó a un número considerable de estudiantes y

profesores insensibles a la ideología socialista, pero también a todos cuya

virilidad y fortaleza física resultaran dudosas. Poco o nada importaba que

se tratara de estudiantes con intachables resultados académicos, partícipes

en todas las actividades docentes y revolucionarias organizadas dentro y

fuera de la universidad. Las medidas fueron tajantes y drásticas, y pocos

«enfermitos» pudieron sortear la inapelable expulsión de sus facultades.15

13 Gaspar Jorge García Galló, Nuestra moral socialista, Secretaría de Divulgación,

Consejo Provincial del SNTEC, La Habana, 1963, pp.41-42.

14 Editorial, Alma Mater, nº 22, 16 de diciembre de 1963, p. 2.

15 Estas depuraciones ideológicas incluyeron además ataques a escritores homosexuales

como Virgilio Piñera y José Lezama Lima, cuya novela Paradiso fue retirada de la

venta en 1966. El mundo alucinante, de Reinaldo Arenas, mención en el Premio

El diversionismo ideológico del rock, la moda y los enfermitos 11

3

En la misma medida que los poco viriles síntomas de homosexualidad, la

moda en la juventud, primero la forma de vestir y luego el largo del cabello

y el estilo del peinado, resultó fuerte objeto de preocupación y análisis en

todos los niveles del aparato ideológico cubano. En su segunda edición de

septiembre de 1964, al comenzar el nuevo curso escolar, Mella publicó un

texto alusivo a la carta de un joven, inquieto porque se calificara de «desviados

» a quienes les gustara vestirse al estilo moderno, y porque se les

juzgara como «lumpens y enemigos del socialismo». «Como no entiendo

el usar determinado tipo de modas algo incorrecto, ni que un joven revolucionario

pueda desviarse por esto, es por lo que transmito mis ideas a esa

sección, a fin de estar orientado al respecto», decía el preocupado joven a

la dirección de la revista.

Luego de atribuir el problema de la moda a las «dificultades de todo

propiciadas y puestas en práctica directamente por los imperialistas», y a

«ciertas dificultades primarias que afectaron en primera instancia a los

consumidores y cuya justificación, entre otras cuestiones generales, se explica

por la inexperiencia de los nuevos administradores revolucionarios,

surgidos de la clase obrera sin bagaje anterior de conocimientos sobre la

dirección de la producción; por la falta de información sobre los nuevos

estilos y combinaciones de la moda mundial», la tajante respuesta fue:16

UNEAC 1968, y el poemario Lenguaje de mudos, de Delfín Prats, ganador del Premio

David de la UNEAC de ese mismo año, no fueron publicados en Cuba por su

carácter homosexual (el poemario fue incinerado). Por su parte, Los siete contra

Tebas, de Antón Arrufat, Premio UNEAC de Teatro, también de 1968, fue considerado

una pieza teatral contrarrevolucionaria según el prólogo del Comité Directivo de la

UNEAC. En los Estados Unidos también hubo depuraciones de homosexuales de las

universidades; entre 1959 y 1963, un Comité Legislativo de Investigación, la Comisión

Johns, forzó a la expulsión de un número considerable de profesores y alumnos homosexuales

de varias universidades en La Florida, estado donde los actos homosexuales

constituyeron delito hasta 2003.

16 Una de las pocas veces que se habló sobre moda por esa fecha fue en un trabajo

publicado en Mella en abril de 1964, al crédito de un periodista soviético de apellido

Ermolaev, entonces corresponsal de Novosti en Cuba, quien hablaba de semejanzas y

diferencias entre la moda cubana de los años 60 y la de los komsomoles soviéticos de

los años 20. Para más información, ver E. Ermolaev, «Modas y juventud», Mella, nº

267, 13 de abril de 1964, pp.14-15.

12 Ernesto Juan Castellanos

Así es como actualmente, aprovechándose de la cierta confusión

que crearon sobre la actitud revolucionaria ante las modas, aparecieron

por algunas calles habaneras ciertos individuos pertenecientes

a ese mismo grupo de enemigos del trabajo, ladrones, extahures

[sic], exmilitares afeminados, hijos de burgueses cuyos sueños de

vivir bien han sido rotos por la revolución, vistiendo determinados

estilos de modas europeas, con un máximo de exageración en los

diseños, aparentando ser los «revolucionarios de las modas». Estos

individuos son los «lumpens», elementos que ahora sirven a la

contrarrevolución y al imperialismo, tratando de influir en nuestra

juventud con el fin de corromperla y apartarla de su objetivo fundamental:

la construcción del socialismo. Por eso les llamamos

desviados, y contra ellos los jóvenes revolucionarios habremos de

librar una batalla por desenmascararlos, ridiculizarlos ante todo el

pueblo y si es preciso, como ya se viene haciendo, le aplicaremos

toda la fuerza y el poder del estado obrero-campesino».17

En una edición posterior, Mella retomaba el tema que había dejado

inconcluso, pero ya aportando elementos ilustrativos de lo que era entonces

la «peligrosa» moda de los «enfermitos»:

Creemos sobre tal opinión inexacta, que la misma no puede venir

sino de los enemigos de la revolución que tergiversando la crítica

popular contra los vagos disfrazados de «enfermitos», pretenden

confundir a los jóvenes diciéndoles que el socialismo es enemigo

del vestir moderno. Esta afirmación malintencionada, cuyo único

fin es crear el temor de la juventud alrededor de las modas para así

alejarlos de su preocupación fundamental: prepararse como constructores

del comunismo, tiene sus raíces ideológicas en la propia

actitud ante la vida que mantienen estos elementos. […]. Agrupados

en legiones que transitan por algunas calles de la capital, los

desviados se identifican por el disfraz […]: espejuelos oscuros,

sandalias y motas. Pull-overs de cebra y camisones anchos. Pantaloncitos

estrechitos. Peinados Accatone, Nerón, etc.18

17 «Los desviados se esconden tras la noche», Mella, nº 291, 28 septiembre 1964, p. 9.

18 Accatone, de Pier Paolo Passolini, fue una de las películas que en 1963, junto a La

dolce vita, de Federico Fellini, El ángel exterminador, de Luis Buñuel, y Alias

Gardelito, de Lautaro Murúa, suscitaron escabrosos debates por su contenido social.

Nerón era entonces también uno de los calificativos para nombrar a un homosexual.

El diversionismo ideológico del rock, la moda y los enfermitos 13

Pelos bien revueltos y en distintos colores. Faldas bien cortas con

pantorrillas al aire. Medallones con tiras largas. Patillas bien finitas.

Libros en el sobaco. Todo puede combinarse. De acuerdo con

el sexo. No es que el sayo siempre haga al monje, pero los «enfermitos

», a diferencia de los jóvenes obreros, campesinos, militares

o estudiantes, siempre tienen un modo por el cual identificarse: el

vestir extravagante.19

Para una estocada semifinal —ya que luego vendrían otros sablazos

más letales aún— un comunicado conjunto sin medias tintas de la Unión

de Jóvenes Comunistas y la Unión de Estudiantes Secundarios, de lectura

obligada en todos los preuniversitarios del país, y en el cual era fácil discernir

quién había aportado la espada, decía entre otras cuestiones:

Las organizaciones juveniles de nuestro país, hemos decidido plantearles

a ustedes, estudiantes secundarios, la necesidad de expulsar

de los planteles a todos aquellos elementos que no son capaces de

inspirarse en la obra de la Revolución, en el sacrificio de nuestros

mártires, en el heroísmo presente de la juventud cubana, que tratan

de vivir a espaldas del proceso revolucionario que quieren representar

la ideología de los enemigos del pueblo.

