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Edgelit

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Edgelit/Borde.de.luz

Adagio de Habanoni


Fotografías de Silvia Corbelle y Orlando Luis Pardo

mi habanemia

La Habana puede demostrar que es fiel a un estilo.

Sus fidelidades están en pie.

Zarandeada, estirada, desmembrada por piernas y brazos, muestra todavía ese ritmo.

Ritmo que entre la diversidad rodeante es el predominante azafrán hispánico.

Tiene un ritmo de crecimiento vivo, vivaz, de relumbre presto, de respiración de ciudad no surgida en una semana de planos y ecuaciones.

Tiene un destino y un ritmo.

Sus asimilaciones, sus exigencias de ciudad necesaria y fatal, todo ese conglomerado que se ha ido formando a través de las mil puertas, mantiene todavía ese ritmo.

Ritmo de pasos lentos, de estoica despreocupación ante las horas, de sueño con ritmo marino, de elegante aceptación trágica de su descomposición portuaria porque conoce su trágica perdurabilidad.

Ese ritmo -invariable lección desde las constelaciones pitagóricas-, nace de proporciones y medidas.

La Habana conserva todavía la medida humana.

El ser le recorre los contornos, le encuentra su centro, tiene sus zonas de infinitud y soledad donde le llega lo terrible.

Lezama

habanera tú

habanera tú
Luis Trapaga

El habanero se ha acostumbrado, desde hace muchos años, a ese juego donde silenciosamente se apuestan los años y se gana la pérdida de los mismos.

No importa, “la última semana del mes” representa un estilo, una forma en la que la gente se juega su destino y una manera secreta y perdurable de fabricar frustraciones y voluptuosidades.

Lezama

puertas

desmontar la maquinaria

Entrar, salir de la máquina, estar en la máquina: son los estados del deseo independientemente de toda interpretación.

La línea de fuga forma parte de la máquina (…) El problema no es ser libre sino encontrar una salida, o bien una entrada o un lado, una galería, una adyacencia.

Giles Deleuze / Felix Guattari

moi

podemos ofrecer el primer método para operar en nuestra circunstancia: el rasguño en la piedra. Pero en esa hendidura podrá deslizarse, tal vez, el soplo del Espíritu, ordenando el posible nacimiento de una nueva modulación. Después, otra vez el silencio.

José Lezama Lima (La cantidad hechizada)

Medusa

Medusa
Perseo y Medusa (by Luis Trapaga)

...

sintiendo cómo el agua lo rodea por todas partes,
más abajo, más abajo, y el mar picando en sus espaldas;
un pueblo permanece junto a su bestia en la hora de partir;
aullando en el mar, devorando frutas, sacrificando animales,
siempre más abajo, hasta saber el peso de su isla;
el peso de una isla en el amor de un pueblo.

la maldita...

la maldita...
enlace a "La isla en peso", de Virgilio Piñera

La incoherencia es una gran señora.

Si tú me comprendieras me descomprenderías tú.

Nada sostengo, nada me sostiene; nuestra gran tristeza es no tener tristezas.

Soy un tarro de leche cortada con un limón humorístico.

Virgilio Piñera

(carta a Lezama)

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Luis Trápaga

ay

Las locuras no hay que provocarlas, constituyen el clima propio, intransferible. ¿Acaso la continuidad de la locura sincera, no constituye la esencia misma del milagro? Provocar la locura, no es acaso quedarnos con su oportunidad o su inoportunidad.

Lezama

Luis Trápaga Dibujos

Luis Trápaga Dibujos
Dibujos de Luis Trápaga

Pingüino Elemental Cantando HareKrishna

Elementary penguin singing harekrishna
o
la eterna marcha de los pueblos victoriosos
luistrapaga paintings
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Libertad para Danilo

