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Edgelit

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Edgelit/Borde.de.luz

Adagio de Habanoni


Fotografías de Silvia Corbelle y Orlando Luis Pardo

mi habanemia

La Habana puede demostrar que es fiel a un estilo.

Sus fidelidades están en pie.

Zarandeada, estirada, desmembrada por piernas y brazos, muestra todavía ese ritmo.

Ritmo que entre la diversidad rodeante es el predominante azafrán hispánico.

Tiene un ritmo de crecimiento vivo, vivaz, de relumbre presto, de respiración de ciudad no surgida en una semana de planos y ecuaciones.

Tiene un destino y un ritmo.

Sus asimilaciones, sus exigencias de ciudad necesaria y fatal, todo ese conglomerado que se ha ido formando a través de las mil puertas, mantiene todavía ese ritmo.

Ritmo de pasos lentos, de estoica despreocupación ante las horas, de sueño con ritmo marino, de elegante aceptación trágica de su descomposición portuaria porque conoce su trágica perdurabilidad.

Ese ritmo -invariable lección desde las constelaciones pitagóricas-, nace de proporciones y medidas.

La Habana conserva todavía la medida humana.

El ser le recorre los contornos, le encuentra su centro, tiene sus zonas de infinitud y soledad donde le llega lo terrible.

Lezama

habanera tú

habanera tú
Luis Trapaga

El habanero se ha acostumbrado, desde hace muchos años, a ese juego donde silenciosamente se apuestan los años y se gana la pérdida de los mismos.

No importa, “la última semana del mes” representa un estilo, una forma en la que la gente se juega su destino y una manera secreta y perdurable de fabricar frustraciones y voluptuosidades.

Lezama

puertas

desmontar la maquinaria

Entrar, salir de la máquina, estar en la máquina: son los estados del deseo independientemente de toda interpretación.

La línea de fuga forma parte de la máquina (…) El problema no es ser libre sino encontrar una salida, o bien una entrada o un lado, una galería, una adyacencia.

Giles Deleuze / Felix Guattari

moi

podemos ofrecer el primer método para operar en nuestra circunstancia: el rasguño en la piedra. Pero en esa hendidura podrá deslizarse, tal vez, el soplo del Espíritu, ordenando el posible nacimiento de una nueva modulación. Después, otra vez el silencio.

José Lezama Lima (La cantidad hechizada)

Medusa

Medusa
Perseo y Medusa (by Luis Trapaga)

...

sintiendo cómo el agua lo rodea por todas partes,
más abajo, más abajo, y el mar picando en sus espaldas;
un pueblo permanece junto a su bestia en la hora de partir;
aullando en el mar, devorando frutas, sacrificando animales,
siempre más abajo, hasta saber el peso de su isla;
el peso de una isla en el amor de un pueblo.

la maldita...

la maldita...
enlace a "La isla en peso", de Virgilio Piñera

La incoherencia es una gran señora.

Si tú me comprendieras me descomprenderías tú.

Nada sostengo, nada me sostiene; nuestra gran tristeza es no tener tristezas.

Soy un tarro de leche cortada con un limón humorístico.

Virgilio Piñera

(carta a Lezama)

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Luis Trápaga

ay

Las locuras no hay que provocarlas, constituyen el clima propio, intransferible. ¿Acaso la continuidad de la locura sincera, no constituye la esencia misma del milagro? Provocar la locura, no es acaso quedarnos con su oportunidad o su inoportunidad.

Lezama

Luis Trápaga Dibujos

Luis Trápaga Dibujos
Dibujos de Luis Trápaga

Pingüino Elemental Cantando HareKrishna

Elementary penguin singing harekrishna
o
la eterna marcha de los pueblos victoriosos
luistrapaga paintings
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Libertad para Danilo

Sep 30, 2008

Tres poemas de Dylan Thomas escogidos al azar en traducción de Omar Pérez



La semilla-al-cero
 
La semilla-al-cero no alborotará
Esa ciudad de espectros, uña matriz transitada
Con su muerte al toqueteo,
Ningún dios-en-héroe caerá
Cual torre sobre la ciudad
Tonta y divinamente tropezando
Sobre la línea productora de hombres.
 
La semilla-al-cero no alborotará
Esa ciudad de espectros, ña matriz transitada
Con su muerte al toqueteo,
Ningún dios-en-héroe caerá
Cual torre sobre la ciudad
Tonta y divinamente saltando
sobre la línea paridora de guerras.
 
A través de la muralla celestial
Será la semilla de-la-estrella-al-flanco descifrada,
Maná para la tierra que ruge,
Aceleración para el cifrado mar;
Establecido en un baluarte virgen
Se enredará con la guardia
Y el cuidador de la llave.
 
A través de la muralla celestial
Será la semilla de-la-estrella-al-flanco descifrada,
Maná para la tierra guardada,
Aceleración para el mar virgen;
Estableciéndose en cifrado baluarte
Se enredará con la guardia
Y el perdedor de la llave.
 
¿Puede una simple aldea laborar
Y un continente negarse?
Un hemisferio puede escarnecerlo
Y una verde pulgada procrearlo;
Que la semilla del héroe encuentre bahía,
Puertos de mar junto a la orilla ebria
Tengan sedientos marinos que la oculten.
 
¿Puede un simple planeta laborar
y un continente negarse?
Una aldea verde puede escarnecerlo
Y una alta esfera procrearlo;
Que la semilla del héreo encuentre bahía,
Puertos demar junto a la orilla sedienta
Tengan ebrios marinos que la oculten.
 
Hombre-en-semilla, en-semilla-al-cero,
Desde foráneos campos del espacio,
No atronará la ciudad
Con un cuartel de estrellas-al-flanco,
Ni los cañones de su reinado
El héroe-en-mañana
Desplegará en el lugar que-rasca-cielos.
 
Hombre-en-semilla, en semilla-al-cero,
Desde los campos, flancos-de-estrella del especio, Truenos sobre la ciudad foránea
Con un cuartel saco-arenado,
Ni los cañones de su reino
El héroe en-mañanado
Desplegará desde el lugar-que-tienta-tumbas.
 

En la dirección final de la ciudad elemental
Avanzo mientras haya un parasiempre.
(de Venticuatro años, Dylan Thomas)
 
 
 
He anhelado irme lejos
 
He anhelado irme lejos
Del silbido de la mentira gastada
Y del continuo gritar de los viejos terrores
Que se hacen más terribles cuando el día
Pasa sobre la colina para hundirse en el mar;
He anhelado irme lejos
De la repetición de los saludos,
Y fantasmales ecos en el papel,
Y el trueno de las llamadas y las notas.
 
He anhelado irme lejos mas tengo miedo,
Algo de vida, aún no apagada, podría explotar
De la vieja mentira que arde sobre la tierra,
Y, crujiendo hacia el aire, dejarme medio ciego.
Ni por el antiguo terror de las noches,
El sombrero separándose de los cabellos,
Los labios fruncidos en el recibidor,
Caeré ante la pluma de la muerte.
Por estos no me importaría morir,
Mitad convención y mitad mentira.
 
 
 
Cuando, como sepulcro corredor
 
Cuando, como sepulcro corredor, el tiempo te captura,
Tu calma y caricia es guadaña de cabellos,
El amor en su ajuar atraviesa lentamente la casa,
Sube las desnudas escaleras, tortuga en coche fúnebre,
Arriado a la cúpula.
 
Viene, con paso de tijeras, la edad del sastre,
Entregadme que, tímido en mi tribu,
De amor estoy más desprovisto que la trampa de Cadáver está
Despojada de la zorruna lengua, y su cinta pedestre
De la pulgada ósea.
Entregadme, señores míos, cabeza y corazón,
Corazón de Cadáver cuyo cirio es de delgada cera,
Cuando la sangre, azada en mano, y el tiempo lógico
Conducen a los niños cual magulladuras al pulgar,
De la doncellez a la cabeza,
 
Pues, con cara de domingo, con quitapolvos en mi guante,
Casto y persecutorio, hombre del ojo determinadie,
Yo, que la chaqueta del tiempo o la capa del hielo
Podría no abrochar con una viegen oh
En el recto sepulcro,
 
Atravesar a zancadas el país de Cadáver en mis fuerzas,
Mis maestros mondacerebros telegrafiando en la piedra
Desespero de la sangre, fe en el limo de la doncella,
Un alto entre eunucos, y la mancha nítrica
Sobre el tenedor y el rostro.
 