Estos elementos, contrarrevolucionarios y homosexuales, es necesario

expulsarlos de los planteles en el último año de su carrera en

la enseñanza secundaria superior, para impedir su ingreso a las

Universidades. Para ellos solamente hay dos alternativas dentro de

nuestra sociedad: o convertirse en elementos deleznables, o pasar

a formar parte de las filas del ejército del trabajo, y educarse allí en

una actitud distinta, más acorde con la forma de pensar de nuestra

juventud […].

Estas medidas necesarias, cuya aplicación ha de ser la expresión

de un desarrollo más alto de la conciencia revolucionaria del movimiento

estudiantil, habrán de servir para que en las Universidades

de Mella y Echeverría estudien los jóvenes que sean capaces de

interpretarlas y seguir dignamente su ejemplo.20

19 «Los vagos se disfrazan de enfermitos», Mella, nº 293, 5 de octubre de 1964, p. 9.

20 La universidad de Mella era la Universidad de La Habana; la de Echeverría era la

CUJAE (Ciudad Universitaria José Antonio Echeverría, donde se cursaban las carre14

Ernesto Juan Castellanos

Ustedes son los que tienen la palabra, a ustedes corresponde aplicar

estas medidas; en su aplicación nuestra función ha de ser de

orientación, de organización de la actividad, pero deben ser los

estudiantes, los que la apliquen. De todos ha de ser la preocupación

porque no haya extremismos, porque éste sea un proceso

verdaderamente ejemplar […].

¡Fuera los contrarrevolucionarios y los homosexuales de nuestros

planteles!

Donde sea, como sea, y para lo que sea, ¡Comandante en Jefe,

Ordene!

¡Patria o Muerte, Venceremos!21

Como era de esperar, la reacción tanto de padres como de estudiantes

preocupados fue inmediata, pero infructuosa. No era posible hacer algo

contra disposiciones que venían orientadas desde instancias superiores como

tareas políticas de primer orden. La suerte de los estudiantes homosexuales

preuniversitarios y universitarios estaba echada, y sólo se podía correr en

una sola dirección. Al mes siguiente, basada en un lógico número de inquietudes

y criterios populares, Alma Mater publicaba un editorial dirigido básicamente

a los estudiantes de la FEU:

Numerosos y variados comentarios han surgido en nuestra Universidad,

y sobre todo fuera de ella, como consecuencia del Proceso

de Depuración que el estudiantado está llevando a cabo en

sus filas con los elementos hostiles a la Revolución. Opiniones

tales como las de «cacería de brujas», «métodos cavernícolas»,

«histeria colectiva», «actividades extremistas», han sido echadas

a rodar por algunos elementos que no entienden o que tratan de

desvirtuar esta tarea que la Revolución está llevando a cabo. En

estos momentos no nos preocupa el que estas opiniones sean emiras

de Arquitectura y todas las Ingenierías, hoy Instituto Superior Politécnico José

Antonio Echeverría), donde en muchos casos fue más drástica la depuración.

21 El comunicado lo circularon la UJC y la UES por todos los centros preuniversitarios

del país, y luego se publicó como «La gran batalla del estudiantado», Mella, nº 326, 31

de mayo de 1965, pp. 2-3.

El diversionismo ideológico del rock, la moda y los enfermitos 15

tidas por elementos desafectos a la Revolución y por elementos

homosexuales, sino que algunas personas honestas puedan dejarse

confundir o desviarse ideológicamente del camino Revolucionario,

por ello dejamos sentada hoy nuestra opinión. La depuración surge

como un producto del desarrollo actual y como necesidad para

el desarrollo futuro de la Revolución en el campo de la Ciencia, de

la Técnica, de la Cultura, de la Economía y de la Política. Los

futuros técnicos, científicos e intelectuales de nuestra Patria han

de ser necesariamente revolucionarios, firmes ante el enemigo imperialista,

sus variadas formas de penetración y agresión, capaces

de dar la vida por la Revolución, por el Pueblo, tanto en un instante

de peligro si éste se presentara como en el trabajo de cada día.

No son ni los elementos desafectos a la Revolución ni los homosexuales

capaces de cumplir esta tarea y por tanto no debe invertirse

en ellos el producto del sudor y la sangre de nuestro pueblo para

darles armas y herramientas que puedan volver contra la Sociedad.

Consideramos que no es la Universidad el lugar propicio para

la reeducación de estos elementos desviados del proceso Revolucionario,

ni el mejor lugar para desarrollar con ellos la tarea de

reincorporarse a la Sociedad, al Proceso Revolucionario […]. Algunos

pretenden, en su afán de frenar el proceso de Depuración

por lo que les toca de cerca, el dividirlo en dos procesos distintos:

el de los contrarrevolucionarios y el de los homosexuales. Nosotros

decimos que la Depuración es una sola, que tan nociva es la

influencia y la actividad de unos como de otros en la formación del

profesional revolucionario del futuro.22

Fueron los tiempos en que el lenguaje oficialista referido a la homosexualidad

en Cuba —sobre todo del Partido, la UJC y el resto de la pirámide

ideológica hasta la base— ya no necesitaba medir sus palabras. Al parecer,

mientras más soeces y humillantes fueran los calificativos, más revolucionaria

y demoledora era la crítica.

Doy una última referencia para ilustrar cómo las palabras de Fidel del

13 de marzo de 1963, y su llamada de atención sobre la situación social de

aquel entonces, se salieron de todo límite lógico a manos de los extremistas

que se propusieron «la cura al mal» y echaron a rodar cuesta abajo la

22 «Nuestra opinión», Alma Mater, nº 49, 5 de junio de 1965, p. 2.

16 Ernesto Juan Castellanos

pesada carga con un carácter cada vez más denigrante, represivo y alejado

de los fundamentos del discurso original.

El 6 septiembre de 1965, Mella aseguraba, con todo conocimiento de

causa, que los «enfermitos» agrupaban «contrarrevolucionarios,

siquitrillados, imbéciles y anormales» que «se escudan bajo la máscara

fácil del arte y la literatura», que «tratan de influir en el joven honestamente

preocupado por los problemas intelectuales», y que «a pesar de sus

gritos histéricos, a nadie perturban, a nadie ponen nerviosos», porque «en

la construcción de un edificio nuevo, no hay cabida para cucarachas y

ratones…».23

La estocada a fondo, el sablazo directo al corazón de la bestia, la dio

poco después el entonces Secretario General de la UJC, Miguel Martín, en

la Asamblea de la Unión de Jóvenes Comunistas de la Facultad de Humanidades

de la Universidad de La Habana:

Así hay un grupo de problemas que son muy debatidos. Uno de

ellos es el homosexualismo. Al calor del inicio de la depuración de

elementos homosexuales y contrarrevolucionarios, en la Universidad

esta discusión se puso más al rojo vivo […]. Es una opinión

nuestra que una Universidad no debe graduar gentes que sean

homosexuales; es una opinión nuestra que la actitud de la Juventud

Comunista debe ser de crear el repudio, de convertir a estos

elementos en gente antisocial, de que nuestras masas los vean

como lacra de la sociedad.24 Hay que luchar contra la actitud de

promover una cierta tolerancia filosófica, justificación filosófica

que se le da en determinados círculos al problema del homosexualismo.

Es cierto que esto requiere un tratamiento serio, es cierto

que esto es un problema que hay que estudiarlo bien y estudiarlo

desde el punto de vista científico, que requiere análisis de causa,

pero es cierto también que debe ser parte de ese tratamiento crear

el repudio de masa. Eso para nosotros debe estar claro.

23 Enrique A. Jane, «El mundo de los diferentes», Mella, nº 340, 6 de septiembre de

1965, pp. 6-8.