Apr 21, 2010

Yevgeny Yevtushenko


                                                               Babi Yar

                    No hay ningún monumento sobre el barranco de Babi Yar.¹
Sólo desparramadas rocas como rústicas tumbas.
Tengo miedo.
             Hoy día me siento tan viejo
como todo el pueblo judío.
Ahora me parece que soy
                                                 un judío.
Aquí caminando pesadamente hacia el antiguo Egipto.
Aquí muero crucificado en la cruz,
y hasta este día conservo las cicatrices de los azotes.
Me  parece que soy
                                              Alfred Dreyfus.
O el filisteo
                      que es al mismo tiempo un traidor y un juez.
Acosado,
                     escupido,
                                            calumniado.
Chillando, elegantes mujeres con encajes de Bruselas
incrustan sus sombrillas en mi cara.
Me parece que soy entonces
                                                      un niño de Byelostok.²
la sangre correo, extendiéndose por el suelo.
En el bar la chisma agitada echa un olor a vodka y a cebollas.
Yo indefenso,
                          en vano le ruego a esos crueles grupos antisemitas.³
Pero ellos insultan y gritan como animales,
                                                "¡Maten a los judíos y salven a Rusia!"
Un tendero viola a mi madre
¡Oh, pueblo ruso mío!
                                                   Sé
                                                         que tú
eres internacionalista hasta en lo más profundo del corazón.
Pero aquellos que tienen las manos sucias
abusan vulgarmente de tu purísimo nombre.
Conozco la bondad de tu patria.
Qué despreciables son esos antisemitas
                                                                           sin escrúpulos
pomposamente ellos se llaman a sí mismos
¡La Unión del Pueblo Ruso!
Me parece que soy
                                   Anna Frank
frágil
                                   como una primaveral rama de abril.
Y amo.
                        Y no tengo necesidad de hablar.
Mi necesidad
                          es mirarnos fijamente el uno al otro.
¡Cuán poco podemos ver
                                                    u oler!
Se nos prohíben las hojas
                                                 se nos niega el cielo.
Pero podemos hacer aún mucho más
                                                tiernamente
abrazarnos el uno al otro en una pieza oscura.
¿Vendrán ellos aquí?
                                No tengas miedo. Eso es sólo el sonido esplendoroso
de la primavera:
                                  ella está aquí ahora.
Acércate a mí.
                                 Rápido, dame tus labios.
¿Están ellos echando abajo la puerta?
                                             No, es el hielo que se está rompiendo…
El pasto silvestre susurra sobre Babi Yar.
Los árboles producen miedo
                                                        como los jueces.
Aquí todas las cosas gritan silenciosamente
       y ante todo esto descubro mi cabeza con respetuosa humildad,
me doy cuenta
                                      que voy encaneciendo con lentitud.
Y yo mismo
                        soy una multitud que aúlla con un sonido sordo
sobre los miles y miles que están enterrados aquí.
Soy
               cada hombre viejo
                                                        fusilado aquí.
Soy
               cada niño fusilado aquí.

(1961)

¹N. del T. Babi Yar fue un barranco en la ciudad de Kiev, en la entonces Unión Soviética. Entre el 29 y 30 de septiembre de 1941, fuerzas especiales de la SS alemana, ayudados por la policía ucraniana, asesinaron a 33 771 personas incluidos ancianos, mujeres y niños. La masacre de Babi Yar es considerada una de las más grandes en la historia del holocausto. Se ejecutaron ucranianos, gitanos, entre otros, pero la mayoría fueron judíos. El 27 de junio del mismo 1941 había ocurrido otra masacre en Byelostok.
²N. del T. La ciudad de Byelostok en 1807 pasó a ser parte de Rusia. Durante el siglo 19 fue el mayor centro industrial textil de allí su gran crecimiento llegando en 1901 a tener 65 781 habitantes. La mayoría de origen judío. La mención aquí de esta ciudad refiere a una matanza de judíos por orden del Zar Nicolás II, asesinados por "fuerzas de linchamiento antisemitas". Ese linchamiento ocurrió "el jueves verde", el 1 de junio de 1906. Cien fueron asesinados y 200 quedaron heridos. El 27 de junio de 1941 esa ciudad cayó en manos de los nazis como resultado de la invasión a la Unión Soviética. Desde el comienzo los nazis iniciaron una política de pillaje y exterminación judía en la población. 56 000 judíos fueron enviados inmediatamente a un getto que fue eliminado luego en agosto de 1941. Pero el 27 de junio al entrar los soldados nazis a Byelostok hicieron inmediatamente una matanza de 3000 judíos. Dentro de ellos, 800 fueron incendiados, vivos en la Gran Sinagoga, una de las más grandes de Europa en ese tiempo.