El tiempo es tonta fantasía, tiempo y tonto.
No, no, tú amante cráneo, martillo descendiente
Desciende, señores míos, sobre el honor entrado.
Tú héroe cráneo, Cadáver en el hangar
Le dice al palo, "falla".
 
La alegría no es una nación golpeante, señor y señora,
La fusión del cáncer, o la pluma del verano
Encendida en el mimado árbol, cruz de la fiebre,
Ni el alquitrán urbano y subway perforado para promover
Al hombre a través del asfalto.
 
En la cúpua de vuestra torre humedezco las velas.
La laegría es el golpe del polvo, vástago de Cadáver
Del capullo de Adán a través de su cambio encajonado,
La nación crepusculada del amor y el cráneo del estado,
Señor, es vuestro sino.
 
Todo termina, el término de la torre y,
(A la par de la casa del viento), la recostada escena,
(Desiste del verano), la cementada piel,
El fin de las acciones.
 
Todo, dementes hombres míos, el insalubre viento
Con tos de silbador contagia, el tiempo tras la pista
Conforma en muerte de carbón; arma por su maña,
Hambre de Cadáver feliz cuando tomas
El mundo a prueba de besos.

Rafael Pérez Gay: SAMUEL BECKETT: MENOS EQUIVALE A MÁS


 

SAMUEL BECKETT: MENOS EQUIVALE A MÁS

En diciembre de 2009 se cumplirán veinte años de la muerte de Samuel Beckett, el escritor y dramaturgo irlandés que adoptó a la lengua francesa como su tierra natal y en secreto juró derrotar a las sombras y a la noche. Para rendirle homenaje, Rafael Pérez Gay ha traducido y descifrado los poemas que Beckett escribió en los periodos 1937-39 y 1947-49, llenos de París, sus gentes y sus calles.

SAMUEL BECKETT:
POEMAS
1937-1939

Presentación, traducción y notas de Rafael Pérez Gay

Según relata su biógrafa Deirdre Bair, a finales del año de 1933, una noche interminable envolvió la vida de Samuel Beckett (1906-1989). Los médicos de la familia se habían enfrentado sin éxito a los abscesos, los forúnculos, las gripas y los dolores en las articulaciones que tiraban a Beckett durante varios días en la cama. Geoffrey Thompson, médico de la casa Beckett, estaba convencido de que las erupciones en la piel tenían un origen sicosomático, pero ese síntoma era sólo el principio. A mitad de la noche Beckett se despertaba empapado en sudor, con el corazón desordenado cobrándole todas sus cuentas pendientes. El pánico no era menor que los ahogos y la certidumbre de la muerte. En esos días, Beckett no podía dormir si su hermano Frank no lo acompañaba en el suplicio de una navegación nocturna perdida en tormentas del fin del mundo.

A principios del año 1934, Samuel Beckett debutó en el diván del médico Wilfred Ruprecht Bion y puso su casa en el 48 Paulton Square, cerca del King's Road, en Chelsea. Mientras algunas revistas publicaban sus más tempranos trabajos de traducción, Beckett se hizo amigo del escritor Tom MacGreevy. Como si las noches hubieran pactado una tregua con sus veintiocho años, con su dimisión del Trinity College, en Dublín, y con sus fracasos literarios, Beckett publicó en mayo de ese año More Pricks Than Kicks. El libro fue prohibido en Irlanda por la alusión sexual del título (¿más pitos que flautas?). Beckett mandó una botella al mar de James Joyce: "Beckett publicó su libro More Pricks Tahn Kicks. No había podido leerlo, pero lo hice en París. Beckett tiene talento...". Talento y muy pocos lectores: de la edición de mil quinientos ejemplares, el libro vendió quinientos. Entonces Samuel Beckett hizo lo que tenía que hacer: dormir muy poco, entregarse al trago como si fuera un marinero irlandés y dedicarse al periodismo literario para sostenerse en Londres.

A pesar de las noches, los problemas urinarios que le impedían orinar sin dolor y las erupciones en la piel, Beckett se dejó guiar en las tinieblas por un puñado de poemas que terminó ese mismo año, Echo's Bones, trece poemas más oscuros que la noche, de una erudición inexpugnable en sus referencias secretas y privadas. Si los escritores pudieran dividirse en diurnos y nocturnos, Beckkett sería un representante radical de los segundos, un escritor oscuro, en muchos sentidos purificado por la noche y el fracaso. Esta es la fibra última de Los huesos de Eco. "Da Tagte es", en alemán en el original, "Entonces amaneció", cuenta el paso de un hombre perdido entre la noche y el amanecer; "Alba" y "Dortmunder" son destellos en la oscuridad bajo el triunfo de la noche. La otra oscuridad es la poesía misma desprendida de los dos temas más beckettianos de Beckett: la noche y la muerte. "Dortmunder" es el casco de un barco que navega perdido en la noche; "Alba", en italiano en el original, trata el gran tema de la muerte como despertar: quien muere, amanece. Entre estas dos orillas, Beckett puso en su poema "Malaconda" dos de sus obsesiones centrales: Malaconda y Scarmillon, los diablos del Infierno dantesco.

El libro Los huesos de Eco apareció en noviembre de 1934 en una edición de autor. Beckett le pagó a George Reavey, director de una pequeña editorial, Europa Press, los costos de la edición. El maleficio beckettiano con los editores apenas empezaba. Unos meses atrás, perseguido por las sombras, Beckett se puso a escribir la historia de un joven escritor que vive con una prostituta. El boceto narrativo de este relato se convertiría en su primera novela, Murphy. Beckett había cumplido treinta y tres sesiones con su sicoanalista Ruprecht Bion y se sentía más enfermo que nunca. A las innumerables argucias que la noche utilizaba en su contra, Beckett añadió desórdenes cardiacos y unos dolores en el pecho tan verosímiles que los médicos tuvieron que revisarlo varias veces para concluir que su corazón nervioso latiría más de setenta años. Dominado por la obsesión de convertirse en un escritor irlandés, Beckett le envió al editor inglés Lovat Dickinson el manuscrito inconcluso de Murphy. Fue rechazado de inmediato. Es probable que Murphy haya roto un récord en la historia de la literatura: la novela recibió cuarenta y dos negativas editoriales. Todas las respuestas coincidieron en que la novela era demasido oscura; en realidad, el tema principalísimo de esa historia era uno solo: ¿como iluminar la noche en el mundo de la locura?

En 1937, Beckett rompió su pacto con todas las formas de la noche que había conocido hasta entonces: Irlanda, el idioma inglés, y su madre. Entonces se escapó a París, a escribir en francés para siempre. Veinte años después, los lectores supieron que Murphy era una de las novelas más acabadas de Beckett, una estructura incluso superior a la trilogía francesa Molloy (1951), Malone muere (1952) y El innombrable (1953). La puerta de entrada al idioma francés fue un breve adiós contenido en Poémes, 1937-1939 que más tarde retomaría en Six Poemes, 1947-1949. Ofrezco al lector mis versiones de ese adiós a Irlanda con el que Beckett se adentró en una nueva vida. Los primeros fueron publicados en Les Temps Modernes en 1946 y fueron escritos entre 1937-39. Los Six Poémes se publicaron por vez primera en Transition Forty-Eight en 1948, y en Cahiers de Saisons en 1955; fueron escritos entre los años de 1947 y 1949.

* * *

Vienen
otras y las mismas
con cada una es diferente y lo mismo
con cada una la ausencia de amor es diferente
con cada una la ausencia de amor es la misma

En el año de 1937, París había sido para Beckett una fuga desesperada de las sombras, pero el destino de esa evasión serían las tinieblas de la Segunda Guerra mundial. Este poema ha sido leído como una imagen de amor desdichado, pero en realidad es una declaración de odio a la noche, a las sombras que vienen, otras y las mismas, en ausencia del amor. La noche que hay dentro de la noche es el tema central de la poesía francesa de Samuel Beckett.