24 En el comunicado de la UJC/UES de mayo de 1965 se les daba a los homosexuales la

alternativa de auto-convertirse en elementos deleznables. El discurso de Miguel Martín

les daba ahora la tarea a los estudiantes revolucionarios de «convertir en gente antisocial

» a los que aún no se habían auto-inmolado.

El diversionismo ideológico del rock, la moda y los enfermitos 17

Pero es necesario también que los jóvenes que no han demostrado

una actitud correcta ante sus estudios, en la disciplina del plantel,

que muestren determinadas desviaciones que puedan expresar en

ellos algún tipo de blandenguería pequeño burguesa y que sean

apáticos a las actividades revolucionarias que realiza el estudiantado,

sino expulsado de los planteles, por lo menos, antes de ganar el

derecho a ingresar en nuestras Universidades, cumplan una tarea

honrosa que tiene la juventud cubana actualmente, ingresar en el

Servicio Militar Obligatorio, y que después, acorde con su comportamiento

en nuestras gloriosas Fuerzas Armadas Revolucionarias,

puedan cubrir en sus expedientes las lagunas que hoy tienen,

y que les impiden ingresar en nuestras Universidades.25

El Servicio Militar Obligatorio al que se refería Miguel Martín, en realidad

no estaba en unidades militares fusil en ristre, sino en unidades de

trabajo duro que se habían comenzado a instaurar en Camagüey dos meses

antes. Y no se llamaba SMO, sino que tenía siglas diferentes: UMAP (Unidades

Militares de Ayuda a la Producción), donde fueron confinados, sin

excusas y en igualdad de condiciones, miles de homosexuales, religiosos

—sobre todo Testigos de Jehová—, y jóvenes verdaderamente antisociales.

El objetivo era preciso y claro: reeducarlos hasta «hacerlos hombres» de la

nueva sociedad, y cubrir así aquellas convicciones y «lagunas» sociales,

morales e ideológicas que los habían llevado allí.

4

Muchos se estarán preguntando por qué un investigador sobre el rock

imparte una conferencia sobre diversionismo ideológico y le dedica veintiuna

cuartillas al tema de la homofobia y las llamadas lacras sociales en Cuba

durante los años 60. La respuesta es sencilla: el artículo de la revista Mella

de septiembre de 1965 bien pudo haber dicho que aquel «mundo de los

diferentes» incluía a «contrarrevolucionarios, siquitrillados, imbéciles, anormales

y rockeros».

Por una asociación fácil de comprender sobre la base de los elementos

antes expuestos, a los seguidores y cultores cubanos del rock, que no nece-

25 Miguel Martín, «Tenemos que desarraigar los rezagos de la ideología pequeño-burguesa

en el movimiento estudiantil», Juventud Rebelde, 24 de enero de 1966, p. 4.

18 Ernesto Juan Castellanos

sariamente tenían que ser «elvispreslianos» o «pepillitos», ni tampoco entonces

se les conocía como rockeros, se les midió con el mismo cartabón

que a los homosexuales y a los lumpens en todos sus estratos. Y muchos de

ellos compartieron similares dosis de calificativos, incomprensiones y proscripciones,

desde el rechazo social o los procesos depurativos en las universidades

hasta la reclusión en los campamentos de rehabilitación de las

UMAP.

Para hacer justicia a la verdad, este ostracismo rockofóbico no siempre

fue así. Con el triunfo de 1959, dos años después de que el rock and

roll se posara con pie firme en algunos sectores de la cultura cubana, éste

no le representó a la Revolución un reto inmediato. Muchas emisoras de

radio siguieron transmitiéndolo, a la vez que las casas discográficas y las

victrolas de muchos bares, bodegas, fondas y restaurantes mantenían su

buen stock de discos de artistas y agrupaciones rockeras estadounidenses.

Pero las constantes provocaciones del gobierno de los Estados Unidos,

el secuestro y asesinato de pescadores cubanos, los intentos contra la vida

de altos dirigentes políticos, instigados y financiados por la CIA, las agresiones

y sabotajes de grupos contrarrevolucionarios, la ruptura de las relaciones

diplomáticas entre La Habana y Washington, y la subsiguiente imposición

de un bloqueo naval y económico a la Isla, propiciaron que la

Revolución, entre otras actitudes de defensa, reevaluara el arte como una

de sus armas y un medio para enfrentar diferentes formas de penetración

ideológica imperialista en su juventud.

Esa reevaluación nació dos meses después de declarado el carácter

socialista de la Revolución, en aquellas tres jornadas en la Biblioteca Nacional

en 1961, en las que Fidel y el grupo de intelectuales presentes comenzaron

a armar el nuevo frente cultural dentro de los marcos y estética

de la Revolución.

Aquella sucinta frase de Fidel, «dentro de la Revolución, todo; contra

la Revolución, nada», como bien diría Desiderio Navarro, «sacada de su

contexto y en manos de toda clase de hermeneutas y exegetas circunstanciales

», se asumió, como también sucedería después con su discurso del

13 de marzo de 1963, con la más variada pluralidad de interpretaciones.26

Quizás la menos acertada fue el rígido dogma que adoptaron los círculos

de poder que decidían el rumbo de la política cultural. Simplemente dicho,

26 Desiderio Navarro, «In medias res publicas», La Gaceta de Cuba, nº 3, mayo-junio

de 2001.

El diversionismo ideológico del rock, la moda y los enfermitos 19

todo lo que no estaba dentro del marco de principios ideológicos, éticos y

estéticos encauzados por la Revolución estaba, sin medias tintas, en contra

de ésta.

Fortuitamente o no, la primera crítica a la música rock aparecida en

Cuba después del 1ro. de enero de 1959 vio la luz en agosto de 1961, dos

meses después del ya mencionado encuentro de Fidel con los intelectuales.

Luis Orticón, un columnista del periódico Revolución, decía en un artículo

que

lo peor no es ese jovencito que canta y toca el piano y hace música

y dice llamarse Paul Anka […]. Lo peor es que muchas de nuestras

radioemisoras estén divulgando toda esa bobería musicalizada

y confundiendo el gusto de nuestro pueblo […]. Lo mejor, pues,

es olvidarse de Paul Anka y sus rocanroles [sic]: un pésimo producto

musical que el imperialismo yanqui ha logrado vender a

precio de oro.27

Fue aquel derecho de la Revolución de fiscalizar los medios de divulgación

que ejercieran una influencia negativa en el pueblo, el que sacó de

circulación al documental de Cabrera Infante y Jiménez Leal, como también

hizo con las victrolas que había en las bodegas, bares, fondas y restaurantes

del país, además de las casas discográficas que tenían a su cargo los

derechos de comercialización de artistas estadounidenses, casi todos los

programas musicales dedicados a la juventud, y las radioemisoras cubanas

promotoras de rock and roll como la CMOX y Radio Kramer.

Ese fue el primer adiós a la música popular anglófona, interpretada

entonces como símbolo de blandenguería ideológica y malsana influencia

imperialista en la juventud cubana.

5

Cuando los Beatles lanzaron al mercado británico su primer disco, en octubre

de 1962, tampoco representaron un reto inmediato para la ideología

revolucionaria porque todavía les tomaría un año y medio penetrar el mercado

discográfico estadounidense. Fue precisamente ese momento, luego

de su aparatosa entrada a los Estados Unidos en febrero de 1964 —y la

27 Luis Orticón, «Lo peor no es Paul Anka», Revolución (suplemento), agosto 1961,

p. 4.