³N. del T. Fueron "fuerzas de linchamiento antisemitas". El término es originalmente ruso, "orpoM". En la versión inglesa aparece como "pogrom" y en versión literal al español algunos lo traducen como "pogromo".

Los miedos

Los miedos se están extinguiendo en Rusia
Como los fantasmas de tiempos pasados,
y al igual que ancianas, por aquí y por allá,
ellos aún suplican por las almas
en las escaleras de una iglesia.

Pero yo los recuerdo con su fuerza y su poder
cortejando falsos triunfos.
Como sombras, los miedos se arrastraban por todas partes
y penetraban en cada piso de las casas.

Poco a poco ellos transformaron a la gente en serviles
y pusieron  su sellos en todas las cosas:
nos entrenaron a gritar cuando debíamos mantenernos callados
y cerrar nuestras bocas cuando debíamos gritar.

Hoy día todo aquello fue cosa de un pasado remoto.
Es extraño recordarlo en estos días
el miedo de ser denunciado,
el terrible miedo de que alguien llame a nuestra puerta.

¿Y qué hay sobre el miedo de hablar con un extranjero?
¿Y el miedo de hablar a tu propia esposa?
¿Y el miedo infinito de quedarse solo
como ese silencio después que una banda
de música ha dejado de tocar?

No teníamos miedo de construir en las tormentas de nieve
o de meternos en una batalla bajo las balas y las bombas
pero a veces teníamos un miedo mortal
incluso de hablarnos a nosotros mismos.

Sé libre como el río Volga, rompe el hielo,
pero recuerda los días terribles,
la Rusia que ha conquistado el miedo
y prohíbe tu intrepidez.

La conciencia es la mayor salud del mundo.
Deseemos para todo una sola cosa:
sentir únicamente miedo de nuestras conciencias,
nada más que eso.

Que nadie se atreva a resucitar
las torturas o las ejecuciones en Rusia,
pero lo que sí debe permanecer
es el miedo de engañar a otros o a uno mismo.

Pero al escribir estas líneas
y a veces escribiéndolas muy apurado
escribo con un solo temor,
el de no escribir con todo mi poder.

(1961)

Nota siguiente escrita por el propio Yevtushenko al final de este poema en la versión rusa e inglesa: "Por 42 años desde que la Sinfonía No.13 de Shostakovich fue escrita, me ha atormentado mi conciencia artística en cada presentación que he asistido. Son las tres estrofas que fueron poéticamente débiles e inmerecidas para la música del gran Shostakovich. Hablo de las doce líneas del poema Miedos que escribí con rapidez tratando de salvar todo el poema de un diario soviético. Shostakovich no lo supo. Traté muchas veces de reescribir esas 12 líneas. Sólo en el 2003, después de una operación sin éxito, cuando sentí miedo de que pudiera morir, dejando esas débiles líneas en la obra maestra de Shostakovich, finalmente, las reescribí. Probablemente son aún imperfectas, pero menos retóricas". En este poema traducido por primera vez al español, las 12 líneas en itálicas, se publican igualmente por primera vez en esta edición.



Los libros prestados

Los libros también leen a quienes leen libros.
Los libros ven en nuestros ojos nuestros escondidos gritos y gemidos.
Los libros oyen todo lo que tememos y nos decimos.
Los libros aspiran todo lo que nosotros respiramos.

Nosotros fuimos unidos por los libros.
Anna Karenina fue nuestra Celestina suicida
Cuando ella resucitó de los congelados rieles
Y nos lanzó en nuestros brazos.

El silencioso retorno de los libros prestados
por quienes se aman los unos a los otros
no parece como un mutuo favor,
es como romper páginas en pedacitos:
es una separación irreversible.

Nosotros solamente podíamos devolvernos los libros,
pero no nuestros instantes secretos,
los cuales ocultábamos muy profundamente
para no ser detectados por ojos indignos.

Tomaste mis libros del baúl de tu carro
y lo dejaste abierto esperando de mis manos los libros tuyos,
apretándolos en tus pechos:
Pasternak, García Márquez, y el Diario de Anna Frank.