* * *

Para ella el acto tranquilo
los poros sabios el sexo libre
la espera no muy lenta los lamentos no muy largos
la ausencia

al servicio de la presencia
algunos jirones de azul en la cabeza los vuelcos
del corazón
al fin muertos
toda la tardía gracia de una lluvia interrumpida
al caer una noche
de agosto

para ella vacía
él puro
de amor

El 7 de enero de 1938 Beckett salió a tomar un café con sus amigos Alan y Belinda Duncan. Mientras caminaban por la calle de Orleans, un hombre se acercó a pedirles dinero. Ante la negativa de Beckett, el hombre le hundió un puñal en el pecho. Los Duncan pidieron auxilio por las calles oscuras de París mientras el escritor se desangraba. Una mujer les abrió las puertas de su casa. Minutos más tarde, una ambulancia recogía a Beckett entre la vida y la muerte. La mujer, una pianista dedicada a la enseñanza de la música, era Suzanne Deschevaux-Dumesnil. Así conoció Beckett a la mujer con la que compartiría su vida los próximos cuarenta años. "Para ella el acto tranquilo" podría leerse como un poema dedicado a Suzanne en los duros años franceses. Un raro poema de amor.

* * *

Estar ahí sin mandíbulas ni dientes
a donde se va el placer de perder
con el apenas inferior
de ganar
y Roscelin y esperamos
adverbio oh regalo
vacío vacío salvo unos pedazos de canción
mi padre me ha dado un marido
o al arreglar las flores
que moja tanto como quiere
hasta la elegía
de los cascos herrados todavía lejos de Les Halles
o el agua de la chusma apestando los caños
o que moje sin más
porque es así
que pula lo superfluo
y venga
con la boca idiota y la mano hormigueante
hasta el fondo del ojo que escucha
desde lejos
los tijeretazos plateados

Este es quizás el poema francés más oscuro entre la oscura poesía beckettiana. En su versión al español, Jenaro Talens propone "zuecos herrados aún lejos de Les Halles" y "el agua de los críos echando pestes por las tuberías". He preferido un traslado más literal: "cascos herrados" y "el agua de la chusma apestando los caños".

Ascensión

A través de la rendija
aquel día en el que un niño
pródigo a su manera
regresa a la familia
escucho su voz emocionada
comenta la copa mundial de futbol

siempre demasiado joven

al mismo tiempo por la ventana abierta
los aires sin más
sordamente
el oleaje de los fieles
su sangre salpicó con abundancia
sobre las sábanas sobre las plantas sobre su cuerpo
con dedos repulsivos cerró los párpados
sobre los grandes ojos verdes asombrados

rueda ligera
sobre mi tumba de aire

Con el tema del desdoblamiento, mezcla de sueño y revelación especular, Beckett escribió dos poemas, "Ascensión" y "Anfiteatro de Lutecia". En el caso de este poema, la voz emocionada del niño que comenta la copa del mundo de 1934 es el personaje central del poema. Al final, "rueda ligera / sobre mi tumba de aire", alude al mismo sujeto: "la voz rueda ligera", como quien está encerrado en el exterior. Acaso se podría pensar que "el oleaje de los fieles" se refiere a una manifestación religiosa en Irlanda.

* * *

La mosca

Entre la escena y yo
el cristal
vacío salvo ella

vientre a tierra ceñida por sus negras tripas
antenas locas alas enredadas
patas curvas boca succionando en el vacío
golpeando en el azul estrellándose contra lo invisible
impotente bajo mi pulgar
trastorna al mar y al cielo serenos

El más pequeño acto puede trastornar el universo. Este es uno de los temas centrales de la obra de Beckett. Una mosca impotente bajo el pulgar puede trastornar al mar y al cielo serenos.

* * *

Música de la indiferencia
corazón tiempo aire fuego arena
de la silenciosa ruina de amores
cubre sus voces
y que no me escuche más
callarme

Música de la indiferencia: Molloy inmóvil en su habitación, Malone esperando la muerte mientras cuenta distintas historias, El Innombrable que no sabe su nombre pues constantemente se convierte en otra cosa, Bom y Pin gateando en la oscuridad. Todos estos personajes no se escuchan más callarse, y la ruina del amor.

* * *

Bebe solo
bufa quema fornica revienta solo
como antes
los ausentes están muertos los presentes apestan
saca tus ojos vuélvelos hacia los juncos
se enojen o los perezosos
no vale la pena está el viento
y el insomnio

La poesía francesa de Beckett prefigura al personaje beckettiano desarrollado más tarde en su narrativa: un hombre solo, en la oscuridad de un cuarto se pregunta cómo ha llegado hasta ahí. Se trata de Molloy, de Malone. El Belacqua de Dante, a las puertas del Infierno no espera nada, salvo la memoria.

* * *

De ese modo a pesar
por el buen tiempo y por el malo
encerrado en su casa y en la de otros
como si fuera ayer acordarnos del mamut
el dinoterio los primeros besos
los periodos glaciares no traen nada nuevo
el gran calor del año trece de su era
humo sobre Lisboa Kant fríamente colgado
soñar en generaciones de robles y olvidar al padre
sus ojos si tenía bigote
si era bueno de qué murió
no por esto nos come sin menos apetito
el mal tiempo y el peor
encerrado en su casa y en la de otros

En diciembre del año de 1937, Beckett llevó su maleta de mala suerte y ambiciones literarias hasta el hotel Liberia. El cariño de sus amigos Brian Coffey, los Duncan y Richard Thomas, le insinuó el contacto fugaz de los paraísos. Este poema es un homenaje a la amistad, aunque no por eso, por la cálida recepción de sus amigos parisinos, "nos come con menos apetito el mal tiempo y el peor".

* * *

Dieppe

La última marea
el guijarro muerto
media vuelta y los pasos
hacia las viejas luces

"Dieppe" fue escrito a partir del poema Der Spaziergang, "El Paseo", uno de los poemas más tardíos de Holderlin firmado por Scardanelli: "Oh, por doquier hermosos bosques / en la verde cuesta pintados, / por donde a veces me encamino con dulce paz recompensado por cada espina de mi pecho, / cuando mi espíritu está en sombras, / pues el arte y el pensamiento / hondos dolores han costado / a mi vida desde el comienzo / (...) voltea, regresa / y dile adiós a todo eso"(traducción de Norberto Silvetti Paz). Desde Dieppe, la ciudad francesa situada frente al Reino Unido, en la playa, Beckett se despide de Irlanda, de Londres, del idioma inglés y de su madre, May. En la versión original de este poema la última línea decía: "hacia las luces de la ciudad".

* * *

Rue de Vaugirard

A media altura
me detengo y boquiabierto de candor
expongo la placa a la luz y a la sombra
después retomo mi camino fortalecido
por un negativo irrecusable

Algunas interpretaciones francesas han ensayado diversas explicaciones filosóficas para "aclarar" este poema. Me sigue pareciendo más simple, y más complejo: Beckett, o su voz poética, observa una radiografía después de visitar al médico en el hospital situado en el número 396 de la calle Vaugirard. El hospital ocupó la antigua construcción de una escuela bajo el reinado de Luis Felipe. En el número 20 de esa calle, estaba el café Tabourey donde se reunían Baudelaire, Leconte de Lisle, Banville y Barbey D'Aurevilly, los simbolistas franceses.

Anfiteatro de Lutecia

Desde donde estamos sentados más arriba que las gradas
nos veo entrar del lado de la Rue des Arènes,
dudar, mirar rápido, después pesadamente
venir hacia nosotros a través de la arena sombría,
casa vez más feos, tan feos como los otros,
pero mudos. Un perrito verde
corre por la Rue Monge,
ella se detiene, lo sigue con la mirada,
el perro atraviesa la arena y desaparece
tras el pedestal del sabio Gabriel de Mortillet
Ella se da vuelta, yo ya me he ido, asciendo solo
los escalones rústicos, toco con la mano izquierda
la rampa rústica, es de cemento. Ella duda,
da un paso hacia la salida de la Rue Monge, después me sigue.
me estremezco, soy yo quien se reúne conmigo,
ahora miro con otros ojos
la arena, los charcos de agua bajo la llovizna,
una niña arrastra un aro,
una pareja, quien sabe si unos enamorados, tomados
de la mano,
las gradas vacías, las casas altas, el cielo
que nos alumbra demasiado tarde.
Me doy vuelta, estoy azorado
de encontrarme ahí su triste rostro.