20 Ernesto Juan Castellanos

extravaganza del rock que acompañó a la invasión británica— cuando la

atención de los comisarios ideológicos recayó sobre una potencial contaminación

de los «cuatro peludos» a la juventud cubana. Y con el fin de

preservar incondicionalmente los valores culturales nacionales y fortalecer

la sociedad de nuevo tipo, la Moral Comunista, el espíritu de sacrificio y la

filosofía del «estudio, trabajo y fusil» en la juventud, la Revolución terminó

por desplegar sus escudos de defensa ante la posible penetración cultural

imperialista.28

Pero se fue al otro extremo. A pesar de que la diatriba cubana era

contra el gobierno y la política de los Estados Unidos, todo músico popular

foráneo con el mínimo síntoma de anglofonía en las letras de sus canciones,

sin importar si era británico, australiano, sueco o japonés, quedó condenado

al mutismo y total desaprobación de la radio y la televisión, o a

efímeras menciones en la prensa plana. Y peor aún, lejos de comprender e

integrar a los jóvenes cubanos con inclinación hacia la música rock a la

nueva obra social que construía, la Revolución optó por marginarlos y

aislarlos junto a sus inclinaciones culturales. Comenzó a alejar así a una

importante cantera de jóvenes a quienes, en respuesta, tampoco les interesó

comprenderla a ella. Muchos, al igual que sucedió con los homosexuales,

fueron convertidos, a la fuerza, en contrarrevolucionarios.

Uno de los pocos intelectuales que mostró preocupación por el tema

en la prensa nacional fue el cronista Orlando Quiroga. El 24 de febrero de

1964, Quiroga escribió en las páginas del periódico Revolución:

Cada vez la pregunta es mayor en las cartas: '¿Por qué no nos dan

jazz, baladas, twist y bossa nova?' Esa incomunicación con los

ritmos modernos del mundo, mientras el mundo toca los ritmos

cubanos, es inadmisible. Ya nadie va a creer que el jazz es imperialista

ni que los gusanos estúpidos van a tomarlo como bandera. Y

nosotros tenemos derecho a preguntar lo que nos llueve en la correspondencia

de jóvenes revolucionarios: '¿Por qué no hay programas

de radio para la juventud?' […]. Los que se ponen frente al

progreso por extremismo e incultura son aplastados por él.29

28 Resulta curioso que, mientras en Cuba y otros países socialistas, el rock y los Beatles

eran vistos como armas ideológicas del imperialismo, para ciertos círculos políticos de

los Estados Unidos, éstos constituían armas del comunismo.

28 Orlando Quiroga, Hoy, 24 de febrero de 1964.

El diversionismo ideológico del rock, la moda y los enfermitos 21

Quiroga, un homosexual revolucionario, tenía entonces una sección

fija, muy popular, en la revista Bohemia, «De viernes a viernes», que

abordaba algunos temas culturales de la semana. Desde Bohemia y el periódico

Hoy, escribió también los primeros artículos que se publicaron en

Cuba acerca de los Beatles, en fecha tan temprana como 1964. Pero, por

desdicha para él, su incursión en temas culturales escabrosos y prohibidos

en otros medios, no tardó en recibir la tajante crítica de la COR30 y la

ridiculización por parte de Mella en una serie de caricaturas salidas de la

pluma de su director artístico, Virgilio Martínez.31

De igual manera que homosexuales y contrarrevolucionarios fueron

considerados la misma cosa, homosexuales y rockeros también comenzaron

a serlo.

Al gato comisario no iba a ser fácil ponerle el cascabel.

6

No fue hasta 1966 que la radio le abrió las puertas, aunque a medias, al pop

y al rock anglosajón, a diferencia de la televisión y la prensa plana, que

demorarían mucho más, y en el caso de la televisión, muchísimo más. Con

la salida al aire del programa Nocturno en Radio Progreso, y luego, de

manera paulatina, Festival y Sorpresa Musical en Radio Liberación, La

terraza, Música por correo, Favoritos de la gente joven, ¿Qué tal, gente

joven? en Radio Cordón de La Habana, y De en Radio Rebelde, se comenzaron

a combinar, unos con más tropiezos que otros, ritmos cubanos y

extranjeros. Incluso Nocturno llegó a usar una canción de los Beatles como

su tema de cierre. La música que hasta entonces había circulado, y todavía

30 Comisión de Orientación Revolucionaria, que en 1965 se convertiría en el DOR (Departamento

de Orientación Revolucionaria), subordinado a la Secretaría Ideológica

del PCC. Para leer el testimonio de Quiroga sobre la crítica por parte de la COR, ver

mi libro John Lennon en La Habana with a little help from my friends, Ediciones

Unión, La Habana, 2005, p. 114.

31 Las historietas más crueles, homofóbicas y anti-Beatles publicadas en Mella bajo la

firma de Virgilio fueron «Nace una estrella», «De viernes a viernes, por Soplando

Virola», «Vida y milagros de Florito Volandero» y «La metamorfosis de Hermenegildo

Sorullo». La portada del número 326, del 31 de mayo de 1965, en particular, resumía

ese sentimiento homófobo y la distorsión de la política de «estudio, trabajo y fusil»

esbozada por la Revolución, con la representación de estos cuatro personajes tirados

en el piso y siendo aplastados por las botas de un Pucho estudiante, uno machetero y

otro militar.

22 Ernesto Juan Castellanos

lo hacía, de manera clandestina de mano en mano y muchas veces camuflada

dentro de carátulas de discos cubanos porque seguía siendo considerada

imperialista, empezó a tener cabida, primero con más sutileza y luego de

manera más abierta, en algunas emisoras radiales del país, siempre que sus

directores respetaran el celoso balance en por cientos de un mayor número

de temas nacionales que foráneos, algunas veces hasta extremos de una

sola canción extranjera por emisión.

Aparte de la coacción y el miedo a sufrir las peores consecuencias a

quienes fueran descubiertos escuchando un disco de música «americana»,

ya se había probado otra infinidad de técnicas, fórmulas y remedios caseros

para tratar que la juventud se olvidara de aquellos excomulgados ritmos

imperialistas, pero sin resultados alentadores para los ideólogos de bata

blanca detrás del experimento. Una de las más absurdas conjuras, en medio

de la gran crisis que entonces enfrentaba la música cubana, fue la

fabricación de ritmos «criollos» que trataron de emular el éxito del

mozambique, como el pa'cá, el guapanchá, el mozanchá, el cha-onda, el

gua-guá, el upa-upa, el chiqui-chaca, y demás chaca-chacas que, como

todo lo que se fabrica y no nace, morían antes de que alguien pudiera

cogerles el ritmo.

Entonces, a partir de 1967, los censores del ICR idearon una efectiva

estrategia para hacerles frente a las exigencias de la juventud de escuchar

aquella música extranjerizante, que estaba dentro de la categoría de lo que

entonces se conocía como «música moderna». Algún sesudo descubrió,

quizás luego de un feliz viaje a Europa, que en España había artistas —algunos

de ellos en realidad bastante desconocidos— que versionaban piezas de

muchas de las agrupaciones americanas e inglesas que tanto les gustaban a

los jóvenes cubanos. Pero con una saludable diferencia: cantaban en español.

Fue la mejor opción, para contrarrestar no tanto el rock como los

«dañinos efectos del idioma del enemigo». Así, las emisoras cubanas de

radio se colmaron casi hasta la asfixia de una avalancha de grupos españoles

como los Fórmula V, los Brincos, los Pasos, los Mitos, los Mustang y

demás lamentables combinaciones que no hacían más que interpretar aquellos

mismos ritmos prohibidos en Cuba, pero en castellano. De esa manera

se solucionó un problema, y los cubanos quedaron condenados a escuchar

imitaciones mediocres en lugar de la música original «imperialista».