Mis brazos querían abrazarte mucho
pero ellos estaban cargados de libros,
como si estuviera protegido por Dostoyevsky, Faulkner
y proverbios rusos.

Yo puse todos los libros de vuelta en tu baúl
tratando de no mirarte a los ojos
y tú, como alguien arrastrándose en cámara lenta bajo unas ruinas
comenzaste a devolverme los libros uno por uno.

Yo te rogué durante dos largos años
que encontraras y amaras a alguien,
y cuando ocurrió, yo respiré tranquilo,
pero mis dientes rechinaban con desesperación en las noches.

Yo nunca te pregunté con envidioso desdén el nombre de mi rival:
"¿Quién es?" "¿Qué edad tiene?"
Yo no supe si llorar o reír
cuando tú me respondiste: "18 años".

En ese momento de separación,
tú, como la belleza de una virgen incorruptible,
me pediste, sin palabras, sólo con una mirada
que me acercara y te abrazara otra vez.
Pero yo contesté únicamente bajando la vista.

Tú me miraste como si estuvieras enamorada de nuevo.
Si yo te hubiera mirado a los ojos, todo podría haberse repetido.
¿Quién lo impidió? ¿Cobardía? ¿Coraje?
¿O algo que aún no tiene nombre?
Las releídas, cansadas páginas de los libros,
ya estaban temblando en tus manos.
Tus aros tintineaban.
Tú estabas aturdida protegiendo tu alma con los libros,
apretando tu corazón.


(1999)



                                                  El último intento
  
Este es mi último intento de ser feliz
después de caer y vuelta a caerme de nuevo
con una palidez y un temor balbuceante
intoxicado por fresas venenosas.

Este es mi último intento de ser feliz,
como lo pensé, mi fantasma está parado ante un precipicio
y desea dar un salto por sobre todas mis heridas
hacia un lugar en que tiempo atrás fui hecho pedazos.

Allá sobre mis huesos rotos
una libélula muy serena se posa en ellos
y las hormigas tranquilamente vienen entrando
en las vacías cuencas de mis ojos.

Me he transformado en un fantasma. Me he ido de mi cuerpo,
me desprendí de mis huesos
pero sigo entre los fantasmas
y otra vez mi imagen se dibuja en tantos abismos.

Un cariñoso fantasma produce más terror que un cadáver.
Pero a ti no te dio miedo y me entendiste,
y juntos saltamos como si fuera un precipicio
pero el profundo abismo se extendió en unas alas blancas
y nos dejó en la niebla.

Tú y yo no estamos tendidos en una cama,
Sino en la niebla que apenas nos sostiene.
Soy un fantasma. Ya no me quiebro mis huesos.
Pero tú continúas viva. Y tengo tanto miedo por ti.

Otra vez el cuervo gira en círculos funerarios
y espera por la carne fresca como en un campo de batalla.
Este es mi último intento de ser feliz.
Mi último intento de poder amar.

(1986)


Pequeñitas calles de Barcelona

En Barcelona las calles son angostas
como pupilas de gatos angustiados.

Algunas calles están muy ocupadas con el amor, otras con penitencias,
a través de las ventanas se oyen palabras muy jugosas,
si alguien pica cebollas en el lado derecho
en el lado izquierdo alguien se pone a llorar.

Mujeres con enloquecidos ojos negros
ahora lanzan agua de una bañera sobre una vecina,
ahora salen por las ventanas, al aire libre,
cada una con sus peinados en desorden.

Y muertos de risa, desde el marco de las ventanas,
Tirando los maceteros al suelo,
los niños entrecruzan
los chorros de sus meados.

¡Una pelea! Todos los maridos son unos cornudos
¡Los abismos se tragarán a los viciosos!
Y como cohetes sobre sus cabezas
Largos hocicos de pájaros pasan volando.

Camino hacia el medio de las calles
y allí en el centro también todo es inseguro
los rostros enardecidos de la gente
sólo  quieren comprar sardinas.

Me gustaría cantar alabando la vida común
o cantar a una simple rosa
aún cuando fuera una rosa artificial
pero que latigara mis mejillas.