Aréne se les llamaba a los antiguos anfiteatros romanos. El desdoblamiento y el sueño en Lutecia, antiguo nombre de París. Es dable pensar que la pareja, las sombras oníricas que se encuentran a sí mismas, son Beckett y Suzanne Deschevaux-Dumesnil. Un sueño, absurdo como todos los sueños: un anfiteatro antiguo, un perro verde, una niña con un aro, una pareja de enamorados, la lluvia y el personaje en medio de todo esto. Se sabe que en la calle Monge, cerca del Square des Arénes, en el número 57, vivió Emile Faguet, en un pequeño departamento, sepultado entre libros y documentos. Charmes, director de la Revue des Deux Mondes cuenta que cuando visitó a Faguet, le asombró la cantidad de artículos y textos que Faguet había escrito sin un destino preciso, sólo por el placer de haberlos escrito, un poco como Beckett a finales de los años treinta. Tanto en el poema "Rue Vaugirard" como en "Anfiteatro de Lutecia", Beckett se adueña de París, de sus calles y de su historia.

* * *

Hasta en la caverna cielo y suelo
y una a una las viejas voces
de ultratumba
y lentamente la misma luz
que sobre las llanuras de Enna en largas violaciones
maceraba desde entonces los capilares
y las mismas leyes
desde entonces
y lentamente a lo lejos se extinguen
Proserpina y Atropos
adorable de vacío dudoso
todavía la boca de sombra

La boca de sombra es la entrada a la caverna, un tema que Beckett recogió de Platón y Dante y que usó como emblema narrativo en cuentos como "El Expulsado" y "Primer Amor". Divinidad romana en su origen, Proserpina se identificó después con la Perséfone griega que adquirió un carácter infernal asociado a Libitina, una deidad funeraria. Atropos puede referirse al plural de Atropo (por cierto, una errata en la edición francesa convierte a Atropos en Antropos), conocidas como las Moiras, los espíritus del nacimiento, quienes atribuían al recién nacido el lote que le correspondía. Hesiodo las convierte en hijas de la Noche, aunque aparecen también como hijas de Zeus y Temis y hermanas de las Horas. Sus nombres son Cloto (la que hila), Láquesis (la que asigna los lotes) y Atropo (la inflexible). Si esto es así, este poema es una alegoría del nacimiento, la muerte y el destino predeterminado.

SEIS POEMAS
1947-1949

Bueno bueno es un país
donde el olvido donde pesa el olvido
suavemente sobre mundos sin nombre
ahí callan la cabeza la cabeza es muda
y se sabe no no se sabe nada
muere el canto de las bocas muertas
hizo su viaje sobre la arena
no hay nada que llorar

mi soledad la conozco bueno la conozco mal
tengo tiempo eso es lo que me digo tengo tiempo
pero qué tiempo hueso ávido el tiempo del perro
del cielo que palidece sin cesar mi grano de cielo
del rayo que asciende ocelado temblando
de las micras de los años en tinieblas

quieren que vaya de A a B no puedo
no puedo salir estoy en un país sin huellas
sí sí es una cosa hermosa la que tienen ahí una cosa
muy hermosa
qué es no me hagan más preguntas
espiral polvo de instantes qué es lo mismo
la calma el amor el odio la calma la calma

Es más que probable que este poema se desprenda de los años de la militancia política de Beckett y de un grave periodo de esterilidad literaria. "Combatía a los alemanes que convirtieron la vida de mis amigos en un infierno. Nunca combatí por la nación francesa", declaró Beckett muchos años después al recordar el año de 1940 y sus noches de trabajo para la Resistencia. Beckett y Suzanne formaban parte del grupo Gloria. En la clandestinidad, su misión era concentrar en su departamento de la rue de Favorites toda la propaganda y la mensajería de la Resistencia para repartirla, traducirla al inglés y darla a conocer fuera de Francia. Entonces Beckett era conocido por los sobrenombres de Sam, o El Irlandés. La Gestapo descubrió su red de comunicación, Suzanne y Beckett se ocultaron en casa de la escritora Nathalie Sarraute. Días después, con identificaciones falsas huyeron a Toulon. Vivieron ocultos en Rousillon. Años más tarde, Charles de Gaulle condecoró a Beckett con la Cruz de Guerra. La cruz más cara de su vida: en Rousillon, Beckett sufrió la depresión nerviosa más grave de su historia clínica, un principio de esquizofrenia desprendido de la novela que intentaba escribir: Watt. "Personalmente lo lamento todo", declara Watt en la desesperant* * *

Muerte de A. D.

Y ahí estar todavía ahí todavía ahí
apretado a mi vieja tabla carcomida
de días y noches ciegamente triturados
de estar ahí de no huir de huir y estar ahí
inclinado hacia la confesión de un tiempo agonizante
haber sido lo que fue hace lo que hizo
de mí de mi amigo muerto ayer la mirada brillante
los dientes largos anhelante en su barba devorando
la vida de los santos una vida por día de vida
reviviendo en la noche sus negros pecados
muerto ayer mientras que yo vivía
y estar ahí bebiendo más alto que la tormenta
la culpa del tiempo irremisible
agarrado a la vieja madera testigo de partidas
testigo de retornos

El grupo Gloria no sería el último trabajo político de Samuel Beckett. El ministerio de Reconstrucción en Francia le pidió a la unidad irlandesa la instalación de un hospital en Saint-Lo. Beckett se unió al grupo que desembarcaría en Cherburgo. De ese viaje quedaron dos poemas, uno inglés y otro francés: "Saint-Lo", conocida como ciudad mártir durante la guerra y "Muerte de A. D.", homenaje, elegía a un médico irlandés que ayudó a la instalación del hospital y que murió en él de tuberculosis.

* * *

Viva muerta mi única estación
lirios blancos crisantemos
fango de hojas de abril
hermosos días grises de escarcha

En el vasto territorio beckettiano todo indica que no hay bien que no se desprenda de una desgracia. Un enigma sin solución recorre la obra de Beckett: las personas y las cosas siempre regresan. En uno de sus mínimos poemas escritos en los años setentas escribió: "lo que los ojos / de bueno / no vieron bien / los dedos dejaron / de bien hilar / agárralo bien / los dedos los ojos / vuelve lo bueno / mucho mejor".

* * *

Soy el curso de arena que se desliza
entre el canto y la duna
la lluvia de verano llueve sobre mi vida
sobre mi vida que huye y me persigue
y terminará el día de su comienzo

querido instante te veo
en la cortina de bruma que se aleja
donde no pisaré esos largos umbrales movedizos
y viviré el tiempo de una puerta
que se abre y se cierra

Según la leyenda que el propio Beckett se encargó de acreditar, una noche de marzo de 1946, bajo una tempestad, le puso fin a la oscuridad de sus cuarenta años. Tiempo después, Beckett utilizó el episodio en La última cinta para darle intensidad dramática a la vida destruida de Krapp: "Intelectualmente un año de tristeza y de indigencia profundas, hasta aquella memorable noche de marzo, al pie del muelle, entre vientos desaforados —jamás lo olvidaré—, en que todo se aclaró". Para Harold Bloom y Richard Ellman esa noche fija en el tiempo el verdadero principio de la obra beckettiana. Es probable que esto haya sido cierto, a partir de entonces Beckett escribió sin pausa y sin descanso sus obras fundamentales. En 1946 escribió Mercier y Camier, su primera novela francesa, empezó Molloy (1951) y terminó una obra de teatro Eleutheria (Libertad). Entre octubre de 1947 y enero de 1948 Beckett escribió una nueva obra de teatro. En ese tiempo, se contrató en Editions Minuit, se asoció con Roger Blin y conoció la furia del azar. La obra de teatro que se publicó en 1952 se llamaba Esperando a Godot. Este poema ilustra de modo inmejorable la historia de esa iluminación.