Pero muchos de los radioyentes más exigentes no satisfacían su apetito

con aquellas edulcoradas versiones de la invasión española, ni tenían paEl

diversionismo ideológico del rock, la moda y los enfermitos 23

ciencia para esperar a que algún programa de moda radiara una de sus

canciones preferidas, así que decidieron buscarlas en varias estaciones extranjeras

que entonces entraban con mucha claridad en el dial cubano, las

cuales generalmente sintonizaban a bajos volúmenes para evitar discrepancias

con quienes censuraban ese tipo de acción, sobre todo los directores,

profesores y dirigentes estudiantiles de mano dura, y algún que otro exacerbado

cederista del barrio. De esa manera fueron asentándose en el gusto

popular emisoras que transmitían por onda corta, como la BBC de Londres,

Radio Netherland y la Voz de los Estados Unidos de América; o la

KAAY de Little Rock, Arkansas; la WLCY de Tampa, la WKWF de Key

West, y la WQAM y la WGBS, ambas de Miami, que lo hacían por amplitud

modulada.

Se hizo común, casi una costumbre de «onda», que alguien llevara

consigo un radiecito de pilas a los encuentros de amigos en la playa o en

lugares céntricos de El Vedado, sorteando el siempre latente riesgo de la

fatal aparición de un agente del orden o de un extremista que la emprendiera

contra el grupo, sobre todo si estaba «adornado» con jóvenes de pelo

largo, pantalones apretados, faldas muy cortas, o con alguna revista extranjera,

o algún disco con letricas en inglés en la mano.

Por desdicha, hubo por aquella época muchos casos de autotitulados

«revolucionarios de Patria o Muerte» que, escudados tras uniformes y

carnés de los más diversos orígenes, solían organizar piquetes de furibundos

extremistas y, empuñando filosas tijeras, acudían a las zonas más concurridas

de El Vedado, sobre todo La Rampa, para arremeter contra cualquier

joven cuya apariencia personal no fuera de su agrado. Entonces, al

estilo de las cuadrillas de linchamiento de las películas de Hollywood,

inmovilizaban a la víctima, le desmochaban el cabello, le cortaban los pantalones

a lo largo de toda la pierna si no estaban suficientemente holgados,

y le caían a trompones y patadas al «culpable» si se defendía, casi siempre

con absoluta impunidad ante las autoridades que acudían al lugar y se

llevaban detenida a la víctima por «escándalo público» y «conducta impropia

».

El ejemplo más subido de color de estas represalias contra la juventud

que se resistía a la moda del almidón y los pantalones con filo, ocurrió en la

noche del 25 de septiembre de 1968, cuando un operativo policial a gran

escala arrestó y confinó durante días, semanas e incluso meses, a numerosos

grupos de jóvenes que se encontraban en La Rampa, cerca del hotel

Capri y de la heladería Coppelia, en El Vedado. En el jamo policial caye24

Ernesto Juan Castellanos

ron, por igual, aquellos que en realidad solían delinquir en la zona, los que

solían reunirse por allí simplemente para conversar y escuchar música, y

los desafortunados que sin tener nada que ver ni con unos ni con otros,

pasaron por el lugar equivocado en el momento equivocado.

Tres días después, en el discurso de celebración del VIII aniversario de

los Comités de Defensa de la Revolución, en la Plaza de la Revolución,

Fidel observó:

En nuestra capital, en los últimos meses, dio por presentarse un

cierto «fenomenito» extraño, entre grupos de jovenzuelos y algunos

no tan jovenzuelos […] influidos entre otras cosas por la propaganda

imperialista, que les dio por comenzar a hacer pública

ostentación de sus desvergüenzas. Así, por ejemplo, les dio por

empezar a vivir de una manera extravagante, reunirse en determinadas

calles de la ciudad, en la zona de la Rampa, frente al hotel

Capri, y allí ¿a qué creen ustedes que se dedicaban? Algunos se

dedicaban a corromper muchachas de 14 y 15 años y a promover

la prostitución en niñas prácticamente de 14, 15 y 16 años, sirviendo

de enlace con extranjeros de tránsito por Cuba, con marineros

de embarcaciones de países capitalistas que se hospedaban por esa

zona. […]. Y he ahí un camino ideológico, donde surgen esas

manifestaciones con la tendencia de revivir esas lacras, de vender

mujeres —y no mujeres, ¡de vender niñas a extranjeros de tránsito

en este país! Andar buscando el problema de los cigarritos americanos

de los marineros, a llevar sus radiecitos de pila para mantener

ostentosamente su condición de aficionados a la propaganda

imperialista, realizar hurtos y actos delictivos de distinto tipo, romper

teléfonos —los teléfonos que son gratis, del pueblo, y que no

rompían cuando eran de un monopolio yanqui—, meterse en las

escuelas a destruir el material, a destruir banderas cubanas, a destruir

retratos del Che. Y cosas por el estilo, haciendo ostentación

de sus extravagancias.32

Los detalles de aquel arresto masivo de jóvenes no se publicaron de

inmediato. No fue hasta el 12 de octubre, dos semanas después del suceso,

32 Fidel Castro Ruz, Discurso pronunciado en la Plaza de la Revolución con motivo del

VIII Aniversario de los Comités de Defensa de la Revolución, en la Plaza de la Revolución,

el 28 de septiembre de 1968. En Granma, 29 de septiembre de 1968, pp.1-4.

El diversionismo ideológico del rock, la moda y los enfermitos 25

cuando el periódico Juventud Rebelde, bajo los titulares «Los chicos del

cuarto mundo», «Destruido un sueño yanqui», «¿Cómo pensaban y actuaban

las bandas juveniles convertidas en vehículo de la propaganda imperialista

», «Una lección moral inolvidable», «¿Esto es lo que usted quiere

para su hijo?», y «¿La medicina?: educación por medio del trabajo», presentaban

a página completa la parte de la balanza de los chicos malos, con

las fotos de siete niños «descarriados» que en realidad daban más pena que

ira, y las portadas de tres revistas musicales norteamericanas como ejemplos

de «literatura ligera, banal, propaganda barata al 'american way of

life' en la cual se inspiraban».33

Pero resulta irónico que mientras las escuelas, la radio y la televisión

gastaban sus mejores empeños en desterrar la música popular anglosajona

del gusto de la juventud cubana, en uno de los edificios del ICR, a un

costado del Pabellón Cuba, se prensaran placas con la selección musical

preferida hasta por los más exigentes, que pagaban $5 por un disco de

cartón de dos canciones y $20 por uno de aluminio con ocho temas. Y el

extremo de la falta de lógica era que, mientras estaba prohibido hablar

sobre los Beatles y el rock en las escuelas, Juventud Rebelde, el órgano de

prensa de la Unión de Jóvenes Comunistas, los mencionaba para bien y

casi diario, a fines de los años 60.34

7

La supervivencia del rock en Cuba durante la década del 70 representó un

desafío más difícil de sortear que su débil existencia en los años anteriores.

Aún cuando el número de programas que radiaban «música moderna»

aumentó, la reacción de la prensa plana y el azote de los comisarios políticos

tomaron un camino diferente, y durante mucho tiempo apenas se hicieron

referencias al rock que no fueran fuertes impugnaciones ideológicas.

Muchos censores y críticos aparentemente no lograban comprender el fenómeno

y se lanzaban de bruces contra una tendencia cultural que estaba

ganando terreno en casi todo el mundo por sus abiertas posiciones contra la

33 «Los chicos del cuarto mundo», Juventud Rebelde, 12 de octubre de 1968, p. 8.

34 El mejor ejemplo fue la sección «¿Qué hay de nuevo?», a cargo del periodista Pedro

Herrera, quien firmaba con el seudónimo de Gabriel y actualizaba a los lectores, con

asombrosa prontitud, con las últimas noticias internacionales sobre los Beatles.