Uno quiere por supuesto que la gente sea amable
pero en mi chaqueta, diseñada a la moda,
la parte derecha está manchada con algo que cayó de no sé dónde
y en la parte izquierda hay pegado un gato con los pelos de punta.

Alguien al lado investiga, hace preguntas,
en la celda voces desconocidas gimen
pero, bueno, las amenazas del rival
lanzando ácido por los ojos pueden calmarse.

Y mientras la censura fascista
ahoga los pensamientos como gatos en una bolsa
alguien le grita a una mujer al estilo ruso: "¡Tetona imbécil!"
pero claro, se lo dice en lengua española.

La gente ya cansada y fastidiada
ventilan sus rabias a la nada
y se han convertido en represores los unos a los otros
olvidándose de los principales represores.

La paz está amenazada por escobas y cuchillos.
Y yo estoy por la paz, pero aquí, ¡Dios mío!
¡no hay ninguna manera de desplegar tus brazos!
Todo está amurallado desde la derecha hasta la izquierda.

En Barcelona las calles son angostas
como pupilas de gatos angustiados.

(1967)



Los hombres no se entregan a las mujeres

Los hombres no se entregan a las mujeres.
Las beben compulsivamente como si ellas fueran vodka.
Y a veces, convirtiéndolas en basura,
Las golpean como a sus peores enemigos.

¿Tienen miedo ellos de creer que la ternura de un hombre
es una debilidad?
¿Es esclavitud entregarse a una mujer?
Nosotros, jugando a ser gigantes, tocamos a tientas
El alma de la mujer como a tientas tocamos sus pechos.

¿Y yo quién soy? Un desgastado… pecador.
Pero a veces me siento como una hermana entre las mijeres
Y sólo deseo acurrucarme con ellas,
Acariciarlas cuando duermen y acariciarlas cuando despiertan.
Por todos mis pecados cometidos, me arrepiento
a través de mi ternura.
Todas las mujeres son perdonadas al cometer pecados conmigo
mientras mis dedos, tímidamente torpes,
caminan sobre sus pecas y lunares de nacimiento.

Las mujeres me resucitan desde la muerte.
Ellas no traicionarían a nadie en el mundo,
Miran sin temor en mis ojos
esperando un milagro de mí.

Fui protegido por las mujeres en mis más oscuros días.
Fui el confidente de sus problemas,
escuché de ellas, como una íntima amiga,
sus historias sobre la crueldad de los hombres

Los hombres no fueron creados para matar
a ninguna mujer ni a ningún hombre
ni con un cuchillo ni con una palabra o pensamiento.
Como una mujer escondida dentro del hombre,
así yo me entregué a mi mujer amada.

(2004)



Los hijos del amor
                                                                                                                       Para mi hijo Yevgeny Yevtushenko Jr.
                                                                                 
                                                                                  Soy un hijo del amor.
                  Me esculpieron con sus susurros
                  me pintaron con sus besos.
Me arañaron con desesperadas uñas.
Me murmuraron,
                                me respiraron.
La fantasía de los que aman
                              es más grande que las de Salvador Dalí
Con una dulce saliva juntaron mi cuerpo.
                            Me moldearon con su locura
para que así no desapareciera en mi primera huida.
Mi padre
                me salpicó con su propia Vía Láctea
                                  como una pequeñita y nueva estrella.
Como un embrión curioso
                          me introduje en mi madre,
perdiendo en el camino a millones de hermanos míos
                          que dieron su vida por mí.