* * *

Qué haría yo sin este mundo sin rostro sin preguntas
donde ser no dura sino un instante donde cada instante
gira en el vacío en el olvido de haber sido
sin esta onda en donde al final
cuerpo y sombra se confunden
qué haría yo sin este silencio abismo de rumores
jadeando furioso hacia la salvación hacia el amor
sin este cielo que se eleva
sobre el polvo de su lastre

qué haría yo haría como ayer como hoy
mirando por mi rendija si no estoy solo
para errar y alejarme de toda vida
en un espacio falso
sin voz entre las voces
encerradas conmigo

La obra de Beckett y muy especialmente su poesía, proponen esta ecuación: el lenguaje es incapaz de imponer orden y claridad al absurdo del mundo; sin embargo, el lenguaje mismo es la única arma de que disponemos para la interminable búsqueda de un sentido en la realidad. "Qué haría yo sin este mundo sin rostro, sin preguntas", es la imagen poética de esa ecuación que inquietó a Beckett hasta el día de su muerte, en un asilo para ancianos, en el año de 1989.

* * *

Quisiera que mi amor muriera
que lloviera sobre el cementerio
y las calles por las que voy
llorando a aquella que creyó amarme

Arriesgo una interpretación: "Quisiera que mi amor muriera" es un poema a la madre. Para la señora May Beckett, su hijo siempre fue el origen de innumerables penas y verguenzas. La señora Beckett nunca entendió la lista de adioses en que su hijo enfermo convirtió su vida: se despidió del Trinity College, de la familia, de su hermano Frank, de Irlanda, de Londres.

* * *

Fuera del cráneo sólo adentro
alguna parte alguna vez
como cualquier cosa

cráneo último refugio
tomado desde fuera
como Bocca en el espejo

el ojo a la mínima alarma
se abre enorme se resella
no hay nada más

así algunas veces
como cualquier cosa
de la vida no forzosamente

Este poema anuncia el principio de una parte de la narrativa que Beckett escribió hacia el final de su vida, extrañas instrucciones de escena, frases sueltas. "Así algunas veces / como cualquier cosa / de la vida no forzosamente" recuerda el pequeño libro Mirlitonnades, 1976-78. Esa última incursión en la poesía está hecha de "poemínimos", por llamar así a esas pequeñas revelaciones, iluminaciones en la noche. El nombre, mirlitonnade, viene de flauta o pito en francés, pero también de vers de mirliton, versos malos, que se escriben en servilletas, tarjetas sueltas, pedazos de papel. Son sentencias, tonos sin melodía de este tipo: "De frente / lo horrible / hasta hacerlo risible", o bien: "nada nadie / habrá sido / para nada / tanto sido / nada / nadie", o este otro: "lo peor / que el corazón conoció / que la cabeza / imaginó / resucítalo / vuelve lo peor / mucho peor". "Fuera del cráneo sólo adentro" está construido con la tela, o el papel, de mirliton. De este poema se podría decir aquello que Borges declaró en el prólogo a La Cifra: "No quiere decir nada y a la manera de la música dice todo". Por lo demás, a Beckett no le habría desagradado que toda su poesía llevara el título de Mirlitonnades, 1937-1978.

e espera de Mr. Knott.

 

Marcel Duchamp: el silencio (por Sara Rivera)



 
  
En la obra de Marcel Duchamp tiene tanta importancia el acto estruendoso de introducir un urinario masculino en una galería como el extremadamente leve proceso de la acumulación del polvo sobre los tamices de El Gran Vidrio. Y es que todas sus preocupaciones lejos de contraponerse se funden, se complementan y multiplican sus significados con el paso del tiempo.
 
La provocación comenzó en 1912 con su Desnudo bajando una escalera, rechazada incluso por los Independientes de París, y lo mismo ocurrió en 1917 ante la Society of Independent Artists de Nueva York cuando presentó su Fuente, por no hablar de L.H.O.O.Q o su obra póstuma, Étant Donnés. Duchamp rompió desde el comienzo su vinculación a todo grupo artístico o tendencia, incluso fulminó la idea de obra de arte y del creador sacralizados con sus ready-mades. La vía para una nueva estética y nuevas inquietudes intelectuales había sido abierta a golpe de fuerza subversiva. Pero bajo los gestos escandalosos siempre subyace, además del sentido erótico, un sutil interés por todos aquellos hechos que escapan al sentido común y a la observación científica, lo infraleve.
 
Reproducimos aquí la nota del Transformador: "Utilización de un aparato para coleccionar y para transformar todas las pequeñas manifestaciones externas de energía (en exceso o desperdiciadas) del hombre, como por ejemplo: el exceso de presión sobre un interruptor eléctrico, la exhalación del humo del tabaco, el crecimiento del cabello y de las uñas, la caída de la orina y de la mierda, los movimientos impulsivos del miedo, de asombro, la risa, la caída de las lágrimas, los gestos demostrativos de las manos, las miradas duras, los brazos que cuelgan a lo largo del cuerpo, el estiramiento, la expectoración corriente o de sangre, los vómitos, la eyaculación, el estornudo, el remolino o pelo rebelde, el ruido al sonarse, el ronquido, los tics, los desmayos, ira, silbido, bostezos." (1)
 
Duchamp se interesó por esas "energías perdidas", por todos aquellos elementos que pasan desapercibidos, y sus obras están cargadas de citas a este concepto tan escurridizo y tan cercano a lo humano. Sin ánimo de teorizar ni de abarcar un todo, conjugaba en sus obras perspectivas muy diferentes. Pensemos de nuevo en la Fuente; dejado al margen el hecho de ensalzar la belleza industrial de un urinario y la carga de raíz dadaísta, Duchamp alude con un solo objeto a la posición femenina como receptáculo y al uso del mismo por parte del agente masculino. Pero no nos podemos detener ahí tras haber leído la nota; sin duda tiene la misma valoración la temática sexual que la reflexión sobre el fluir de los líquidos por la tersa superficie de la porcelana y el intercambio de las energías a partir del deseo.
 
Lo infraleve puede estar conectado a lo visual, a lo olfativo o incluso a lo táctil, puede ser un movimiento, una mirada, el paso previo a una acción, un deterioro, o la suma de todos ellos. Observemos ahora la obra Air de Paris. El aire en sí, lo atmosférico habla por sí mismo de lo infraleve, pero esta idea se ve subrayada también por su fragilidad (visual y material) y su transparencia. La transparencia como interpretación visual de lo infrafino está presente de nuevo en La mariée mise à nu par ses celibataires, même. La elección del cristal como soporte se encuentra en relación con sus propiedades ópticas y también con la luz, el color y la materia, en conjunto remite a toda nuestra capacidad sensorial. Asimismo en Rueda de bicicleta sobre un taburete, la obra necesita de la intervención del espectador para que se produzca el movimiento, de manera que los radios conformarán una imagen diferente ante nuestra mirada, de nuevo lo infraleve visible en un artefacto erotizado.

En el ámbito de lo oloroso es evidente su presencia en Air de Paris, pero también otras obras como Belle Haileine, eau de voilette juegan con esta connotación olfativa. La obra donde aparece por primera vez el rostro de su alter ego, Rrose Sélavy, evoca su perfume femenino y con los juegos de palabras implícitos en la etiqueta pone el énfasis en el olor, el tacto y la temperatura femeninos desde un punto de vista sexual.
 
Podemos hablar en otros ready-mades como Why not sneeze Rrose Sélavy? del terreno de lo táctil. Se trata de una jaula que contiene en su interior unos cubos de mármol blanco. Al margen de la burla respecto a la "frialdad" de la comitente de la obra, Dorothea Dreier, es innegable su referencia al tacto y paralelamente al sentido del gusto, puesto que las formas asemejan cubos de azúcar.
 