26 Ernesto Juan Castellanos

guerra en Vietnam, contra el racismo, la discriminación de la mujer, y a

favor de un sinnúmero de movimientos sociales, civiles y políticos afines a

la política exterior y lineamientos ideológicos de la Revolución.35

Todo esto parece encontrar su causa en otro encuentro de intelectuales

cubanos. El 20 de marzo de 1971, el poeta Heberto Padilla había sido

arrestado durante varias semanas por oficiales de la Seguridad del Estado

por considerarlo contrarrevolucionario, lo que suscitó una carta abierta a

Fidel que se publicó en el periódico Le Monde, de París, firmada por varios

intelectuales europeos y latinoamericanos que habían estado en Cuba y

apoyaban la causa revolucionaria. Al ser liberado, Padilla protagonizó un

grotesco y patético mea culpa público en la UNEAC, al que arrastró a un

grupo de importantes escritores, que tuvo como reacción una segunda e

indignada carta de un mayor número de intelectuales.36 Fue, sin dudas, uno

de los momentos más tensos y delicados por los que han pasado la Revolución

y la cultura cubanas.

Por esos días estaba planificado un congreso de educadores, y la situación

hizo que se convirtiera en el Primer Congreso Nacional de Educación

y Cultura, celebrado en La Habana entre el 23 y el 30 de abril, en el cual

participaron mil ochocientos delegados de todo el país. A pesar de que se

debatieron diversos puntos de interés en el campo de la educación, los

aspectos más sensibles se analizaron en las comisiones de cultura, sobre

todo en las relacionadas con las modas, costumbres y extravagancias, la

sexualidad, la actividad cultural y los medios masivos de comunicación.

El Congreso definió al arte como un arma de la Revolución, como un

producto de la moral combativa de nuestro pueblo, y a la vez como un

instrumento contra la penetración del enemigo. Al analizar el tema de las

modas, las costumbres y las llamadas extravagancias de algunos jóvenes,

los acuerdos finales del Congreso dejaron claro que aunque algunas manifestaciones

de «extravagancia y exhibicionismo» no debían «constituir centro

35 En julio de 1969 se había celebrado en Nueva York el Festival de Woodstock. Alrededor

de medio millón de jóvenes (irónicamente la misma cantidad aproximada que entonces

estaba peleando en Vietnam) escucharon durante tres días a algunas de las

figuras más significativas del rock nacional entonar sus puntos de vista contra la escalada

estadounidense en el sudeste asiático. Luego sucedería algo parecido en Isle of

Wight, Inglaterra, en Canadá y en otras ciudades estadounidenses. La prensa cubana

jamás dio a conocer la existencia de estos festivales y conciertos protesta.

36 En realidad hubo varias cartas de intelectuales, incluso anteriores a la publicada en Le

Monde, pero esas dos fueron las más trascendentales.

El diversionismo ideológico del rock, la moda y los enfermitos 27

de atención de la Revolución por estar restringidas a grupos minoritarios y

generalmente marginales», ésta debía «orientar una política consecuente

en relación a la moda, que con una acción positiva neutralice o impida la

entrada de tendencias de la moda que se originen en países capitalistas de

gran desarrollo». Por ello se hacía necesario:

…mantener la unidad monolítica ideológica de nuestro pueblo y el

combate a cualquier forma de desviación en los jóvenes. Se diferenció

la aberración extravagante, generada unas veces en la asimilación

acrítica de manifestaciones similares de grupos extranjeros,

y otras, por la actitud contrarrevolucionaria de microgrupos

que las utilizan como mecanismos de identificación entre sí y de

protesta contra la Revolución, siendo necesario en ambos casos el

enfrentamiento directo y su eliminación. Se alertó sobre los grupos

extravagantes extranjeros y su actitud en la putrefacta sociedad

burguesa, aunque no necesariamente sean expresión de lucha revolucionaria

sino de evasión de la realidad enajenante de esa sociedad,

llevan en su seno un germen de protesta. Tal antagonismo

contra el sistema capitalista no puede entenderse que sirva de ejemplo

o estímulo a nuestros jóvenes que tienen la posibilidad de su

realización individual en la construcción comunista.37

En cuanto al tema de la sexualidad, el Congreso hizo un marcado

énfasis en lo que continuó llamando «desviaciones homosexuales» como

mal patológico. «Quedó claro el principio militante de rechazar y no admitir

en forma alguna estas manifestaciones ni su propagación». La comisión

que analizó el asunto llegó a la conclusión de que:

…no es permisible que por medio de la «calidad artística» reconocidos

homosexuales ganen influencia que incida en la formación

de nuestra juventud. Que como consecuencia de lo anterior se

precisa un análisis para determinar cómo debe abordarse la presencia

de homosexuales en distintos organismos del frente cultural.

Se sugirió el estudio para la aplicación de medidas que permitan

la ubicación en otros organismos, de aquellos que siendo homosexuales

no deben tener relación directa en la formación de

37 «Declaración del Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura», Casa de las

Américas, núms. 65-66, marzo-junio de 1971, pp. 10-11.

28 Ernesto Juan Castellanos

nuestra juventud desde la actividad artística o cultural. Que se

debe evitar que ostenten una representación artística de nuestro

país en el extranjero personas cuya moral no responda al prestigio

de nuestra Revolución.38

En el tema de la actividad cultural, el Congreso señaló, como tarea

insoslayable,

…la revisión de las bases de los concursos literarios nacionales e

internacionales que nuestras instituciones culturales promueven […].

Al mismo tiempo, se precisa establecer un sistema riguroso para la

invitación a los escritores e intelectuales extranjeros, que evite la

presencia de personas cuya obra e ideología están en pugna con

los intereses de la Revolución, específicamente con los de la formación

de las nuevas generaciones, y que han desarrollado actividades

de franco diversionismo ideológico alentando a sus amanuenses

del patio. Los medios culturales no pueden servir de marco

de proliferación de falsos intelectuales que pretenden convertir

el esnobismo, la extravagancia, el homosexualismo y demás aberraciones

sociales, en expresiones del arte revolucionario, alejados

de las masas y del espíritu de nuestra Revolución.39

Me he extendido un poco en el Congreso con toda intención. Puede

resultar curioso que haya sido en el análisis de la presencia de escritores e

intelectuales en la formación de jurados en los concursos literarios internacionales,

y no en el enfoque de los problemas relacionados con la moda, la

extravagancia, la homosexualidad y la música de agrupaciones extranjeras

(que tenían en realidad una incidencia más directa en la juventud), donde

por primera vez en la historia de la política cultural cubana se haya hecho

referencia, al menos de manera pública, al tema del diversionismo ideológico.

Pero es fácil entender que el temor de la Revolución se basaba en la

presencia e incidencia directa de extranjeros que pudieran socavar, desde

38 Ob.cit., pp. 13-14.

39 Ob.cit., p.16.

40 Aunque el Breve diccionario político compilado y redactado por L. Oníkov y N.

Shishlin (Editorial Progreso, Moscú, 1983) haya definido el diversionismo ideológico

como un «método de 'guerra psicológica', propaganda provocadora por radio, televisión

y en la prensa, enfilada contra los países socialistas, los movimientos comunista

internacional, obrero y nacional liberador, contra los regímenes políticos progresistas»,