Yo soy el único monumento a todos ellos
                                 y al amor de Alexander y Zina.
Es imposible para mí no estar vivo.
Amar a nadie. Es algo inimaginable.
Toda la humanidad está dividida
                              nos guste o no
por los hijos del amor
                          y por los hijos despreciados.
Los hijos del horroroso borracho, el de la violencia
                       y el de la cópula desafortunada
no son culpables de nada.
¡La naturaleza los revivirá de esa maldición!
Mi hijo me pregunta,
                 "Padre, ¿quién es el Dios de las tortugas?"
                  "Padre, ¿en qué lugar desapareció la Atlántida?"
                                                                                  "Padre, ¿morirás algún día?
                                                                                                                      "Sí, por supuesto"
                                                                                   "Padre, ¿pero no es eso injusto?
                                                                                                                       "¿Por qué?"
                                                                                   "Es que si tú mueres nos has traicionado".
                                                                                    Mi hijo, el gemelo de 10 años, me tortura con sus preguntas,
                                                                                    mi hijo del amor
                                                                                                                   el que crece tan rápido
                                                                                                                                                     pequeñito monumento de mí.
                                                                                    Yo fui la bujía de dos almas, de dos cuerpos
                                                                                                               que en un instante se transformaron en uno solo.
                                                                                    Soy un hijo del amor…
                                                                                                                         entre aquellos que no conocen el amor,
                                                                                    me gustaría compartir mi secreto familiar de cómo amar:
                                                                                    húndete en una fiebre sagrada
                                 y sin duda que sobrevivirás
  emergiendo con un milagroso aullido entre tus manos.

(1998)

¿Cuándo vendrá a Rusia un hombre?

¿Cuándo vendrá a Rusia un hombre?
¿Uno que no nos engañe?
En el gobierno no existe el trabajo de ser honesto,
Pero quizás… algún día… por primera vez…

¿Pero qué haría él, un solo hombre?
¿Cómo puede traer tanta discordia en la armonía?
No tendremos ninguna compasión con él,
si no puede reformarnos.

¿Cómo puede mejorarse a sí mismo,
cuando sufre de náuseas,
escuchando las críticas voces
de nuestra muchedumbre y de nuestra élite plebeya?

Él debe ser velozmente lento, pero lentamente veloz.
¿Cómo lanzar bombas y disparar balas
para acertar precisamente sólo a los asesinos
y dejar pasar niños y mujeres inocentes?

¿Cómo preservar la libertad y aguantar
las vulgares maneras del libertinaje?
¿Apretar el látigo con el puño de hierro?
¿Pero los versos del alguien con el culo azotado
se parecen a las cicatrices del látigo?

¿Cómo no convertirse en un criminal,
luchando contra los crímenes,
destripando colchones, cunas y cerebros?
¿Ejecutar juntos en la Plaza Roja a los grandes
y pequeños ladrones?
Rusia se convertiría en el desierto de Sahara.

La sangre de las masacres zaristas, del Gulag,
ha lavado todo nuestro honor.
Pero los torturadores siguen sin castigo.
Deshonrados por nosotros mismos,
anhelamos mucho la honestidad,
pero no la nuestra propia.

A la niñez en lugar de dulces y caramelos,
es mejor darles nuestra amarga memoria.
Es aterrador cuando las memorias se ríen con estupidez
de la honesta pobreza de sus padres.

¿Y qué, si de pronto, un hombre viniera a Rusia,
no un falso Mesías con una aureola postiza
sino simplemente uno de nosotros, uno de entre todos,
que no nos engañe? –pero ¿lo engañaremos nosotros?

¿Cuándo vendrá este Alguien a Rusia? ¡Hombre o mujer!
Cuando… cuando todos seamos seres humanos.
Pero la nieve se acumula cada vez más y es más oscura,
y todo está envenenado, nuestros ríos y nosotros mismos.

La cosecha ha fracasado –no en granos- sino en gente.
No sólo Rusia sino el mundo
no espera más beneficios ni más profetas.
¿Cuándo llegará al mundo,
una nueva humanidad
y cuándo será posible que nosotros no nos engañemos
a nosotros mismos?

¿Cuándo?

              
(2008)

La ciudad Sí y la ciudad No

Me parezco a un tren
                                   viajando de prisa durante muchos años
                                                     entre la ciudad Sí
                                                                y la ciudad No.

                       Todo es agonizante, todos están asustados en la ciudad No.
                       Es como una pieza amueblada de angustia.
                       Cada mañana su piso se limpia con amargura.
                       Sus sofás están hechos de calumnia, sus paredes de desdicha.
                       Cada retrato parece sospechoso.
                       Cada cosa levanta el ceño, escondiendo algo.
                       Recibirás muchos consejos ahí –claro que sí-
                       Las máquinas de escribir teclean una respuesta obsesiva:
                       "No-no-no…
                                      No-no-no…"
                       Y cuando las luces se apagan completamente,
                       los fantasmas inician
                                                     su tenebrosa danza
                       conseguirás un boleto de salida
                                      -¡ni lo pienses!-
                       para dejar la negra
                                       ciudad No.