Así en innumerables casos, podríamos pensar en la luz de gas y el tenue movimiento de la cascada en Étant Donnés, o la energía que se transforma provocando el funcionamiento de todo el mecanismo en El Gran Vidrio, o en la proyección de las sombras de los elementos de ambos paneles.
 
La problemática de las sombras proyectadas muestra como lo infraleve es para Duchamp un modo de pasar de la segunda a la tercera dimensión, puesto que otorgaría a la obra un relieve y por otro lado crea un espacio óptico que contradice las leyes físicas. Ese es al fin y al cabo, uno de los principales intereses de Duchamp, escapar de lo científico. Pese a sus conocimientos en el ámbito de la matemática y la física y sus estudios sobre la cuarta dimensión, su actitud vital siempre fue más fuerte, y cuando utilizó sus premisas fue para relativizarlas aportando su lógica personal, donde las aparentes contradicciones se superponen sin perder su significado. Superó a través de sus complejas instalaciones el ámbito físico, pero también lo artístico desde todas sus convenciones. Además de desarrollar su visión tan personal del amor y el arte creó toda una categoría simultáneamente que arranca de nuestros instintos; lo infraleve conlleva una profunda observación, una poética francamente sugestiva que culmina en cada obra una coherencia semántica común a toda su producción.
 
__________________
 
(1) Ramírez, Juan Antonio. "Duchamp: El Amor y la Muerte, incluso." Ed: Siruela. 1993

cables










 

Cuando explota un caballito en temporada ciclónica o no, la gente mayormente se angustia mucho porque puede que los de la compañía eléctrica tarden demasiado y tengan además, como es usual, que cambiar el poste que de por sí tiene muy poca durabilidad... entonces la gente mayormente se pregunta por qué en vez de gastar tanto y tan seguido en el "mantenimiento" de estos postes de tendido eléctrico el gobierno no decide acabar de soterrar los putos cables para beneplácito y seguridad de ambos. Pero esto es algo que de tan remoto parece un sueño inalcanzable. De hecho es más bien una pesadilla. Y los cables seguirán colgando peligrosamente sobre nuestras cabezas por los siglos de los siglos mientras dure la absurdidad derrochadora que rige nuestra economía. Cambian ahora polímeros de plástico por los antiguos de cerámica, no sé si tendrá alguna relación pero si llueve más de la cuenta el servicio eléctrico enseguida se va del aire... Por mucho que me guste y siempre me haya gustado la fuerza visual de estos cables por toda la ciudad y las carreteras -perdón, olvidé que apenas tenemos una carretera central a cargo del dictador Batista antes del 59-, la certeza de que se me puede ir la luz por cualquier cosa en cualquier circunstancia anula toda mi simpatía estética por ellos. Sin hablar de los árboles que son salvajemente mutilados cada vez en todos los vecindarios, porque eso ya me entristece de más.  

 

Jack Kerouac (versiones de Carlos Velázquez)


 

 

Coro 54*

Una noche en 1941 yo era niño

Y corría de vuelta del colegio

Y tomé un autobús al Sur

Donde los piojos entran en mi cabello

En la Noche de Ondascalurosas

Y todo lo que vi en la larga

Avenida fueron Negroides

Fui a ver una película

A media noche, 1940, Ratones

Y Hombres, se llamaba,

El Rojo Bloque de Furgones

Rodando hacia ( en la Pantalla )

Síseñor

la vida

finalmente

te atrapa

cansado

de

vivir—

En ambas ocasiones yo fui salvaje

Con el rostro mirando las luces

De las calles donde los fantasmas

Se apresuraban a desprenderse de sus signos

En un Memorable Solo de Chelo

* Estos poemas pertenecen a Mexico City Blues, único poemario publicado en vida por el autor. Escrito por las visiones que le inspiraba México, el libro está conformado por 242 coros (chorus), término empleado por los músicos de jazz para indicar determinadas improvisaciones. La poesía de Kerouac se distingue por los juegos de palabras y las combinaciones sonoras que nos remiten al jazz. Es, como dice el propio Kerouac, un largo blues soplado en una jam session una tarde de domingo por un poeta jazzista.

Coro 85

De verdad necesitas

la palabra correcta


 

la necesitas

Por supuesto todo es necio

Formas de necedad

Desde el principio y para siempre

Sr. William Carlos

Williams

Como sea,

Una necia forma

desea que termine

todo en necedad

desde ahora

Esto es un poema

El poema

Terminará en

Necedad

Coro 11

Brown escribió un libro llamado

El Negro y el Blanco

C i u d a d N a r c ó t i c a

Encendida

A n g e r C a e—

(los músicos se detienen,

permanecen como una banda en conjunto)

Coro 138

Es una verdadera Noche Brukliniana

la Noche Azteca

la Noche Mezcla Tolteca

la Noche Zaragoza

la Noche Tarasco

Jaqui Keracky

Cultiva Opio

En el viejo Culiacán


 

(VAGO, el cantante

canta la nada )

Coro 139

Charley Parker luce como Buda

Charley Parker, quien recientemente murió

Sonriente como un prestidigitador en la TV

tras semanas de tensión y enfermedad,

fue llamado el Músico Perfecto.

Y la expresión en su rostro

Era de calma, bella y profunda

Como la imagen de Buda

Representada en el Este, con los párpados caídos

La expresión que dice Todo está bien

—Esto es lo que Charley Parker

Decía cuando tocaba, Todo está bien.

Tú tienes el sentimiento de la madrugada

Como el disfrute de la Ermita, o como

el llanto perfecto

De algunos gángsters salvajes en una jam session

Gemido, Wop— Charley estalló

Sus pulmones para alcanzar la rapidez

Que los velocistas desean

Y lo que ellos consiguieron

Fue su Eterno Despaciolento.

Un gran músico y un gran

creador de formas

Que finalmente encuentra su expresión

En los demás y en lo que tú tienes.

Coro 143

Los Yonquis

Deben ser enfermeros prácticos

Y les deben permitir

Obtener de 3 a 5 gramos al día

Todos los días,

Los adictos mayores necesitan más.

Los adictos a la Droga

Son humanos

Menos peligrosos

Que los alcohólicos


 

Y los alcohólicos no son tan malos

Como los adictos a la velocidad

Como los adictos al sexo

dos de Kafka



 
 

ANTE LA LEY

 

Franz Kafka

 

 

Ante la Ley hay un guardián. Hasta ese guardián llega un campesino y le ruega que le permita entrar a la Ley. Pero el guardián responde que en ese momento no le puede franquear el acceso. El hombre reflexiona y luego pregunta si es que podrá entrar más tarde.

-Es posible -dice el guardián-, pero ahora, no.

Las puertas de la Ley están abiertas, como siempre, y el guardián se ha hecho a un lado, de modo que el hombre se inclina para atisbar el interior. Cuando el guardián lo advierte, ríe y dice:

-Si tanto te atrae, intenta entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda esto: yo soy poderoso. Y yo soy sólo el último de los guardianes. De sala en sala irás encontrando guardianes cada vez más poderosos. Ni siquiera yo puedo soportar la sola vista del tercero.

El campesino no había previsto semejantes dificultades. Después de todo, la Ley debería ser accesible a todos y en todo momento, piensa. Pero cuando mira con más detenimiento al guardián, con su largo abrigo de pieles, su gran nariz puntiaguda, la larga y negra barba de tártaro, se decide a esperar hasta que él le conceda el permiso para entrar. El guardián le da un banquillo y le permite sentarse al lado de la puerta. Allí permanece el hombre días y años. Muchas veces intenta entrar e importuna al guardián con sus ruegos. El guardián le formula, con frecuencia, pequeños interrogatorios. Le pregunta acerca de su terruño y de muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y al final le repite siempre que aún no lo puede dejar entrar. El hombre, que estaba bien provisto para el viaje, invierte todo -hasta lo más valioso- en sobornar al guardián. Este acepta todo, pero siempre repite lo mismo:

-Lo acepto para que no creas que has omitido algún esfuerzo.