El diversionismo ideológico del rock, la moda y los enfermitos 29

dentro, la moral revolucionaria.40 La música rock, las emisoras de radio y

canales «de afuera», y la «extravagancia» en los hábitos del vestir fueron

entonces vistos como armas de penetración cultural que se podían controlar

por diversas vías represivas internas, pero no así las posibles maniobras

se zapa que pudieran ejercer en la juventud cubana algunas figuras internacionales,

a quienes el Congreso definió como «intelectuales pequeñoburgueses

seudoizquierdistas del mundo capitalista que utilizaron la Revolución

como trampolín para ganar prestigio ante los pueblos subdesarrollados

», e «intentaron penetrarnos con sus ideas reblandecientes, imponer

sus modas y gustos e, incluso, actuar como jueces de la Revolución».41

A partir de 1971, a raíz de aquel encuentro de educadores, escritores y

artistas, y hasta la instauración del Ministerio de Cultura en 1976, transcurre

ese lánguido y controvertido período de la historia de la política cultural

cubana, que luego Ambrosio Fornet definiría como «el quinquenio gris»,

aunque algunos se empecinen en reiterar, unos con más razones que otros,

que el color nunca fue tan claro ni la duración tan breve. Lo cierto es que

las parametraciones del «pavonato» eran parte de la respuesta a ese mal

en su concepto original en el ámbito de los órganos de inteligencia militar, el término

«diversión político-ideológica» define programas de acciones políticas e ideológicas

encubiertas, dirigidas a la desestabilización del socialismo desde dentro de la propia

sociedad socialista, a través de medios y métodos secretos, creación de instituciones,

estructuras paralelas, establecimiento de políticas de contacto, búsqueda de puntos de

apoyo e intercambios, y demás maniobras de zapa accionadas desde dentro del país

donde se llevan a cabo. En Cuba y otros países socialistas, el término sufrió una disfunción

lingüística y semántica, y se definió como diversionista ideológico a todo aquel que se

vistiera «extravagantemente», tuviera una revista extranjera, escuchara rock, sintonizara

emisoras radiales foráneas, o hiciera chistes o críticas sobre el socialismo, sin valorar

que en realidad la diversión política-ideológica es una especialidad dentro de un conjunto

de sistemas de acción del enemigo para socavar los cimientos del bando contrario.

El Primer Congreso de Educación y Cultura lo vio y refirió en su concepto original, en

cuanto al temor de la presencia de intelectuales extranjeros que pudieran estar realizando

maniobras ideológicas de zapa entre los escritores y artistas cubanos. Pero enseguida el

concepto se contaminó, al emplearse para identificar acciones ideológicas sin que necesariamente

estuvieran respaldadas por servicios de inteligencia de los Estados Unidos.

41 Hasta el momento había venido a Cuba un número considerable de intelectuales europeos

y latinoamericanos —e incluso varios conformaron jurados de concursos literarios—,

cuya ideología no siempre concordaba con los principios estéticos de la Revolución.

Algunos de ellos firmaron las varias cartas abiertas dirigidas a Fidel que sucedieron

al caso Padilla.

30 Ernesto Juan Castellanos

del «diversionismo ideológico» que supuestamente comenzaba a carcomer

varios estratos de la sociedad.

El Primer —y único— Congreso Nacional de Educación y Cultura

devino una especie de agua bendita, limpieza ideológica y reorientación

cultural en el sector artístico y educacional, y no dejó un sabor agradable

en un amplio sector del arte y la intelectualidad cubanos, por mucho que se

quiso mostrar su rostro purificador. Fue, sin dudas, catalizador de una

subsiguiente etapa de fuertes críticas, censuras, represiones, exclusiones y

prejuicios ideológicos que por desdicha perduraron demasiado tiempo en la

historia de la Revolución.

8

Ni en la conferencia que Raúl Castro dictara a dirigentes del gobierno y del

Partido, y a jefes y oficiales del Ministerio del Interior el 6 de junio de

1972, pocos meses después del Congreso, titulada «El diversionismo ideológico,

arma sutil que esgrimen los enemigos contra la Revolución», ni en

las Tesis y Resoluciones del Primer Congreso del Partido Comunista de

Cuba, celebrado en La Habana entre el 17 y el 22 de diciembre de 1975,

donde se le dedicó especial atención al tema del diversionismo ideológico, se

mencionó una sola línea en contra del rock, la moda, o los homosexuales.

Sin embargo, en marzo de 1975 se aprobó la Ley 1267 —que modificaba

la Ley 1166 de Justicia Laboral—, en la cual se agregaba un inciso

relativo a «El homosexualismo ostensible y otras conductas socialmente

reprobables que proyectándose públicamente, incidan nocivamente en la

educación, conciencia y sentimientos públicos y en especial de la niñez y la

juventud por parte de quienes desarrollen actividades culturales o artísticorecreativas

desde centros de exhibición o difusión».42 Por primera vez, la

ostentación homosexual tenía un carácter oficialmente ilegal. Mas al año

siguiente, el Tribunal Supremo invalidó la Resolución número 3 del Consejo

Nacional de Cultura referida a los «parámetros» que excluían a los

homosexuales de trabajos en el campo de la educación y el arte: los

defenestrados por el «pavonato» podían recuperar, si así lo deseaban, sus

empleos y derechos laborales.

41 Gaceta Oficial de la República de Cuba, 12 de marzo de 1974, pp. 117-118.

42 Partido Comunista de Cuba, Congreso, 1ro., La Habana, 1975. Tesis y Resoluciones,

Departamento de Orientación Revolucionaria del Comité Central de Partido Comunista

de Cuba, 1976. pp. 223-225.

El diversionismo ideológico del rock, la moda y los enfermitos 31

Mientras los objetivos socio-políticos de la Revolución avanzaban en

pos de «librar una lucha contra el burocratismo, egoísmo, individualismo,

acomodamiento, vagancia, —sociolismo—, localismo y demás rezagos pequeño-

burgueses del pasado», así como para «luchar contra el subjetivismo,

contra la propaganda de los 'adelantos deslumbrantes' del capitalismo

y de sus sociedades de consumo, contra el acomodamiento y la vanidad,

contra toda manifestación de liberalismo, fraccionalismo y otras debilidades

», la posición de los medios y de ciertos dirigentes y comisarios ideológicos

en relación con el rock y la moda parecía quedar estancada en el lodo.

A pesar de que paulatinamente se comenzó a desdibujar la analogía

entre homosexuales, rock, lacra social y contrarrevolución, que era propia

de la década anterior, las impugnaciones durante casi todos los años 70

tomaron otro rumbo. Órganos de prensa como El Caimán Barbudo, de la

UJC; Revolución y Cultura, del Consejo Nacional de Cultura; Moncada,

del Ministerio del Interior; Verde Olivo, de las FAR; Música y Casa, de

Casa de las Américas, y La Gaceta de Cuba, de la UNEAC, o sea, casi

todas las publicaciones seriadas de entonces, se volcaron en réplicas que

hicieron diana en el rock como manifestación artística "consumista",

"diversionista", "desintegradora", "corruptora", "enajenante", "psicodélica",

"hippy", "repugnante", "genocida musical", "colonizadora" y "desorientadora

de los pueblos de América Latina", entre otros calificativos de ese

corte fóbico.