                      Pero en la ciudad Sí
                      la vida es como el canto de un pájaro
                      en esta ciudad sin paredes, igual que un nido.
                      El cielo te pide que tomes la estrella que más te gusta
                      los labios preguntan por tus labios, sin ninguna vergüenza,
                      murmurando suavemente: "Ah, toda esa tontería…"
                      y las margaritas, burlándose, piden ser escogidas,
                      y los rebaños ofrecen su leche mugiendo,
                  y en ninguna persona hay ni un rastro de alguna sospecha,
          y donde sea que desees estar, al instante estarás allí
          tomando el tren, el avión, o el barco que te guste.
          Y el agua, murmurando levemente, te susurra:
          "Sí-sí-sí…
                      Sí-sí-sí…
                                  Sí-sí-sí…"

         
          Pero para decirte la verdad, a veces, es un poco aburrida,
          te dan en abundancia, casi sin ningún esfuerzo,
          en esa brillante e iluminada ciudad Sí…
          ¡Prefiero estar dando vueltas
                                 hasta el fin de mis días,
           entre la ciudad Sí
                                      y la ciudad No!
         ¡Deja que mis nervios se estiren
                                                  como alambres
          entre la ciudad No
                                         y la ciudad Sí!

(1964)
                                                                                                                        
                                                     
        

Caminando sobre el tejado

¿Cómo pude sobrevivir durante el tiempo de Stalin?
Es que una vez muy contento salí disparado
de una ventana del noveno piso
donde con mucho orgullo caminé sobre el tejado
guiado por no sé quién
y llevando en mi mano un vaso de vodka.

Caminaba sobre el techo sonriendo,
me miraban desde abajo asustadas mujeres viejas,
alguna gente rara y gatos envidiosos.
Yo era absolutamente desconocido
y afortunadamente todavía no era un ícono.

Dos camaradas borrachos, manteniéndose sobrios, celosos,
miraban desde la ventana
cómo yo –sorpresivamente- podía
caminar contra todas las reglas
aunque ignorándolas todas
                            no
                                            pudiera
                                                                    caerme.

En aquel 1950, bajo el oscuro bigote de Stalin,
nosotros, una generación a la que le lavaron el cerebro
desde el kindergarten,
teníamos la obsesión de subirnos a los tejados,
la obsesión de escalar cualquier cosa que fuera elevada,
pero nunca la obsesión de escalar las alturas del poder.

Jugábamos a hacer el amor en los áticos
aprendimos a besar por un rublo
admirábamos en La Plaza Roja
las alegres muchedumbres con flores y carteles
mirándonos desde nuestros tejados;
mi tejado era mucho más alto que aquel majestuoso mausoleo
donde Stalin, sin ser visto en ese momento,
protegido por los grandes hombros de su guardia personal,
meaba en un balde de lata.
(todo eso era perfectamente visible desde nuestro tejado.)
¡Qué perspectiva! ¡Qué afortunados!

Aquel tejado estaba muy cerca
de los tejados de Roma y de París
y después de algunos años irrumpidos por La Cortina de Hierro.
Nosotros, los hijos de los Tejados de Metal.

En ese extraño comunismo
de vida militarmente organizada
caminábamos sonriendo sin miedo.
¿Pero qué pasa hoy día, vendiendo conciencias
Por una vida mucho más confortable,
caemos en un capitalismo militar?
¿Qué pasa si quedamos atascados en una sórdida farsa?
Quebraré mi ventana –y aún a través de los barrotes-
Saltaré fuera de mi propio retrato
¡rompiendo en pedazos el marco y el vidrio!
Ni siquiera en la muerte confiaré en ningún "ismo",
yo, otra vez joven y siempre libre,
arriesgando la vida, sonriente y fuerte,
volveré a caminar por el tejado,
o de lo contrario, no soy un poeta.