Durante todos esos años, el hombre observa ininterrumpidamente al guardián. Olvida a todos los demás guardianes y aquél le parece ser el único obstáculo que se opone a su acceso a la Ley. Durante los primeros años maldice su suerte en voz alta, sin reparar en nada; cuando envejece, ya sólo murmura como para sí. Se vuelve pueril, y como en esos años que ha consagrado al estudio del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de pieles, también suplica a las pulgas que lo ayuden a persuadir al guardián. Finalmente su vista se debilita y ya no sabe si en la realidad está oscureciendo a su alrededor o si lo engañan los ojos. Pero en aquellas penumbras descubre un resplandor inextinguible que emerge de las puertas de la Ley. Ya no le resta mucha vida. Antes de morir resume todas las experiencias de aquellos años en una pregunta, que nunca había formulado al guardián. Le hace una seña para que se aproxime, pues su cuerpo rígido ya no le permite incorporarse.

El guardián se ve obligado a inclinarse mucho, porque las diferencias de estatura se han acentuado señaladamente con el tiempo, en desmedro del campesino.

-¿Qué quieres saber ahora? -pregunta el guardián-. Eres insaciable.

-Todos buscan la Ley -dice el hombre-. ¿Y cómo es que en todos los años que llevo aquí, nadie más que yo ha solicitado permiso para llegar a ella?

El guardián comprende que el hombre está a punto de expirar y le grita, para que sus oídos debilitados perciban las palabras.

-Nadie más podía entrar por aquí, porque esta entrada estaba destinada a ti solamente. Ahora cerraré.

 

SER INFELIZ, Franz Kafka

Cuando ya eso se había vuelto insoportable -una vez al atardecer, en noviembre-, y yo me deslizaba sobre la estrecha alfombra de mi pieza como en una pista, estremecido por el aspecto de la calle iluminada me di vuelta otra vez, y en lo hondo de la pieza, en el fondo del espejo, encontré no obstante un nuevo objetivo, y grité, solamente por oír el grito al que nada responde y al que tampoco nada le sustrae la fuerza de grito, que por lo tanto sube sin contrapeso y no puede cesar aunque enmudezca; entonces desde la pared se abrió la puerta hacia afuera así de rápido porque la prisa era, ciertamente, necesaria, e incluso vi los caballos de los coches abajo, en el pavimento, se levantaron como potros que, habiendo expuesto los cuellos, se hubiesen enfurecido en la batalla.

Cual pequeño fantasma, corrió una niña desde el pasillo completamente oscuro, en el que todavía no alumbraba la lámpara, y se quedó en puntas de pie sobre una tabla del piso, la cual se balanceaba levemente encandilada en seguida por la penumbra de la pieza, quiso ocultar rápidamente la cara entre las manos, pero de repente se calmó al mirar hacia la ventana, ante cuya cruz el vaho de la calle se inmovilizó por fin bajo la oscuridad. Apoyando el codo en la pared de la pieza, se quedó erguida ante la puerta abierta y dejó que la corriente de aire que venía de afuera se moviese a lo largo de las articulaciones de los pies, también del cuello, también de las sienes. Miré un poco en esa dirección, después dije: "buenas tardes", y tomé mi chaqueta de la pantalla de la estufa, porque no quería estarme allí parado, así, a medio vestir. Durante un ratito mantuve la boca abierta para que la excitación me abandonase por la boca. Tenía la saliva pesada; en la cara me temblaban las pestañas. No me faltaba sino justamente esta visita, esperada por cierto. La niña estaba todavía parada contra la pared en el mismo lugar; apretaba la mano derecha contra aquélla, y, con las mejillas encendidas, no le molestaba que la pared pintada de blanco fuese ásperamente granulada y raspase las puntas de sus dedos. Le dije:

-¿Es a mí realmente a quién quiere ver? ¿No es una equivocación? Nada más fácil que equivocarse en esta enorme casa. Yo me llamo así y asá; vivo en el tercer piso. ¿Soy entonces yo a quién usted desea visitar?

-¡Calma, calma! -dijo la niña por sobre el hombro-; ya todo está bien.

-Entonces entre más en la pieza. Yo querría cerrar la puerta.

-Acabo justamente de cerrar la puerta. No se moleste. Por sobre todo, tranquilícese.

-¡Ni hablar de molestias! Pero en este corredor vive un montón de gente. Naturalmente todos son conocidos míos. La mayoría viene ahora de sus ocupaciones. Si oyen hablar en una pieza creen simplemente tener el derecho de abrir y mirar qué pasa. Ya ocurrió una vez. Esta gente ya ha terninado su trabajo diario; ¿a quién soportarían en su provisoria libertad nocturna? Por lo demás, usted también ya lo sabe. Déjeme cerrar la puerta.

-¿Pero qué ocurre? ¿Qué le pasa? Por mí, puede entrar toda la casa. Y le recuerdo; ya he cerrado la puerta; créalo. ¿Solamente usted puede cerrar las puertas?

-Está bien, entonces. Más no quiero. De ninguna manera tendría que haber cerrado con la llave. Y ahora, ya que está aquí, póngase cómoda; usted es mi huésped. Tenga plena confianza en mí. Lo único importante es que no tema ponerse a sus anchas. No la obligaré a quedarse ni a irse. ¿Es que hace falta decírselo? ¿Tan mal me conoce?

-No. En realidad no tendría que haberlo dicho. Más todavía: no debería haberlo dicho. Soy una niña; ¿por qué molestarse tanto por mí?

-¡No es para tanto! Naturalmente, una niña. Pero tampoco es usted tan pequeña. Ya está bien crecidita. Si fuese una chica no habría podido encerrarse, así no más, conmigo en una pieza.

-Por eso no tenemos que preocuparnos. Solamente quería decir: no me sirve de mucho conocerle tan bien; sólo le ahorra a usted el esfuerzo de fingir un poco ante mí. De todos modos, no me venga con cumplidos. Dejemos eso, se lo pido, dejémoslo. Y a esto hay que agregar que no le conozco en cualquier lugar y siempre, y de ninguna manera en esta oscuridad. Sería mucho mejor que encendiese la luz. No. Mejor no. De todos modos, seguiré teniendo en cuenta que ya me ha amenazado.

-¿Cómo? ¿Yo la amenacé? ¡Pero por favor! ¡Estoy tan contento de que por fin esté aquí! Digo "por fin" porque ya es tan tarde. No puedo entender por qué vino tan tarde. Además es posible que por la alegría haya hablado tan incongruentemente, y que usted lo haya interpretado justamente de esa manera. Concedo diez veces que he hablado así. Sí. La amenacé con todo lo que quiera. Una cosa: por el amor de Dios, ¡no discutamos! ¿Pero, cómo pudo creerlo? ¿Cómo pudo ofenderme así? ¿Por qué quiere arruinarme a la fuerza este pequeño momentito de presencia suya aquí? Un extraño sería más complaciente que usted.

-Lo creo. Eso no fue ninguna genialidad. Por naturaleza estoy tan cerca de usted cuanto un extraño pueda complacerle. También usted lo sabe. ¿A qué entonces esa tristeza? Diga mejor que está haciendo teatro y me voy al instante.

-¿Así? ¿También esto se atreve a decirme? Usted es un poco audaz. ¡En definitiva está en mi pieza! Se frota los dedos como loca en mi pared. ¡Mi pieza, mi pared! Además, lo que dice es ridículo, no sólo insolente. Dice que su naturaleza la fuerza a hablarme de esta forma. Su naturaleza es la mía, y si yo por naturaleza me comporto amablemente con usted, tampoco usted tiene derecho a obrar de otra manera.

-¿Es esto amable?

-Hablo de antes.

-¿Sabe usted cómo seré después?

-Nada sé yo.

Y me dirigí a la mesa de luz, en la que encendí una vela. Por aquel entonces no tenía en mi pieza luz eléctrica ni gas. Después me senté un rato a la mesa, hasta que también de eso me cansé. Me puse el sobretodo; tomé el sombrero que estaba en el sofá, y de un soplo apagué la vela. Al salir me tropecé con la pata de un sillón. En la escalera me encontré con un inquilino del mismo piso.