Muchos de aquellos ataques y críticas al rock no estuvieron esta vez a

cargo de ideólogos y censores, sino de intelectuales y musicólogos, quienes,

supuestamente, tenían elementos para evaluar (o devaluar) esta manifestación

artística y denigrarla hasta los más bajos niveles sociales, estéticos

e ideológicos. Vale la pena señalar los textos, en orden cronológico de

aparición: "Quilapayún: Un arma contra la penetración cultural (Entrevista

con los integrantes del conjunto folklórico chileno Quilapayún)", en El

Caimán Barbudo ( nº 46, mayo de 1971, pp.16-21); "Jane y el

popeliarismo», de Hilario González, en La Gaceta de Cuba ( nº 101, marzo

de 1972, p.26); "Encuentro de Música Latinoamericana", de Adolfo

Cruz Luis, en El Caimán Barbudo ( nº 62, noviembre de 1972, pp. 16-

17); "Música y liberación (Mesa redonda)", de Carlos Piñero Loredo, en

Casa de las Américas ( nº 76, enero-febrero de 1973, pp. 117-121), "Música

para colonizar", de Olavo Alén, en El Caimán Barbudo ( nº 82, septiembre

de 1974, pp. 12-15), "El colonialismo cultural en la música", de

Leonardo Acosta, en Revolución y Cultura (Nos. 30-31, febrero-marzo

32 Ernesto Juan Castellanos

de 1975, pp. 60-67); "Apuntes sobre la música occidental (última parte):

El verdadero colonialismo", también de Leonardo Acosta, en El Caimán

Barbudo ( nº 90, mayo de 1975, pp. 12-14); "Música de consumo", del

mismo autor, en Revolución y Cultura ( nº 32, abril de 1975, pp. 53-61);

la trilogía "Un rock super star sin Jesucristo", de Danilo Orozco González,

en El Caimán Barbudo ( nº 120, noviembre de 1977, pp.4-5, 29, 31; nº

121, diciembre de 1977, pp. 22-23, 30; y nº 122, enero 1978, pp. 20-

21); "El rock de hoy… ¿y mañana?", de Leonardo Acosta, en Revolución

y Cultura (nº 71, julio 1978, pp. 58-65), "Los Punk: algo feo y

repugnante", de Ángel Tomás González, en El Caimán Barbudo (nº

131, noviembre de 1978, pp. 12-13, 23), por sólo citar algunos títulos.

El rock seguía siendo el chico malo. Durante casi toda la década, ese

fue el corte de lo publicado acerca de él en la prensa cubana. Ni siquiera las

noticias que tuvieran que ver con algunos de los sucesos culturales más

importantes descorrieron el rígido velo de la intolerancia. Si los críticos y

censores hubieran querido ver y escuchar, se habrían enterado de que en

países tan imperialistas y colonizadores como Estados Unidos o Gran Bretaña,

el rock se estaba usando como bandera de oposición a la guerra en

Vietnam, la discriminación del negro y la mujer, la política exterior de sus

gobiernos y las injusticias sociales del mundo. Y, mejor aún, hubieran aprendido

de primera mano que los enemigos políticos e ideológicos del rock

eran los mismos enemigos de la Revolución.

Pero habría que esperar un poco más. Tanto cultores como seguidores

del repudiado ritmo «imperialista» siguieron siendo durante algún tiempo,

«diversionistas», «subversivos», «extravagantes» y «contrarrevolucionarios

».

9

El rock y los Beatles nunca estuvieron «oficialmente» prohibidos en Cuba,

¿pero el hecho de que no hayan sido leyes por escrito excluye a la censura

y a los excesos contra ellos de su carácter oficialista? No lo creo. Es cierto

que el tema jamás se abordó en blanco y negro, mas el alcance, magnitud y

consecuencias de lo sucedido en Cuba en términos de exclusiones, persecuciones

y fuertes críticas ideológicas y políticas al pelo largo, al rock, a la

moda extranjera y al homosexualismo, fue mucho más allá de un caso

fortuito en un plantel docente, un centro de trabajo o un CDR del barrio. Y

aunque también es cierto que muchas veces estas acciones represivas eran

El diversionismo ideológico del rock, la moda y los enfermitos 33

de carácter individual, sus efectos, siempre desde posiciones de poder, no

pudieron ser más colectivos y masivamente dañinos. Vale la pena señalar

que el desarrollo social de la Revolución también ha sufrido de la soterrada

política interna de la ley verbal, etérea y anárquica, y de la facultad que se

confiere el cubano para fraguar disposiciones, definir patrones, prohibir y

dejar hacer, sin necesidad de que medie ley oficial alguna.

Y así, mientras que «nadie» prohibió nada, «nadie» tampoco hizo

nada para evitarlo.

A John Lennon le tomó cuarenta años sentarse «oficialmente» en un

parque de La Habana y convertirse en un «ejemplo de verdadero revolucionario

» luego de ser visto, durante décadas, como uno de los peores

síntomas de diversionismo ideológico que pudo padecer un joven en Cuba.

¿Es que acaso Lennon cambió y se hizo un mejor hombre con el tiempo?

No, porque ya estaba muerto. Es la mentalidad de los doctrinarios la que

comenzó a distinguir lo verdaderamente dañino de aquellas cosas triviales

que en gran medida frenaron su desarrollo político, social y cultural durante

décadas de oscurantismo ideológico.

Con frecuencia lamento cuánto perdió la Revolución al no haber sabido

abrir las puertas y atraer a nuestra causa, y a nuestra casa, lo más

contestatario del rock protesta de los años 60 y 70, en el que muchos

jóvenes del mundo tenían puesta su mirada de manera paralela a la atención

que le prestaban a la lucha del pueblo cubano. Y me imagino, ¿por qué

no?, cuánto hubiera ganado con festivales de rock, al estilo de Woodstock

o de Isle of Wight, en La Habana o en Varadero. Me es fácil conjeturar que

el rock anti-establishment estadounidense no hubiera encontrado mejor

escenario para lanzar su mensaje contra la guerra de Vietnam y a favor de

las mismas causas sociales y políticas que defendíamos nosotros.

Pero me atrevo a asegurar que eso hubiera sido difícil de lograr, porque

entonces aún quedaban dinosaurios hibernantes que preferían seguir

pensando que el rock era imperialista y que su germen de protesta no era

necesariamente «expresión de lucha revolucionaria sino de evasión de la

realidad enajenante de esa sociedad putrefacta». Y durante muchos años lo

mantuvieron como síntoma de diversionismo ideológico, junto a cosas tan

banales como hablar inglés, tener el pelo largo o andar en shorts.

Esos eran, en el fondo, más contrarrevolucionarios que los que trataban

de acusar.

Por fortuna, en Cuba ya no se acusa a nadie de diversionismo ideológico.

Siguen existiendo el rock, los homosexuales y el pelo largo, pero éstos

34 Ernesto Juan Castellanos

ya no son vistos como síntomas de ese mal. Mas aun cuando parezca que

ya esas exclusiones quedaron atrás, la realidad demuestra que la grieta no

está totalmente cerrada ni las heridas del todo curadas. Muchos de aquellos

prejuicios aún siguen vivos, y la mentalidad de ciertos conservadores y

extremistas con poder, más lamentable en el caso quienes tienen a su cargo

decisiones que atañen a la política cultural de la Revolución, no parece

haber cambiado mucho en las últimas cuatro décadas, y aún marginan

estas tendencias a planos inferiores y discriminatorios. Sí, ya se hacen

festivales de rock en toda la Isla, pero también se exhiben spots televisivos

que vinculan a los jóvenes, al rock y al pelo largo con las drogas y las

indisciplinas sociales.

Les tomó décadas a los rockeros y a los homosexuales que se les

reconociera el derecho a ser participantes de la construcción de la nueva

sociedad. Le ha tomado muchos años a la Revolución ir comprendiendo

que el fenómeno rock y el homosexualismo no son para nada lacras sociales,

aberraciones sexuales, rezagos del pasado, ni símbolos de diversionismo

ideológico. Ha costado mucho trabajo hacer entender que el rock, la moda

y la homosexualidad no eran, ni son, ni serán, enemigos de la Revolución;

y que la delincuencia, la vagancia y la marginalidad son fenómenos con

raíces de otra naturaleza.

Espero que esta realidad haya quedado comprendida. Quizás sea bueno

recordar aquellas palabras de Fidel a los intelectuales en junio de 1961,

cuando aseguró que en esta Revolución cabemos todos, «porque ésta es

obra de todos nosotros: tanto de los 'barbudos' como de los lampiños; de

los que tienen abundante cabellera, o de los que no tienen ninguna, o la

tienen blanca. Esta es la obra de todos nosotros».

 

La Habana, 28 de octubre de 2008


 

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