(2004)



Yevgeny Yevtushenko nació en Zima, Siberia, Rusia en 1933 y es uno de los poetas más conocidos internacionalmente. Varias veces nominado al Premio Nobel de Literatura. Su antepasados fueron enviados al exilio después de una redada contra los campesinos a fines del siglo XIX. En 1949 publicó su primer poema y su primer libro en 1952. Fue un pionero en leer en las plazas rusas y en los estadios ante multitudes. Dio a su vez una voz a toda una generación que deseaba expresarse libremente. Aquella que permaneció por años bajo la represión de Stalin. A los 22 años fue famoso en Rusia como poeta del amor. Pero muy pronto, y antes de la presencia de Solzhenitsyn, Sakharov y otros disidentes rusos en el ambiente político, su poesía llegó a ser la única y solitaria voz contra el estalinismo.
Pero a su vez, Yevtushenko recibió el fuego cruzado de los escritores estalinistas y algunos otros que envidiaron irritados lo que no tenía precedentes en Rusia: gigantescas lecturas públicas. Su amor por la audiencia continúa hasta ahora. Ha llenado dos veces el Teatro del Kremlin con 6 500 personas. Igualmente ha leído en muchas partes del mundo ante miles de personas. Él mismo ha dicho: "Yo soy un escritor para esos que no lo son". Pero la generación de Yevtushenko no pudo cambiar Rusia como ellos soñaban aunque sí ayudó a descongelar un poco el hielo de esa época. Durante el régimen de Stalin, el resto del mundo permanecía cerrado para todos los rusos. Un año antes del discurso de Khrushchev contra Stalin, Yevtushenko articuló sus frustraciones con esos versos: Fronteras aparecen en mi camino/ Es una vergüenza/ para mí no conocer Buenos Aires ni New York/ Quiero caminar hacia Londres/ y conversar con todos (de Prólogo, 1965). Rápidamente Yevtushenko cruzó esas fronteras. Él abrió el camino a esos otros a quienes les habían "robado el mundo" y ahora millones de turistas rusos visitan todos los rincones del planeta. En 1960 fue el primer ruso en romper la Cortina de Hierro y comenzó a recitar su poesía en el Oeste siendo aclamado en Europa, Norte y Sur de América y África. Fue amigo de Marx Ernst, Henry Moore, Federico Fellini, T. S. Elliot, William Golding, John Steinbeck, Pablo Picasso, Neruda y Gabriel García Márquez.
En 1961 Yevtushenko publicó su poema Babi Yar, un poema de protesta contra el anti-semitismo, que se encuentra grabado en piedra en el Museo a la Memoria del Holocausto en Washington, EE. UU. Ese poema fue la inspiración para la famosa Sinfonía No. 13 de Dimitri Shostakovich.
Yevtushenko además ha escrito y dirigido dos películas: Kindergarten (1982) y Los funerales de Stalin (1990), esta última con Vanesaa Redgrave y Claus Maria Brandauer. También es el guionista de Soy Cuba (1964).Una de las novelas de Yevtushenko, No te mueras antes que estés muerto (1995), está basada en el fallido golpe de estado de 1991 en Rusia. Su primera novela, Fresas salvajes (1984) es una evocación poética de los campesinos rusos de la región rural de su nativa Siberia.
Actualmente, Yevtushenko divide su tiempo entre Rusia y los Estados Unidos. Él y su familia residen en Tulsa, Oklahoma, donde enseña cine ruso y europeo así como literatura rusa en la Universidad de Tulsa. Como él dice: "Yo no enseño literatura sino enseño a tener conciencia a través de la literatura". Hace muchos años escribió: "Nacer en todos los lugares es por supuesto imposible, pero renacer en cualquier parte depende de nosotros mismos."


Tomado del volumen Manzanas Robadas (Yevgeny Yevtushenko, 2010) con traducción del poeta Javier Campos (Santiago de Chile, 1947)

1 comment:

  1. Llevo algún año siguiendo tu blog y te doy las gracias por los encabezados tan bonitos que pones.
    Te dejo un haiku original:
    El mirlo negro
    que vigila mi casa,
    sabe tu nombre.
    Yo tengo un blog de fotografías, se llama "tus ojos para mirar" http://www.tusojos.arturolujan.com
    Ah! vivo en España. Besos enormes

    ReplyDelete

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