-¿Ya sale usted otra vez, bandido? -preguntó, descansando sobre sus piernas bien abiertas sobre dos escalones.

-¿Qué puedo hacer? -dije-. Acabo de recibir a un fantasma en mi pieza.

-Lo dice con el mismo descontento que si hubiese encontrado un pelo en la sopa.

-Usted bromea. Pero tenga en cuenta que un fantasma es un fantasma.

-Muy cierto: ¿pero cómo, si uno no cree absolutamente en fantasmas?

-¡Ajá! ¿Es que piensa usted que yo creo en fantasmas? ¿Pero de qué me sirve este no creer?

-Muy simple. Lo que debe hacer es no tener más miedo si un fantasma viene realmente a su pieza.

-Sí. Pero es que ése es el miedo secundario. El verdadero miedo es el miedo a la causa de la aparición. Y este miedo permanece, y lo tengo en gran forma dentro de mí.

De pura nerviosidad, empecé a registrar todos mis bolsillos.

-Ya que no tiene miedo de la aparición como tal, habría debido preguntarle tranquilamente por la causa de su venida.

-Evidentemente, usted todavía nunca ha hablado con fantasmas; jamás se puede obtener de ellos una información clara. Eso es un de aquí para allá. Estos fantasmas parecen dudar más que nosotros de su existencia, cosa que por lo demás, dada su fragilidad, no es de extrañar.

-Pero yo he oído decir que se los puede seducir.

-En ese punto está bien informado. Se puede. ¿Pero quién lo va a hacer?

-¿Por qué no? Si es un fantasma femenino, por ejemplo -dijo, y subió otro  escalón.

-¡Ah, sí... ! -dije-, pero aún así no vale la pena. Recapacité.

Mi vecino estaba ya tan alto que para verme tenía que agacharse por debajo de una arcada de la escalera.

-Pero no obstante -grité-, si usted ahí arriba me quita mi fantasma, rompemos relaciones para siempre.

-¡Pero si fue solamente una broma! -dijo, y retiró la cabeza.

-Entonces está bien -dije.

Y ahora si que, a decir verdad, podría haber salido tranquilamente a pasear; pero como me sentí tan desolado preferí subir, y me eché a dormir.

 


 

Varadero para cuban@s




Varadero: hacía como tres años mínimo que no tenía el gusto de pisar su arena fina y sumergirme en su mar de espuma, y achicharrarme con su "sol bueno"... Pasa que no soy Pilar, pero de cuando en vez hay quien se pilariza y me invita...
Entonces la primera fue Su, viaje esporádico en botella de ida y vuelta en taxi, 20 CUC hasta la casa. Su quería irse de Cuba bien "prieta" y creo que al final fue un objetivo ampliamente cumplido, además de la extrema delgadez con que nos abandonó: llegó vegetariana y se fue con un hambre voraz y canina, ¿quién dice que un argentino puede ser un vegetariano auténtico y empedernido? Con Su le eché un pestañazo a la añorada playa apenas visitada hasta que apareció Sandrita en resaca post-Ike sin luz ni agua en su edificio, queriéndose ir a bañar justo a un hotel en Varadero, y por supuesto que me animé a hacerle compañía.
Bueno, era sabido que para acceder a un hotel hace unos meses se necesitaba primero que todo pasaporte y después mucho dinero, ahora sólo se precisa mucho dinero y paciencia y tolerancia si se es "nacional" como una lata de refresco.
Gracias a la recién estrenada ley - estrenada en carne propia- puedo notificar la agradable sensación que produce el hecho de que ser cubana ya no sea ninguna desventaja para  poder quedarte en la habitación del hotelucho más barato. Éstos los precios: un cuarto doble: entre 48 y 54 CUC dependiendo del sitio, tres estrellas máximo.
He aquí que el sueño de Sandrita se realizara aunque la atención de los empleados, acostumbrados a lidiar con extranjeros y propinas, dejara bastante que desear. Acá siempre hemos padecido la "superioridad" económica del extranjero sobre los "cubanichi", clase hiperbaja, xenofobia aparte, más bien sufrida de manera insensata y absurda en nuestro propio país. 
Cuando vimos las condiciones del primer hotel, imposible recordar el nombre estúpido turístico que tenía, lo que hicimos fue salir con un empleado a buscar una casa de alquiler, lo que acostumbran hacer todos los cubanos, a la mitad del precio del hotel, lo que el tipo nos hizo caminar siete cuadras y dobló en tres esquinas y llegamos a una casa de miedo con una negrona de miedo semidesnuda durmiendo en la sala en una cama frente al televisor, los tres minutos que tomaron ver el cuarto que rentaba y las explicaciones que daba aquella mujer imponente con su vozarrona fueron suficientes para dispararnos espantadas en busca del hotelucho más cercano, y esta vez las condiciones nos parecieron de primera, todo perfecto: por lo menos no había "recreación" en la piscina con reggaetón y animadores amplificados. Lo otro que sentí fue no reclamar pilas para el remoto de la TV.  
La manilla amarilla quería decir que sólo optábamos por desayuno bufet sin comidas ni bebidas incluidas. Incursionando luego en los hoteles inaccesibles (5 estrellas) veíamos múltiples colores en las muñecas de los turistas. Lo más que hicimos fue estafar cuatro vasos de cerveza en la cafetería de uno más o menos y luego pagar diez CUC por el servicio secreto -a riesgo de perder la pincha- de un tipo solidario que nos trajo un pomo de agua con cerveza clara muy clara y dos copas a las tumbonas, 2 CUC la hora, o la media no recuerdo en un hotel muy grande bastante alejado del nuestro.
A consumir en la piscina del hotelito nuestro hospedaje no alcanzaba pero por suerte una tienda estratégica a un costado de la misma piscina nos daba el salve y la bucanero era más barata incluso que en La Habana, y como los empleados nos se atrevían a poner en riesgo sus empleos y ofrecernos en venta lo que debía ser gratis por el todo incluido y se hacían los insobornables con nosotras, nada que hacerle.
El sueño varaderístico duró dos días porque nos aburrieron los canales de la televisión con los destrozos de Ike por Texas, y porque los estragos en nuestra ciudad ya habían dejado paso al restablecimento no tan inmediato del agua y la luz en el edificio de Sandrita, afortunadamente.
Entonces nos regresamos satisfechas en una Yutong pequeña a 30 pesos Moneda Nacional, que Sandra por poco paga a precio de turista.
Aunque después de todo nunca pude dejar de sentirme igual que siempre: inferior a un turista "real" y discriminada por cubana, aunque algo más moderadamente, por los propios cubanos en gala de su pequeño poder. Ojalá los cambios también y además influyeran e incluyeran sus conciencias, y hasta que esto no pase no me podré sentir a gusto en ningún lugar paradisíaco o no la isla fatal. El autoproclamado "mejoramiento humano" guevarístico es algo de lo que empezamos no a aspirar sino más bien a carecer desde el mismo principio.
¿Perdura lo que un pueblo quiere, al decir martiano? Mucha gente opina que el pueblo es el principal merecedor de su miseria. Yo sólo puedo decir que me sentiría más feliz de haber nacido en cualquier otra parte.
  
 

CubaRaw

Luis Trápaga

El artista tiene en venta algunas de sus piezas. Para contactar directamente con él desde La Habana: telf. fijo: (053-7)833 6983
cell: +53 53600770 email: luistrapaga@gmail.com
para ver más de su obra visita su web

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"De soledad humana"

Los objetos de la vida cotidiana están relacionados con todos los hábitos y las necesidades humanas que definen el comportamiento de la especia.Nosotros dejamos en lo que nos rodea recuerdos, sensaciones o nostalgias, y a nuestra clase le resulta indispensable otorgarles vida, sentido y unidad (más allá de la que ya tienen) precisamente por el grado de identificación personal que logramos con ellos; un mecanismo contra el olvido y en pos de la necesidad de dejar marca en nuestro paso por la vida.La cuestión central es, ¿Cuánto de ellos queda en nosotros? ¿Cuánto de nosotros se va con ellos? (fragmentos de la tesis de grado de Rafael Villares, San Alejandro, enero 19, 2009)

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