mi habanemia
La Habana puede demostrar que es fiel a un estilo. Sus fidelidades están en pie. Zarandeada, estirada, desmembrada por piernas y brazos, muestra todavía ese ritmo.Ritmo que entre la diversidad rodeante es el predominante azafrán hispánico. Tiene un ritmo de crecimiento vivo, vivaz, de relumbre presto, de respiración de ciudad no surgida en una semana de planos y ecuaciones. Tiene un destino y un ritmo. Sus asimilaciones, sus exigencias de ciudad necesaria y fatal, todo ese conglomerado que se ha ido formando a través de las mil puertas, mantiene todavía ese ritmo. Ritmo de pasos lentos, de estoica despreocupación ante las horas, de sueño con ritmo marino, de elegante aceptación trágica de su descomposición portuaria porque conoce su trágica perdurabilidad.Ese ritmo -invariable lección desde las constelaciones pitagóricas-, nace de proporciones y medidas. La Habana conserva todavía la medida humana. El ser le recorre los contornos, le encuentra su centro, tiene sus zonas de infinitud y soledad donde le llega lo terrible.
Lezama
"De soledad humana"
Los objetos de la vida cotidiana están relacionados con todos los hábitos y las necesidades humanas que definen el comportamiento de la especia.Nosotros dejamos en lo que nos rodea recuerdos, sensaciones o nostalgias, y a nuestra clase le resulta indispensable otorgarles vida, sentido y unidad (más allá de la que ya tienen) precisamente por el grado de identificación personal que logramos con ellos; un mecanismo contra el olvido y en pos de la necesidad de dejar marca en nuestro paso por la vida.La cuestión central es, ¿Cuánto de ellos queda en nosotros? ¿Cuánto de nosotros se va con ellos? (fragmentos de la tesis de grado de
Rafael Villares, San Alejandro, enero 19, 2009)
Memorias del subdesarrollo
El "happy end" ha sido, y es, un arma ideológica para alentar y consolidar el conformismo en grandes sectores del pueblo...
Sergio reflexiona que en una sociedad subdesarrollada la gente necesita que haya quien piense por ella. Ésto es un problema a solucionar. El día en que cada ciudadano piense por sí mismo, la película habrá envejecido realmente y yo estaré muy contento de que quede como un testimonio de un momento de lucha, de un momento difícil.
Tomás Gutiérrez Alea
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